Antonio Navarro Wolff murió este domingo 1 de noviembre de 2026, a las 2:42 de la tarde. Tenía 78 años. Su familia lo informó en un comunicado que no dice dónde ocurrió ni de qué murió. Tampoco fija fecha para las honras fúnebres: los allegados anunciaron que ese dato se conocerá el lunes 2 de noviembre, dijeron que quieren despedirlo en la intimidad y pidieron respeto por el duelo. El texto termina llamándolo el Hombre de la Paz.
Sobre su salud hay poco que afirmar con certeza. Ninguna enfermedad suya se había hecho pública. En junio, cuando apareció en Bogotá en un acto de Iván Cepeda, antes de la segunda vuelta presidencial, las fotos lo mostraron muy cambiado y se habló de que podía tener una condición delicada. Ni su familia ni la campaña dijeron nada oficial, y el comunicado de ahora tampoco aclara el asunto.
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Navarro nació en Pasto el 9 de julio de 1948. Se graduó como ingeniero sanitario en la Universidad del Valle en 1972, hizo una especialización en ingeniería del medio ambiente en Inglaterra y dio clases en esa misma universidad, donde dirigió el plan de estudios de Ingeniería Sanitaria. De ahí pasó, hacia fines de los años setenta, a la guerrilla del M-19, de la que llegó a ser segundo al mando.
En 1985 estuvo a punto de no seguir. Un soldado lanzó una granada en una cafetería de Cali y la explosión le dejó heridas graves y le dañó las cuerdas vocales. Lo atendieron en México. Salió de ahí con una pierna menos y una voz que ya no volvió a ser la misma, pero siguió en lucha armada.

Cinco años después, el 9 de marzo de 1990, el M-19 firmó la paz con el gobierno de Virgilio Barco en la Casa de Nariño. Carlos Pizarro firmó por la guerrilla, y Navarro era su compañero en la fórmula presidencial de la Alianza Democrática M-19. Pizarro fue asesinado semanas más tarde, durante la campaña, y Navarro lo reemplazó como candidato. Quedó tercero, con el 12% de los votos, un resultado alto para un movimiento que llevaba apenas unos meses en la vida legal.
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Pasó entonces a ser ministro de Salud del gobierno de César Gaviria, pero duró poco. Renunció para presentarse a la Asamblea Nacional Constituyente, donde la Alianza Democrática M-19 obtuvo diecinueve delegados. La Asamblea eligió tres copresidentes, y Navarro compartió esa función con Horacio Serpa y Álvaro Gómez Hurtado. Los tres dirigieron la redacción de la carta que reemplazó a la de 1886, promulgada el 4 de julio de 1991, que definió a Colombia como un Estado social de derecho. Treinta años después, en 2021, publicó un libro sobre ese proceso, Una asamblea que transformó el país, con Intermedio Editores.
Humberto de la Calle, que participó en la Constituyente como ministro delegado del Gobierno, fue de los primeros en reaccionar. Escribió que había tratado a Navarro en varios momentos decisivos, destacó su vocación de servicio y su inteligencia, y le atribuyó buena parte de lo que la Constitución recoge del consenso nacional de entonces.

Después de la Constituyente la carrera de Navarro siguió por la política electoral. Volvió a ser candidato presidencial en 1994 y un año más tarde ganó la alcaldía de Pasto, cargo que ejerció hasta 1997 y por el que fue reconocido como el mejor alcalde del país. En 1998 llegó a la Cámara de Representantes por Bogotá con la votación más alta, y en 2002 pasó al Senado con la segunda más alta del país. Para entonces el movimiento que lo había lanzado se había deshecho, y como muchos de sus antiguos compañeros terminó en el Polo Democrático, partido por el que fue gobernador de Nariño entre 2008 y 2011.
Su trayectoria siguió ligada a Bogotá y al Congreso. Gustavo Petro lo nombró secretario de Gobierno de la Alcaldía de la capital, cargo que ocupó hasta marzo de 2012. Fue senador de nuevo entre 2014 y 2018, y en 2019 se presentó por la Alianza Verde a la Alcaldía de Bogotá. Había anunciado que esas serían sus últimas elecciones, y lo fueron.
El expresidente Álvaro Uribe, que pensaba distinto a él en casi todo, también habló de Navarro tras conocerse su muerte. Escribió que esa diferencia no afectó una relación respetuosa, sobre todo cuando coincidieron él como presidente y Navarro como gobernador de Nariño, y que Navarro transmitía el respaldo del gobierno nacional a todos los mandatarios regionales y locales sin mirar su origen político.
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