¿Colombia escogió presidente y vicepresidenta o un par de magos?

El 19 de junio los electores escogieron una propuesta de país distante de figuras caudillistas con una propuesta de gobierno sobre el cambio de estructuras

Por: Fernando De Jesus Franco Cuartas
julio 18, 2022
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¿Colombia escogió presidente y vicepresidenta o un par de magos?
Fotos: Archivo Las2Orillas/Canva

Colombia entró en la era de la disrupción al elegir un presidente con apellido por fuera del círculo de la “Cabrera” parafraseando la obra los “Elegidos” del expresidente Alfonso López Michelsen. Gustavo Petro como presidente va a presidir la transformación del contrato social que rige a los colombianos desde hace 212 años.

Cuando se habla de presidir significa, etimológicamente, que su rol es estar al frente de todas las propuestas que emanen desde los territorios, para que, bajo el liderazgo de su equipo ministerial y legislativo, se vuelvan realidad a nivel de un Estado Social de Derecho. 

El 19 de junio la voluntad expresada en las urnas eligió la esperanza de un cambio personificada en el presidente y la vicepresidenta, más no ningún tipo de caudillos, lo anterior significa que los electores escogieron una propuesta de país, que, por primera vez en la historia republicana de la tierra de Macondo, se atrevió a plasmar en una propuesta de gobierno el cambio de estructuras, en el marco de la legalidad, del sistema económico, social, político, étnico y cultural.

La propuesta de construcción del nuevo país implica el concurso de todos los colombianos para sacar adelante las reformas planteadas por el señor presidente Petro con el compromiso de cada ciudadano para aportar, desde la pedagogía en el día a día con el otro, más allá de los poderes constitucionales que configuran el Estado colombiano. 

Uno de los pilares para la transformación del país es la educación; ¿categoría ésta que implica su resignificación para entender qué es una política pública educativa? ¿Cuál es la relación entre política e ideología de Estado?

La pedagogía por la pregunta sobre la categoría “educación” abre otros umbrales tales como ¿cuál? debe ser el contenido curricular en un país delimitado por lo rural que contextualiza el horizonte tanto del sujeto cognoscente, sin restringir el objeto cognoscible, en un mundo permeado por las tecnologías de la información y la comunicación. 

La participación activa de la comunidad educativa nacional debe ser el resultado de comités comunales integrados por estudiantes, profesores, padres de familia, representantes de los gobiernos y gremios empresariales locales donde se discutan las necesidades cognitivas de cada territorio y su articulación a la geografía nacional tanto continental, marítima y del espectro electromagnético.

En los comités comunales gravitarán las preguntas sobre las estrategias, las didácticas, las técnicas, los instrumentos, tipos de evaluación y construcción colectiva de nuevos saberes que den respuesta al anhelado nuevo país donde la meritocracia deje de ser un privilegio de unos cuantos y no el cumplimiento constitucional de garantizar los derechos fundamentales, entre ellos el derecho a la educación gratuita y de calidad articulo 67 constitución política del noventa y uno del siglo XX. 

La gran revolución a la cual se enfrenta el país convoca a todas las personas sin exclusión por su condición social, económica, étnica, raza, género, condición sexual, religiosa o de procedencia territorial para rodear al alto Poder Ejecutivo y aportar en la solución de las desigualdades históricas desde el empoderamiento que brinda la educación popular como respuesta a las capacidades neuronales, emocionales, nutricionales y de interacción con los diferentes actores del ecosistema educativo como epicentro de las grandes transformaciones  que reclama el noventa y nueve por ciento de los colombianos. 

El sistema educativo como categoría es vital y, ha sido un error histórico dejar en menos del uno por ciento de la población, el diseño, construcción y control de las políticas públicas educativas desde la comodidad de finos robles en la capilla Sixtina de la burocracia ministerial.

De ahí que el modelo educativo imperante, soportado en la pedagogía conductista en Colombia no ha hecho sino reproducir el statu quo de las desigualdades desde la colonia sesgando, cercenando y castrando el conocimiento ancestral de las diferentes comunidades existentes antes del genocidio de lesa humanidad cometido por los españoles en nombre de la religión católica hasta muy entrado el siglo XX y, que, por iniciativa de luchadores sociales y pedagogos constructivistas, se empieza a ver resultados en función de generar espacios de expresión cognitiva diferente al imperativo pedagógico de una economía de mercado generatriz de plusvalía que se acumula en el uno por ciento de los dueños del capital, tras la explotación del noventa y nueve por ciento de la clase trabajadora, no solo manufacturera sino cognitiva o específicamente profesoral. 

Las diferentes propuestas del constructivismo que se vienen adelantando a lo largo y ancho del territorio colombiano, por iniciativa de colectivos de hombres inmersos en la naciente republica de las letras, demandan de resignificar las categorías sobre el aula, clase, la relación profesor - estudiante, la relación con las unidades productivas, la relación de los administradores educativos, la relación con la comunidad adyacente a los centros de producción y no reproducción de conocimientos, la relación con los progenitores de los discentes en función de la diversidad de procedencias.

Además, que se respete los saberes propios de cada territorio en manos de los sujetos que aprenden, para que de esta manera y en función de la investigación acción se formulen, implementen y se desarrollen proyectos que den respuesta a la marginalidad sempiterna a la cual han sido expuestas las comunidades con menos recursos para acceder a la igualdad de oportunidades consagradas en la constitución progresista del año noventa y uno que dio al traste con la constitución burguesa del siglo XIX. 

