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Las cuatro mujeres de Alejandro Ordóñez

Una esposa por la que dejó de ser cura, una hija que le dio su primer nieto, la que se casó con todas las de la ley y la rebelde que se fue a vivir con su novio, son su debilidad

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Abril 14, 2016
Las cuatro mujeres de Alejandro Ordóñez

La hija consentida

Ángela María, la hija consentida del Procurador Alejandro Ordóñez, cuando tenía apenas 16 años, cogió sus maletas y se fue de la casa con un hombre mucho mayor que ella. Prácticamente le desbarató el corazón a tal vez el hombre más radical de Colombia, su papá, para quien es la luz de sus ojos. La hija se le rebeló y por encima de su autoridad se fue a vivir con su novio. A los 18 años la casaron pero hoy este matrimonio ya fue anulado. Ordóñez mantuvo su tragedia familiar en secreto durante más de dos años, pero su hija desafiante, decidió volver pública su relación en Facebook.

Durante los tortuoso años, Ordóñez no volvió a cruzar palabra con su hija. Tiempo después Angela María regresó extrañando su hogar. Ordóñez sin resentimientos no solo la perdonó sino que volvió a ser su ‘Beba’ de la casa. Hoy Alejandro y Ángela María mantienen una relación mucho más cercana. A pesar de que viven juntos: se llaman con frecuencia, chatean y comparten los fines de semana.  Sin embargo, Ángela María se destaca por seguir siendo una joven caprichosa: su pasión por la cocina la llevó a estudiar gastronomía y realizó su práctica en el restaurante Harry Sasson, del que salió en conflicto con el equipo de trabajo.

El dulce tormento

Pero no solo Ángela María es su debilidad. El corazón de este hombre considerado jurídicamente radical y con una gran decisión; sabe ceder y como ha reconocido en distintas ocasiones, quien maneja muchos de los hilos de su vida es su esposa Beatriz Hernández.  Muchas de sus decisiones disciplinarias comprometedoras las consulta con ella, quien hace presencia en audiencias complicadas. Ella sabe medir el momento oportuno para hacer públicas las decisiones y es quien maneja la agenda social de la pareja, de hecho en Beatriz encontró todo el apoyo para trasladarse a Bogotá a asumir cada vez desafíos más altos.

Fue un matrimonio más que luchado porque Alejandro Ordóñez tuvo desde siempre sus convicciones religiosas. En pleno noviazgo decidió viajar a Europa y matricularse en el Seminario Mayor de Suiza con la intención de ordenarse sacerdote. Sin embargo  el amor terrenal pesó más y lo trajo rápidamente de regreso a Bucaramanga. Llevan 30 años casados en los que ella ha sido un bastión de fortaleza al lado de su carrera profesional pero también el eje de sus relaciones sociales, cada vez más influyentes como se vio en el ostentoso matrimonio de los 700 invitados que le celebró a su hija Natalia en el Country Club de Bogotá.

La creativa

Natalia es la segunda hija de Alejandro Ordóñez. Para algunos es la lanzada de la casa, pues con su estilo de vida ha demostrado que su padre es rígido en la calle pero poco retrógrado en la casa. Estudió diseño de modas en Milán donde vivió sola pero con el apoyo económico de sus padres. De regreso de Europa se casó con Daniel Palis y fue esta la ocasión para que el Procurador y su esposa confirmaran la influencia y aceptación lograda en los círculos de poder bogotano con la gran fiesta después de la ceremonia, con todas las de la ley, en la Catedral San Agustín de Bogotá. Sin sonrojarse Natalia le ha contado a sus amigos que a su papá no le gusta que ella salga con minifaldas ni escotes, pero que nunca se lo ha prohibido.  En las revistas y medios de comunicación es quien más visibilidad tiene con una imagen que confirma la tolerancia del Procurador Ordóñez cuando se trata de los deseos de sus amores.

La madre de su primera nieta

Menos escandaloso sería el matrimonio de su hija mayor, María Alejandra, quien se casó luciendo una preciada reliquia familiar con más de 190 años de historia. Se trata de una tiara de plata que ha pasado de generación en generación  y que su madre Beatriz utilizó también cuando se casó con Alejandro. La primogénita les dio ya el primer nieto.

Duro en la calle pero blando y humano en su casa en una cotidianidad que comparte con estas cuatro mujeres. Su casa es su santuario, un lugar al que no entra su séquito de escoltas, pero que lo rodean una decena de figuras religiosas, que según el mismo dice: lo protegen de sus enemigos. Ordóñez en la intimidad es otro, ajeno a las presiones, dispuesto a dejarse consentir y a no escatimarle cariño a su perrita Martina.

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Publicada originalmente el: enero 19, 2014

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