Entre reacomodos electorales en el continente y disputas de poder internacional, la pugna entre modelos progresistas y conservadores entra en una etapa decisiva

- Con la victoria de Lula, el progresismo se tomó un respiro ante todo el terreno que perdió en Latinoamérica
Texto escrito por: Leandro Felipe Solarte Nates
Es es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas

Cuando la ola de la ultraderecha parecía arrasadora, después de haber ganado las elecciones en Bolivia, Chile, Perú y Colombia, gracias a dudosas manipulaciones de las redes sociales y algoritmos por parte de cuestionados asesores como el argentino Fernando Cerimedo; la remontada en la segunda vuelta de Lula en Brasil, con más de 10 millones de votos de ventaja sobre el sucesor de la dinastía Bolsonaro, significó un alivio para los sectores progresistas del continente.

Mientras tanto en Israel, con un gran avance del partido del general Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del ejército, con un hijo y un sobrino muertos en combates en Gaza —mientras el hijo de Netanyahu vive en Miami dedicado a jugosos negocios—; más el sorprendente avance de los partidos árabes que alcanzaron más de 12 diputados; el judicializado por corrupción Benjamín Netanyahu —también responsable de no haber prevenido la masacre del 7 de octubre de 2023 cometida por miembros de Hamás, a pesar de que espías árabes le habían advertido del atentado—, logró un triunfo precario que con la mayoría de apenas dos diputados no le garantiza conformar coalición para un nuevo gobierno.

Brasil, la décima economía mundial y el mayor país en extensión de Suramérica, con México aglutinan casi el 50 % de la economía y de la población latinoamericana y junto a las pequeñas Uruguay y Guatemala permanecen como puntales del progresismo, y Cuba y Nicaragua como sobrevivientes del viejo socialismo.

Así como Trump aglutinó a los ultras del judaísmo, iglesias cristianas evangélicas y el catolicismo (Vance), Bolsonaro en Brasil había reunido una fuerza similar, también parecida a la recogida en Colombia por el neoconverso Abelardo y el núcleo de asesores encabezados por Suárez, quienes canalizando los errores cometidos durante el gobierno de Petro y la campaña de Iván Cepeda, llegaron a la presidencia, desde donde, con nombramientos como el de Alejandro Ordóñez en el Ministerio del Interior, Paola Holguín en el de Cultura e Ilva Myriam Hoyos en el Ministerio de Educación, quieren devolvernos a la esencia del Estado clerical, que el papa Pío IX le impuso a Rafael Núñez con la Constitución de 1886, firmada a cambio de que le aceptaran el divorcio.

Tendrán casi 4 años para intentarlo, pero no les será fácil.

Más cuando el poder de sus patrones del norte empieza a debilitarse con el triunfo de Lula en Brasil y el posible de los demócratas que al arrebatarle a Trump el manejo del Senado y la Cámara tendrán mayor control sobre sus políticas y los virreyes de los países cobijados bajo el Escudo de las Américas, enfrascados en la “lucha contra el terrorismo”, designando con este término a sus opositores políticos, periodistas y líderes comunitarios a los que podrán detener y anular financieramente, como hace el gobierno de los Estados Unidos con los incluidos en la llamada “lista Clinton”; sumada a la “guerra cultural” con acciones inquisidoras similares a la barrida de libros prohibidos en las bibliotecas y objetos históricos y artísticos que estuvieron expuestos en museos como el Nacional de Colombia, asociándolas a la “cultura woke y el comunismo” e intentando anular el estudio de lenguas indígenas como lo hace el nuevo director del Instituto Caro y Cuervo.

Sin embargo, al igual que ha sucedido en otros países, a esta tendencia retardataria ha surgido una fuerte respuesta progresista en defensa de sus ideas, propuestas de gobierno y manifestaciones culturales y artísticas, desligadas de la “cultura oficial”, que manipulando los relatos históricos y exposiciones en los museos quieren imponer desde los gobiernos derechistas.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

El 3 de noviembre, con las elecciones de medio término en Estados Unidos y la elección de la nueva Cámara de Representantes, un tercio del Senado y de un número importante de gobernadores, se decidirá la suerte no solo de la mayor potencia mundial.

También del “patio trasero”, del que se escapó Brasil, de las guerras de Irán y Ucrania, de la Franja de Gaza y apoyo al Israel expansionista, de las deterioradas relaciones con China, la Unión Europea, la suerte de la OTAN, de la ONU, de los organismos multilaterales, tratados internacionales y de libre comercio y demás instituciones y acciones acordadas entre las potencias al término de la Segunda Guerra Mundial, debilitadas por la política nacionalista de Trump, de “Hacer grande a América de nuevo”.

También le puede interesar:

Anuncios.

Por Nota Ciudadana

sección de periodismo ciudadano y colaborativo donde cualquier persona puede publicar sus propias historias, denuncias, noticias o relatos de primera mano. Es un espacio abierto para dar voz a miradas regionales y alternativas a los medios tradicionales en este portal independiente colombiano.