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A pesar de que el gobierno de Gustavo Petro fue uno de los peores que ha padecido nuestro país en su historia, a algunos compatriotas les fue muy bien durante esos cuatro años.
Las más beneficiadas fueron las “mariposas amarillas” contratadas para complacer en el tálamo al “último Aureliano”. A Verónica Alcócer también le fue de perlas: viajó por medio mundo por cuenta de las finanzas públicas; Laura Sarabia fue la mandamás de Palacio y luego la “castigaron” nombrándola embajadora en Gran Bretaña, etc.
Pero no solo les fue bien en ese gobierno a los integrantes de la rosca petrista. Los otros que hicieron su agosto en ese cuatrienio fueron los humoristas y los imitadores que le sacaron partido a todas las estupidecesssss que decía un día sí y otro también el entonces gobernante.
Varios humoristas se hicieron famosos imitando a Petro. Uno de ellos fue Jhovanoty, quizá el que mejor lo arremedaba, que no tuvo inconvenientes en reconocer que “en lo personal no me puedo quejar de Petro porque me ayudó a tener más reconocimiento y más exposición”.
Debían estar muy tristes los imitadores de Petro con el fin de su gobierno. De seguro pensaban que se les había acabado la buena racha. Pero se equivocaron. Llegó Abelardo de La Espriella que se ha convertido en una mina para quienes viven de burlarse de los demás.
Colombia parece condenada a no tener un presidente normal. Pasamos de la propuesta de Petro de “esparcir por la galaxia el virus de la vida” a los shows mediáticos del actual mandatario.
El más taquillero de los espectáculos a los que nos está habituando Abelardo ocurrió el pasado miércoles, durante un operativo de seguridad que se desarrolló en Bogotá y que el propio presidente comandó.
Al final del mismo, De La Espriella se dirigió a donde tenían detenido a alias Mailo, un peligroso delincuente con un extenso prontuario y cuya última “hazaña” fue haber arrojado una granada que mató a un vendedor ambulante, en el tenebroso barrio Santa Fe de la capital.
Abelardo fue a darle su conocida “bienvenida a la patria milagro” y parece que el bandido se río. Y quien dijo miedo. El Presidente se fue con toda en contra de Mailo: “Qué, ¿vas a venir a tirar línea?, que en lenguaje caribeño significa “¿me vas a dictar lo que tengo que decir?”.
Y después le dijo: “tú lo que eres es un bandido, un asesino miserable y vas a pagar cuarenta años de cárcel. Vamos a ver si cuando estés preso te vas a reír igual”.
Los colombianos nos enteramos de este espectáculo por un video que distribuyó la oficina de prensa de la Presidencia. No fue una filtración de un periodista o de alguien que estaba presente. Lo que significa que en la Presidencia querían que esto se conociera.
Supongo que la intención al divulgar ese video es mostrar que Abelardo es implacable con los bandidos. Pero me parece que ese tipo de shows son innecesarios. No hay necesidad de ellos para que tengamos claro que el presidente está persiguiendo con todo su empeño a los criminales.
Para ello es muy bueno que el propio mandatario lidere los operativos contra la delincuencia urbana que se desarrollan a altas horas de la madrugada. Pero la vaciada a los bandidos sobra.
En lo personal no me gusta que la cabeza del Estado se rebaje a alegar con un bandido. Eso le hace un enorme daño a la dignidad presidencial con la que Gustavo Petro trapeó durante sus cuatro años de mandato.
Y con la cual sigue trapeando ahora como expresidente, cuando nos vemos venido a enterar que convirtió en poco menos que un prostíbulo el Palacio de Nariño.
Como dije en columna anterior, una de las misiones de Abelardo es devolverle la dignidad a la institución presidencial, quizás la más importante de nuestra democracia. Y poniéndose a carearse con los bandidos no contribuye para nada con ese propósito.
Supongo que esos shows son estimulados por Carlos Suarez, el “genio” que asesora a Abelardo. Que debe estar convencido que ellos favorecen la imagen de hombre duro que quiere posesionar el Mandatario.
De seguro los abelardistas pura sangre, a los que les parece que todo lo que hace el gobernante es maravilloso, están felices con esos espectáculos. Pero dudo mucho que al resto del país le gusten.
A mí, que voté por el actual presidente y respaldo la mayoría de las medidas que ha tomado desde que se posesionó, no me gustan ni poquito esos shows. Estoy convencido de que le hacen daño a su imagen y, lo que es peor aún, a la dignidad presidencial.
Abelardo no puede terminar convirtiéndose en una caricatura de sí mismo, como hizo su antecesor en la Presidencia.
De seguro mis amigos abelardistas me van a “tirar línea” por cuestionar esos espectáculos. Pero yo sigo “firme” con la libertad de expresión.
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