Carreras, conciertos y Vive Claro revelan una ciudad donde unos pocos ganan miles de millones y barrios enteros pagan el costo del entretenimiento

- Bogotá se divierte, Teusaquillo paga la cuenta
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Bogotá corre, canta y celebra. Pero mientras miles disfrutan de las carreras atléticas y los conciertos, otros miles deben resignarse a vivir entre calles cerradas, ruido, vibraciones y aglomeraciones. Parece que en la capital encontramos la fórmula perfecta para promover el entretenimiento: unos disfrutan el espectáculo y otros pagan la cuenta.

Lo que está ocurriendo en Teusaquillo y sus alrededores no son problemas aislados. Es el resultado de una ciudad que concentra eventos masivos sin planear adecuadamente sus impactos sobre quienes viven allí.

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1. La ciudad corre, los vecinos quedan encerrados

Las cifras son reveladoras: en 2024, 18 de las 24 carreras atléticas autorizadas en Bogotá pasaron por Teusaquillo. En 2025 fueron 16 de 24. Es decir, el 75 % y el 66,7 %, respectivamente.

Para los vecinos de La Esmeralda, Pablo VI y otros barrios, muchos domingos significan calles bloqueadas, dificultades para entrar o salir de sus viviendas y una movilidad prácticamente secuestrada por horas.

Las protestas de octubre obligaron a la Alcaldía a anunciar cambios en los recorridos. Pero el problema no es que la gente corra. ¡Bienvenido el deporte! Lo absurdo es que siempre deban soportar sus consecuencias los mismos ciudadanos.

2. El Campín: el negocio amenaza con sacar al fútbol

En el estadio El Campín ocurre otra paradoja. Sencia, concesionario encargado de su operación en virtud de una APP, ha privilegiado la realización de espectáculos, mientras el deterioro de la gramilla llegó a provocar la suspensión del partido entre Millonarios y Once Caldas, y afectar a Santa Fe.

El fútbol, razón de ser del estadio, termina disputándose el escenario con el negocio de los conciertos. Y los perjudicados no son solo los clubes, sino principalmente los jugadores y miles de hinchas apasionados por el fútbol.

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La situación es tan grave que el IDRD inició un procedimiento sancionatorio contra Sencia por presuntos incumplimientos contractuales, pues se comprometieron a privilegiar el fútbol y el deporte, por encima del negocio. ¡Y no están cumpliendo!

¿Y la solución? Reprogramar conciertos o trasladarlos a otros escenarios. El festival Megaland, por ejemplo, pasó de El Campín a Vive Claro.

3. Vive Claro: el parque convertido en negocio

Pero Vive Claro no es simplemente el lugar al que llegan los conciertos desplazados de El Campín. Es un problema mucho más profundo.

En un sector del parque Simón Bolívar, destinado para actividades de bajo impacto y rodeado de barrios residenciales, se instaló un escenario de espectáculos masivos cuya operación viene generando graves denuncias por ruido, vibraciones, aglomeraciones, problemas de salubridad y seguridad.

Los vecinos de El Greco, La Esmeralda, los Hospitales de la zona y sectores aledaños no pueden seguir sacrificando su descanso, su tranquilidad y su derecho a una vida digna para garantizar la rentabilidad del entretenimiento.

Vive Claro no puede seguir operando como escenario de conciertos masivos en una zona residencial y dentro de un parque público, trasladando sus impactos a las comunidades. El Distrito debe adoptar las decisiones necesarias para impedir que continúen estas afectaciones.

¿Quién paga la fiesta?

La Ley 388 de 1997 establece el principio de distribución equitativa de las cargas y los beneficios del desarrollo urbano. También existe el derecho colectivo al desarrollo urbano organizado. Pero Bogotá parece haberlo invertido: los beneficios económicos se concentran, mientras las molestias se reparten entre los mismos vecinos. Y la única planificación son las ganancias millonarias de Ocesa, Sencia y unos cuantos poderes económicos.

La Alcaldía de Galán debe dejar de administrar cada crisis por separado. Necesitamos una política integral ¡que planifique!, distribuya los eventos, haga respetar la Ley del Ruido, garantice los derechos de las comunidades y haga responder a los operadores por sus impactos.

Este sábado 7 de noviembre, la ciudadanía está convocada a reunirse en la Biblioteca Virgilio Barco para discutir esta problemática y exigir soluciones. Es momento de participar, organizarnos y hacernos escuchar.

Porque Bogotá tiene derecho a vivir el fútbol en el estadio, con sus hinchas. Tiene derecho a correr, cantar y celebrar. Pero ninguna ciudad puede llamarse bien planeada si necesita sacrificar la tranquilidad y la dignidad de sus habitantes para entretenerse.

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