Fue segundo comandante del M-19, sobrevivió a un atentado que le costó una pierna y fue uno de los protagonistas de la Asamblea Constituyente que cambió a Colombia

- Antonio Navarro Wolff, el hombre del M-19 que apostó por la paz y ayudó a escribir la Constitución

El domingo 9 de diciembre de 1990, mientras 7.000 soldados y 40 aeronaves Kfir y Mirage bombardeaban Casa Verde, el cuartel general de las FARC en Uribe, Meta, los colombianos salían a las urnas para elegir la Asamblea Nacional Constituyente que un año después le daría al país su actual Constitución Política.

Ese día, Antonio Navarro Wolff -cuya vida se forjó paradójicamente se forjó entre la guerra y la paz- hizo parte de la lista única más votada y celebró como un reconocimiento de los 3,7 millones de votantes su aporte para convertir a la guerrilla del M-19 en un movimiento político, la Alianza Democrática M-19, que de ahí en adelante solo libraría sus luchas en las urnas.

Las crónicas de la época lo recuerdan también como un dirigente sereno que, sin embargo, ese día lució sobresaltado porque le costaba entender que el gobierno de César Gaviria que se jugaba por la paz hubiera lanzado un ataque militar de semejante envergadura sobre un movimiento armado que parecía no cerrarle las puertas a una solución negociada.

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Gaviria tuvo que salir a aclarar, en aras de la tranquilidad de la jornada electoral, que las operaciones contra Casa Verde, cuartel de ‘Tirofijo’, estaban planeadas de tiempo atrás y que lo ocurrido ese domingo de ofensiva militar eran tan solo una coincidencia y no una acción deliberada para generar zozobras.

De cualquier manera, la abstención fue alta. El 75 por ciento de los ciudadanos registrados en el censo electoral no acudieron al llamado de las urnas, aunque a juzgar por las reacciones de la opinión, tampoco rechazaron la lección de Navarro como presidente de la Asamblea al lado de hombres como el estadista conservador Álvaro Gómez Hurtado, que poco tiempo atrás había sido rehén del M-19 durante un prolongado secuestro.

- Antonio Navarro Wolff, el hombre del M-19 que apostó por la paz y ayudó a escribir la Constitución

Ese es uno de los recuerdos más relevantes en la trayectoria de Navarro Wolff, fallecido este domingo primero de noviembre de 2026, en el Día de todos Santos.

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Tenía 78 años y, como dijo su familia en el comunicado oficial sobre su deceso, murió em paz. Partió después de un largo silencio en la vida pública que hizo que durante los últimos cuatro no se pronunciara sobre las decisiones del gobierno de Gustavo Petro, de quien se distanció después de haber sido su secretario de Gobierno en la Alcaldía de Bogotá.

Navarro nació en Pasto el 9 de julio de 1948 y era ingeniero sanitario de la Universidad del Valle, con estudios de posgrado en Inglaterra, que le permitieron desempeñarse con solvencia durante un breve paso por el cargo de ministro de Salud. Pero su biografía se explica más por el conflicto armado que por su formación académica.

Se fue a la guerrilla muy joven porque hubo un largo tiempo creyó que las armas le ofrecerían al país una opción de cambio. Luego, sin embargo, probó por sus propios medios como constituyente, senador y gobernador de su departamento que la democracia arrojaba mayores réditos.

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Sufrió la guerra. En mayo de 1985, en una cafetería de Cali, perdió una pierna izquierda durante un atentado en una cafetería de Cali, cuando ya hablaba de paz. También estuvo preso y fue uno de los comparecientes en el llamado “consejo de guerra del siglo” en la cárcel Picota, en tiempos en que un estatuto de seguridad les permitía a las Fuerzas Militares juzgar civiles. Más tarde, decidido por la democracia, conseguiría el amparo del indulto a la amnistía.

Descartar un asesinato y hacer la paz…

Durante su vida en armas fue el segundo comandante del M-19 después de Carlos Pizarro. Y fue el hombre que, desde la clandestinidad, decidió que el secuestro más famoso de esa guerrilla, el de Álvaro Gómez Hurtado, no terminaría en un fusilamiento.

