Brexit: autoexcluirse para sentirse exclusivo

Comienza un proceso de negociación entre los países de la UE y el Reino Unido, en el que más que acuerdos, se vislumbra un panorama de incertidumbre y crisis política

Por: JUAN PEREZ TRUJILLO
febrero 10, 2020
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Brexit: autoexcluirse para sentirse exclusivo

“Yo creo que ni el uno por ciento de la población entiende lo que está en juego aquí ¡Ni el 0,000001 por ciento tiene la más remota idea de lo que significaría el Brexit para nuestro país" Afirmaba en su reciente columna titulada Buenas Noches y Buena Suerte el periodista británico John Carling.

Más allá de lo que pueda suponer el Brexit (Britain: Gran Bretaña-Exit: Salida) y sus propias consecuencias en el Reino Unido, cómo también en la Unión Europea es preciso reflexionar sobre los factores que han sido determinantes en una decisión que pese al inminente riesgo político y económico que pueda generar, ha tenido todo los causes democráticos para ser legitimada.

Para empezar deberíamos situar a los británicos en un contexto de poder. Nadie desconoce su influencia en muchos aspectos relevantes de la historia en las que cómo reino determinaron hasta hoy el presente y futuro de muchas naciones. En este apartado es preciso acotar su papel atroz que tuvieron como imperio en la que durante siglos promovieron la esclavitud. Se cree que fueron cerca de un millón de personas procedentes de África las que fueron torturadas y privadas de libertad, en lo que se conocía como la Ruta Atlántica.

Por otra parte, su papel en la geopolítica global les convierte en una de las principales economías y potencias militares del mundo con una influencia importante en el manejo de trascendentales decisiones las cuales determinan el porvenir de muchos de nuestros territorios. Pero, más allá de dichas características estamos ante una de las sociedades con una de las construcciones identitarias más complejas y estancas de las que conocemos. Esto último habla de su identidad cultural, uno de los principales determinantes que incidieron en decidir impulsar y votar por la salida del territorio europeo.

Lo que da de sí una sociedad moderna, aparentemente libre y democrática, deja entrever los resquicios de una visión muy conservadora sobre cómo los británicos comprenden el mundo. Un mundo que para ellos gira en torno a lo que ha pasado, pasa y pasará en el Reino Unido. Lo demás, lo que pasa en el mundo real son circunstancias lejanas, no propias y muy susceptibles de ser ignoradas.

Desde su mirada pueden cuestionar la forma de vida de los países mediterráneos acusándolos a estos de vivir en un atraso social, pero son la sociedad más tolerante con una institución como la monarquía, la cual lejos de ser un ente democrático, nos muestra las contradicciones que tiene una sociedad que ante la duda, siempre termina girando a su lado más conservador.

Estas incoherencias permanentes se asumen en la reiteración de una construcción identitaria en donde la sociedad britanica reitera firmemente la convicción que son ellos los diferentes a todo y a todos. Cualquier cosa podría cuestionarse, incluso aquella relación de más de cuarenta años de convivencia y cooperación con Europa, pero nunca aquello que el Reino Unido debe permanecer en un estatus exclusivo, algo que argumenta su decisión de autoexcluirse.

Sí a todo esto lo mezclamos con una campaña estratégica de marketing electoral afianzada en lo negativo de permanecer en Europa y orquestadas con Fake News dirigidas a la proliferación de rumores en torno a una posible “amenaza migratoria” tal como lo ha reiterado Christopher Wylie ex director de la firma Cambridge Analytica, condenada por el uso ilegal de datos en Facebook. El resultado es el rechazo a un proyecto común, el triunfo del populismo, el rechazo a la diferencia, y la reiteración de cómo cuando existe poder y libertad de elegir, lo excluyente, se transforma en exclusivo.

A partir de ahora entrará un proceso de negociación entre los países miembros de la Unión Europea y el Reino Unido, en el que más que acuerdos, se vislumbra un panorama de incertidumbre y crisis política.

Por último, es preciso reflexionar sobre las circunstancias políticas actuales. Nuestro presente el cual es precedido por un siglo en donde se pudo superar dos guerras mundiales y la multiplicidad de conflictos mediados, no puede abandonar la vía del diálogo para tener como excusa la complejidad de las relaciones entre diferentes. En todo caso, esto mismo es una oportunidad para acercarnos, y con ello construir sociedades justas con perspectivas más solidas, amplias.

El valor democrático reside en transformar las distancias que genera la complejidad, en una vía deliberativa de proximidad hacia el Bien Común.

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