Opinión

Trump nos revela el rostro verdadero del imperio

La coyuntura es evidente, o países sumisos y explotados o naciones libres y soberanas. El problema no es Maduro, son los pueblos

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enero 07, 2026
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Al detalle puede que falte saber muchas cosas, pero lo ocurrido en Venezuela en la madrugada del 3 de enero es ampliamente conocido. Fuerzas Especiales de los Estados Unidos, con el apoyo de 152 aeronaves de guerra, asaltaron la residencia donde dormía el presidente Nicolás Maduro Moros, previo bombardeo a sitios estratégicos para la defensa inmediata venezolana, secuestrándolo a él y a su esposa, Cilia Flores, a quienes trasladaron hasta Nueva York.

Horas después, en rueda de prensa, el presidente Trump, su secretario Marco Deelcy Rodrìguez

Rubio y un alto mando militar entregaron su versión de los hechos. Para ellos se trataba de la captura de un criminal acusado de varios delitos relacionados con el narcotráfico. No obstante, Trump confesó abiertamente que su motivación había sido derrocar un gobierno que le impedía apoderarse impunemente del petróleo de Venezuela, el que aseguró le pertenecía a su país.

Y no solo el petróleo, también el oro y las tierras raras. Afirmó que su intención era acordar todo eso con el nuevo gobierno que vendría, el de la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Un día después, enterado ya de la posesión formal de esta y de sus declaraciones totalmente opuestas a sus propósitos, amenazó con un segundo y un tercer ataque, si eran necesarios, con efectos mucho más graves que los del primero, hasta conseguir un gobierno que le garantice lo que exige.

Conmueve la firmeza de la presidenta venezolana, tratando mediante las formas más moderadas, de plantear una solución dialogada

Conmueve la firmeza de la presidenta venezolana, tratando mediante las formas más moderadas, de plantear una solución dialogada, sobre la base del reconocimiento y respeto a la soberanía plena de su país. Una mujer, lejana a los cánones estéticos impuestos, de piel más bien morena y cabellos aindiados, contrariando frontalmente al grande, rubio y zarco presidente norteamericano. Dejando bien claro que representa las ideas y la obra de su antecesor, para quien exige libertad inmediata.

El único presidente que tiene Venezuela, dejó bien claro. Hay que decir que Nicolás Maduro ha sido el presidente más vilipendiado de América Latina. De él se han hecho todas las caricaturas posibles, nadie como él señalado de tantos defectos y delitos. Ninguno de los brutales dictadores latinoamericanos del pasado ha sido señalado durante su mandato de las barbaridades que se le imputan a Maduro. Ni Pinochet, Videla, Trujillo, Stroessner o Ríos Mont.

Con Trump queda más que claro el por qué. No les era posible sacarlo. Resultaba un formidable obstáculo para las pretensiones estadounidenses. Todo el poder del imperio se dedicó de lleno, durante por lo menos una docena de años, a minar y destruir su imagen pública. Se lo presentó como el ignorante, el ridículo, el corrupto, el violador de derechos humanos, el dictador. Lo que nunca hicieron con ninguno de los salvajes gobernantes a su servicio.

Contra Maduro dirigieron todo el peso de sus gigantescas cadenas informativas. Mundialmente, se lo presentó como lo peor. Al mismo tiempo que se decretaban centenares más centenares de sanciones económicas contra su país, se lo excluía de la mínima posibilidad de comerciar en dólares, se lo bloqueaba financieramente, se lo condenaba al hambre y la necesidad para que su pueblo se alzara a derrocarlo. Patrocinaron las guarimbas y la más infame violencia.

Montaron a un farsante como presidente interino, al que entregaron el manejo de miles de millones de dólares de Venezuela en el exterior. Crearon y difundieron la versión del fraude en las elecciones, para desprestigiarlo, hallando sin embargo oídos receptivos hasta en flamantes presidentes considerados progresistas. Uno de ellos, Gustavo Petro, comienza a ser ahora víctima de lo mismo, aunque piense que sólo le pasa eso a él, el iluminado.

Nos han personalizado tanto el asunto, que dejan de lado una verdad monumental. El problema no es Maduro, es un pueblo que retomó las banderas de Simón Bolívar y ha trabajado y sostenido un proyecto patriótico de desarrollo independiente y justicia social. Cuando nos hablan de Venezuela nos borran a su pueblo, ese que hoy en muchas ciudades de su país marcha multitudinariamente exigiendo el regreso de su presidente secuestrado.

Ese pueblo contó con un líder extraordinario, Hugo Chávez, que también fue derrocado por los mismos intereses, y fue regresado al poder, arrancado de las manos de sus enemigos, por millones de venezolanos en las calles, con el apoyo de la fuerza militar bolivariana también comprometida con el proyecto de cambio. Ese pueblo al que ignoran, ha sido el que eligió también a Maduro una y otra vez. Y el que respalda hoy a Deisy Rodríguez y a su equipo de gobierno.

Trump también amenaza a Colombia, a México, a Panamá, países en donde lacayos a él y su imperio, como los hay en Venezuela, claman por su brutal acción. Traidores a sus patrias. La coyuntura es evidente, o países sumisos y explotados o naciones libres y soberanas. La elección para nosotros es clara, siempre con los pueblos.

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