El 29 de mayo de 1988, la escuadra Jaime Bermeo secuestró al líder conservador a la salida de misa de la iglesia la Inmaculada Concepción, en la 87 con 11 de Bogotá. Los extremistas mataron a su escolta Juan de Dios Hidalgo. Pizarro estaba cruzando la Cordillera Central incomunicado. Otty Patiño llamó a Navarro, que en ese momento recorría el mundo buscando cohetes tierra-aire y visitaba contactos en Argelia, Irán, Siria, la Libia de Gadafi y la Sri Lanka de los Tamil Tigers.

Cuando se enteró de lo ocurrido en Bogotá, la orden de Navarro fue seca y quedó grabada en la memoria del M-19: “Hermano, ni por el putas le vayan a hacer un juicio”, le dijo a su interlocutor, según lo rememoraría él mismo en el libro Antonio Navarro Wolff: Mi guerra es la paz, producto de una conversación con el periodista Juan Carlos Iragorri. El texto fue publicado en 2015 por Editorial Planeta.

- Antonio Navarro Wolff, el hombre del M-19 que apostó por la paz y ayudó a escribir la Constitución

Sabía que Gómez era un líder demasiado grande para matarlo y creía que su liberación podría representar la apertura de una compuerta hacia un proceso de paz exitoso.

Lo que siguió fue una operación de diplomacia insólita que hoy parece ficción. El presidente Belisario Betancur mandó a Guillermo Angulo como emisario a La Habana para que Gabriel García Márquez y Fidel Castro garantizaran la vida de Gómez. Fidel ordenó: “Localicen a Antonio Navarro”. Navarro, siempre según el libro, llegó a Casa de Piñeiro y le confirmó a Gabo: “Está en perfecto estado de salud. En ningún momento fue herido”.

La mediación se extendió a Panamá y en ella participaron monseñor Darío Castrillón, Antonio Caballero y Juan Gabriel Uribe. Navarro les dijo: “Esto de Álvaro Gómez tiene que servir para la paz. El país no oye a los que quieren una negociación política”, les dijo Navarro durante una reunión en una finca cercana a Ciudad de Panamá a la que los enviados colombianos llegaron con gafas oscuras. El 20 de julio, a las 8 de la noche, 53 días después, Gómez Huratdo fue liberado frente al restaurante Mister Rib's, a dos cuadras de su casa.

Aquella sería la semilla de un proceso exitoso, pese a las cruentas circunstancias que lo rodearon. El 9 de marzo de 1990, Navarro y Pizarro firmaron la paz con Virgilio Barco. 47 días después, Pizarro fue asesinado en un avión. Navarro tuvo que ponerse al frente de una AD M-19 y derrotar el escepticismo que lo rodeaba antes de llegar a las urnas.

Una presidencia contrastada

El mismo día del ataque militar a Casa Verde, en el sótano del Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, pasó lo impensable. Navarro y Gómez, secuestrador y secuestrado, se sentaron solos una tarde de 1991 a armar la mesa directiva de la Asamblea Nacional Constituyente.

De esa charla salió la presidencia colegiada. Ellos dos, por sectores que hasta entonces estaban polarizados, y Horacio Serpa Uribe por el liberalismo.

Con la Constitución, concebida como un tratado de paz, logró que la reconciliación no se quedara en el M-19 sino que trajera al EPL, al Quintín Lame y al PRT. También ayudó a darles forma a la tutela, como fuente protectora de derechos; a la Corte Constitucional, al Estado Social de Derecho, a la autonomía del Banco de la República, a la segunda vuelta presidencial y a la circunscripción especial para indígenas y afrodescendientes del Pacífico.

El 4 de julio de 1991, al lado de Gómez y de Serpa, proclamó la Constitución sobre hojas en blanco, porque la Comisión Codificadora no había terminado su trabajo.

Luego prosiguió con su vida pública. Fue ministro de Salud de Gaviria, alcalde de Pasto, gobernador de Nariño, senador, secretario de Gobierno de Bogotá y de ahí en adelante nunca más se fue a los extremos.

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