¡Adiós adiós a la hegemonía mediática!

Fines políticos que persiguen los medios de comunicación dominantes dan cuenta de la degradación a la que llegaron, marcando su crisis, y con ello, su fin

Por: Dicter Zúñiga Pardo
abril 19, 2022
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¡Adiós adiós a la hegemonía mediática!
Foto: Pixabay

No hay peor ciego que el que no quiere ver,
Ni sordo que el que no quiere oír,
Ni desentendido que el que no quiere entender

Cada cuatro años entramos en la misma dinámica con miras a las elecciones de congresistas y Presidente(a) de la República: De un lado, individuos, grupos de personas o grandes medios de comunicación que realizan ingentes esfuerzos (unos más que otros, según su capacidad económica) para, por un lado, intentar convencer al electorado de las bondades de ciertos candidatos, pero, de manera bien particular hoy en día, y con clara tendencia por parte del establecimiento, para desacreditar al adversario (Gustavo Petro), usando para ello información tergiversada, manipulada, falsa, incierta y ofensiva, sin ningún rigor investigativo, mediada en no pocas ocasiones por personas inescrupulosas, con una moral cuestionable, algunas dedicadas a la farándula e inclusive, por personas investigadas o condenadas penalmente por conductas de gran impacto social; es decir, se echa mano de todos los recursos que se tengan a disposición, sin importar cualquier ética o principio que oriente la actividad periodística, afectando, retorciendo y/u ocultando la verdad.

Vemos entonces como en medios como revista Semana, RCN, y la W, a condición de hablar mal de Gustavo Petro y Francia Márquez, ascienden a la calidad de vedettes e invitados especiales a empresarios como Mario Hernández, que confecciona sus productos con materias primas chinas y no obstante así habla de la “defensa” de la industria nacional; cantantes como Mauren Belky Ramírez (Marbell), exesposa del tristemente célebre Coronel Royne Chávez y amante del hijo de este; actrices como Amparo Grisales o Marcela Mar, que jamás en sus vidas han dejado entrever públicamente alguna inquietud o un mínimo de análisis en materia política, histórica y social (como si lo hace Margarita Rosa de Francisco); expresidiarios, como en su momento John Jairo Vásquez (Popeye), el temido sicario del cártel de Medellín que se regodeaba en fotos con Andrés Pastrana; abogados como Abelardo de la Espriella, que amenazó e intimidó públicamente en un programa de Vicky Dávila al investigador Ariel Ávila; a expresidentes como el mismo Andrés Pastrana Arango o Álvaro Uribe Vélez (Alvarito), ampliamente conocido de autos por las investigaciones criminales en su contra y por sus funcionarios condenados penalmente por hechos cometidos en su mandato;… y ni qué decir, de los que se vendrán desde todas las cárceles del país, a raíz de la pervertida manipulación del tal “perdón social” planteado por Gustavo Petro, el político que más corruptos ha logrado llevar a la cárcel.

En fin, se está haciendo campaña mediática con una larga lista de personajes siniestros a los que los medios tradicionales le sirven de caja de resonancia, aun cuando muchos de ellos solo se sepan expresar a través del insulto, las ofensas, de manera racista, clasista, xenofóbica, machista, pero principalmente, con comprobadas mentiras, y todo ello porque tienen la “virtud” de atacar abiertamente la candidatura de Gustavo Petro, y de paso, la de la incorruptible formula vicepresidencial Francia Márquez.

Las pocas personas y periodistas que ponen sus conocimientos, investigaciones, seguimientos y análisis de carácter político y social al servicio del ciudadano, con el fin de que estos se decidan a votar y escojan a quien o quienes favorezcan los interés del pueblo en general (que es en últimas la razón de ser de la política) son opacadas y diezmadas por el show mediático de los grandes medios corporativos, es decir, de aquellos que pretenden todo lo contrario, imponer nuevamente los intereses mezquinos de la banca privada nacional e internacional, de la gran industria, y de las empresas criminales y mafiosas que ostentan hoy día el poder al interior del Estado, no solo en el ejecutivo, sino en las ramas que le debían hacer su contrapeso y en los órganos de control.

No en vano vemos como fueron desplazados de los grandes medios informativos investigadores y analistas, como por ejemplo, María Jimena Duzán, Antonio Caballero (q.e.p.d.) Daniel Coronell o Daniel Samper (nada petristas, por cierto), que dieron a conocer al público los intríngulis de muchos de los grandes hechos de corrupción y sangre que azotaron al país, y se procedió a abrir paso y espacio a “periodistas” como Vicky Dávila (expulsada de un medio por el deplorable manejo que hizo de la noticia de la “comunidad del anillo”), Salud Hernández (defensora de los mercenarios haitianos), el siempre parcializado y descarado Luis Carlos Vélez, delfín del periodismo, entre otros.

Estamos hablando de una degradación total, abiertamente cooptada por el establecimiento, del periodismo de los grandes medios informativos, ante lo cual son los medios alternativos e independientes, que en su mayoría se desenvuelven en las redes sociales, los encargados de buscar el equilibrio.