El nuevo significado para el aula debe consultar el dominio y rango para la comprensión del entorno acorde al atraso histórico de la población colombiana y que de acuerdo a las dinámicas de un mundo global exigen espacios para apropiar estrategias de aprendizaje cognitivo, motivacional, metacognitivo, gestión de recursos y estrategias de gestión. La concepción de aula hoy siglo XXI, tiene que dejar de lado la concepción intramural de “aula tipo fábrica” desde tiempos de la paidea romana donde la homogenización de saberes era la constante...! ¡No!

Hoy los actores medulares del proceso cognitivo exigen espacios que permitan los métodos experimentales, fenomenológicos, etnográficos, etnometodológicos, teorías fundamentadas, investigación acción y bibliográfico; dotadas con sus respectivas técnicas e instrumentos. 

La transformación de los espacios físicos del aula tradicional debe girar alrededor del aprendizaje en grupo con aulas para el trabajo grupal, para seminarios, para laboratorios y el aprendizaje sincrónico a distancia.

El aprendizaje individual exige aulas con equipos de cómputo para realizar prácticas, espacios de lectura con textos en el umbral del conocimiento. Para la creación interactiva de conocimiento se requieren espacios de colaboración, consulta y entornos virtuales con conexión de última generación.

Por último, el rediseño y resignificación de la categoría aula hacia el aprendizaje independiente demanda áreas de estudio con fuentes de información primaria e inserción a las diferentes comunidades de aprendizaje y centros de pensamientos tipo semilleros y grupos de investigación. 

Al tiempo de la resignificación del aula, la categoría clase tiene que migrar de un conjunto de individuos estandarizados, pasivos y receptores de la educación bancaria a un equipo de trabajo dinámico, deliberante, cuestionador y proactivo desde la diversidad en el sentido literal del vocablo.

Lo anterior reta al grueso de profesionales comprometidos con la transformación social a potencializar las habilidades lecto escritoras hacia la comprensión de lo literal, inferencial y critico valorativo para que la comunidad educativa inicie el tránsito del aprendizaje soportado en las operaciones mentales de orden inferior a las operaciones mentales de orden superior y el devenir de la producción cognitiva para dejar de ser esclavos del consumo de conocimientos importados del imperio del norte. 

La resignificación por el lado de las relaciones entre actores significativos plantea que profesores y estudiantes al igual que el resto de involucrados desarrollen la pedagogía holística que comprenda la autonomía, la esperanza, la indignación de los oprimidos, la tolerancia hasta la pedagogía erótica donde reine Eros sobre Tánatos; donde nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan entre sí mediatizados por el mundo (Freire).

Un mundo cada vez cercado por el desmonte de los rituales y, la presencia del otro, que humanizan al individuo a través del contacto con los objetos, las cosas y el uso del lenguaje. Por eso, el profesor del siglo XXI debe ser generoso en cuanto al consumo de su economía mental e ir siempre a las causas, aún de las preguntas que no comprende, en tanto, como decía Nietzsche, no se conozcan sus respuestas. 

A parte de las resignificaciones planteadas, el cambio de mentalidad de los colombianos se sale del sombrero mágico del presidente de turno y, en esa dirección, la comunidad educativa debe incorporarse a los debates contemporáneos sobre los problemas y retos educativos desde las principales tendencias sobre el uso y apropiación de la tecnología educativa como medios y no fines de la pedagogía humanizante en el alba del siglo XXI, entre ellas el debate sobre el aula invertida, la web en tiempo real, computación en la nube, realidad virtual, realidad aumentada, internet de las cosas, Big Data y los procesos de Gamificación que tanto atrapan a las denominadas tribus digitales, que para algunas corrientes pedagógicas, se estaría cometiendo un crimen contra el espíritu libre al obligarlos a asistir a formación y capacitación en las aulas intramurales de los siglos anteriores. 

El sector educativo y su zona de impacto no pude ser inferior al momento histórico de la época de cambios estructurales que soplan en Colombia a partir del 19 de junio del año en curso cuando el pueblo, de manera secular veía agotada sus utopías, pero, en palabras de Enzo Traverso, el eclipse de las utopías será solo pasajero.

Una nueva utopía surgirá desde lo profundo de la sociedad, aunque no sepamos cuándo ni dónde ocurrirá; que, para el caso colombiano, la constituyente del año noventa y uno y el reciente estallido social del año dos mil veintiuno en todo el territorio nacional con repercusión internacional contextualizan el cuándo y el dónde del resurgir de la utopía del cambio de estructuras en Colombia hacia la inclusión social y el desmonte de todo tipo de desigualdades. 

Colombianos, llegó la hora de desmitificar la alta dignidad del presidente, que por arte de magia o mejor a punta de decretos, leyes, resoluciones transforme de la noche a la mañana a la sociedad, pues no..., se requiere el concurso activo de todos los ciudadanos para hacer que Colombia coloque la primera piedra hacia la verdadera economía y sociedad del conocimiento que comprenda el conocimiento espiritual, social, intelectual y científico acumulado por la nación colombiana, con la existencia de industrias que invierten recursos en la producción, el uso y la adaptación de nuevos conocimientos e investigaciones al tiempo que desarrollen infraestructura y herramientas para distribuir información y conocimientos que sean utilizados y aprovechados por la sociedad en su conjunto en beneficios de las personas y la comunidad, afirma la fundación para la libertad Friedrich Nauman Stifftund.

En esa dirección el papel del Estado bajo el liderazgo del pacto histórico, en palabras de la economista Mariana Mazzucato debe ser el mayor emprendedor y un poderoso creador de nuevos mercados más allá del papel como un simple corrector de fallas de mercado. 

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