Texto escrito por: María Eugenia Sierra
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Claro, Tigo, Movistar y empresas locales similares nos dejaron sin el derecho natural de mirar al cielo, fuera de las pantallas de internet. No hay puestas de sol a la vista, ni lunas en creciente, ni amaneceres.Las compañías de internet y telecomunicaciones construyeron, cable con cable, su propio imaginario del cielo: oscuro y desgreñado. Es un entramado que se descuelga a pedazos por los techos y las paredes de las casas, que atrapa a los niños a la salida del colegio, que ocupa los balcones sin permiso y que se atraviesa en el atrio de la iglesia.
Y aquí, ¿quién manda a quién? ¿Quién controla el uso racional de la infraestructura urbana y del espacio público? ¿Quién sanciona la contaminación visual?
Han pasado décadas desde que nos interconectaron las compañías más grandes y rentables del país. Sí, es un derecho; un servicio público esencial. ¿Y por qué las empresas de gas, agua y energía cumplen las normas técnicas, mientras que las proveedoras de telecomunicaciones desparraman sus cables por los aires como les da la gana? Ya es hora de retirar de manera obligatoria, como mandan las normas, todos los cables en desuso; los «tallarines podridos», como les dicen. Y aquí hago un llamado al nuevo gobierno en nombre de la atormentada ciudadanía:
¡Póngales su tatequieto!
¿O creen ustedes que los dueños, gerentes y socios de estas empresas tienen sobre sus casas una telaraña de cables? Seguro que gozan de una vista limpia y privilegiada con el dinero que pagamos para que, además de mala señal, sus contratistas se cuelguen de cuanto poste, árbol o palo encuentran disponible.
El usuario cancela el servicio y el cable se queda. La empresa se liquida, se fusiona o se renueva, y los cables permanecen amenazando nuestra salud mental y, en varias ocasiones, también la física.
Los alcaldes, los concejos municipales y las oficinas de planeación, al parecer, han sido laxos y permisivos con este «descontrol». Comisiones de regulación, ¿qué ha pasado? Superintendencia de Servicios Públicos, ¿por qué tanto silencio frente a las denuncias? Gobiernos pasados y amigos, ¿por qué permitieron que multinacionales y locales nos «enredaran» la vida?Presunta negligencia, corrupción o politiquería: etiquetas para que las autoridades investiguen y ordenen el desmonte del cableado en desuso, así como el cumplimiento estricto de las normas técnicas para la instalación de nuevas redes.
Alcalde de Floridablanca, Santander, comencemos por el barrio Ciudad Valencia, por la calle 19 con carrera 13 donde está el Instituto Madre del Buen Consejo o por Cañaveral; dos ejemplos gráficos entre miles de «enredos» de Claro, Tigo, Movistar, Une, la vieja Telmex y cuanta empresa ha contribuido con semejante caos en pueblos y ciudades colombianas.
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