En esta dinámica cuatrienal no podemos olvidar, de otra parte, las personas desentendidas de lo público, las que centran su interés en sí mismas, en sus círculos familiares y de pronto en sus amigos más cercanos, y que, ya sea por sumisión, mansedumbre, depresión o pesimismo, tienden a seguir, a pie juntillas, sin discusión, los lineamientos del líder del partido político que les ofrece trabajo, del pastor del rebaño que le garantiza la salvación, del empresario que les esclaviza, o de los medios hegemónicos que le desinforman.

Estas personas por lo regular carecen de una visión de contexto, histórica, panorámica, y a la vez en detalle, de los asuntos púbicos que le gobiernan, o inclusive, están gobernadas por una mentalidad policial que les ha sido finamente introyectada, y que tiene por vocación el orden, y, por lo tanto, no le gusta los cambios (le asustan), es decir, es conservadora “por naturaleza”, y en tal sentido defiende lo existente: la desigualdad y los privilegios.

Hay en todo caso un sector considerable de la población que se encuentra mínimamente dateada del quehacer público, que tienen una formación que les permite leer de manera crítica, con la debida reserva y entre líneas lo que les llega, que hacen sus propios juicios y análisis y llegan a sus propias conclusiones libres del show y la presión mediática, es decir, no son estás personas la razón de ser estas perversas dinámicas electoreras.

Pareciera desgastante la tarea de aquellos que se ponen a contextualizar, alertar y prevenir sobre los riesgos o bondades que están en juego, más aún ante una inmensa masa poblacional (no todos como ya se dijo) que raya en una “ignorancia supina” que retrasa los procesos de cambio que requiere el país; estas personas hacen recordar las palabras del célebre anarquista Ricardo Flores Magón, figura importante en el movimiento social que precipitó la Revolución mexicana y quien afirmaba: “los sumisos, los mansos; los indiferentes, los sufridos, los resignados, son la masa, la muchedumbre que con su pasividad, su modorra y falta de carácter hacen lento y doloroso el avance de las sociedad humanas hacía la libertad y la felicidad”.

Cabe reconocer que estamos también ante un gran número de población que, si bien tiene unas carencias enormes en materia educativa y de formación política, también es cierto que no es mentecata, y, en consecuencia, saben percibir el cinismo y descaro presente en muchos de los actores que se encuentran en contienda electoral, gracias al importante papel que cumplen redes sociales y medios de comunicación e información independientes y alternativos (p.e. Cambio, Vorágine, Canal2, Periodismo Libre, Canal3, Las2orillas, La Silla Vacía, et.c), que permiten poner en evidencia las contradicciones, vacíos, silencios, apoyos cómplices, y una infinidad de situaciones que dejan en entredicho muchas de las campañas políticas.

Quedan así en evidencia, por ejemplo:

1. las contradicciones de una Ingrid Betancourt que se presenta como abanderada en contra de las maquinarias y la corrupción, pero que no tiene reparo en sentarse a dialogar con Álvaro Uribe Vélez, el de Carimagua, Agro-ingreso seguro (del que también obtuvo beneficios personales), los “falsos positivos”, la chuzadas del D.A.S., la Ñeñepolítica, en fin, padrino de muchos de los artífices de los más altos actos de corrupción y violencia del país, al tiempo que representa la maquinaria que copa con ineptos personajes los más altos cargos de la Nación;

2. los derroches publicitarios de Federico Gutiérrez, alias Fico, en el manejo de su imagen (pura imagen?) cuando fue alcalde de Medellín, así de como encargo de la Secretario de Seguridad (nada más ni nada menos) al señor Gustavo Villegas con la famosa Oficina de Envigado, desde donde se hacían montajes para mostrar eficiencia en la materia;

3. la pervertida información difundida en torno a la visita que a la Picota hiciera la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, con la presencia de Fernando Petro, hermano de Gustavo Petro, en un entrampamiento que pretendía hacer pasar a este último como el proponente de un acuerdo de rebajas de penas para corruptos a cambio de votos, a sea, presentar al político icono en la lucha anticorrupción, con resultados concretos, como el abanderado de la impunidad, comparable con Álvaro Uribe Vélez con su propuesta de amnistía general.

El problema no es lo que diga o especulen unos y otros de los ciudadanos, eso hace parte de las libertades de cada uno, lo reprochable es papel de los medios de información y comunicación que, en su afán de configurar una realidad de acuerdo a sus intereses particulares, es decir, los de las corporaciones a las que pertenecen, terminan haciendo válido cualquier medio para tan deleznable fin, y en tal sentido no reparan en pisotear la ética y la moral, faltando intencionalmente a la verdad, haciendo uso de elementos desencadenantes y estimulantes de más violencia y discriminación social.

Tanto los fines políticos que persiguen los medios de comunicación dominantes, como los medios de los que hacen uso para conseguirlos, dan cuenta clara de la degradación a la que ha llegado el periodismo hegemónico en Colombia, lo que a su vez marca su crisis, y con ello, su fin.

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