Texto escrito por: Nerio Luis Mejía
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La segunda vuelta electoral celebrada el pasado domingo 25 de octubre de 2026 por la presidencia de Brasil —en la que se enfrentaron el líder izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el ultraderechista Flávio Bolsonaro— culminó con una remontada histórica. Tras haber quedado por detrás del hijo del expresidente Jair Bolsonaro en la primera vuelta, el líder obrero logró dar vuelta a los resultados. Este triunfo no solo representa un revés para la derecha en el coloso suramericano, sino que frena en seco las pretensiones injerencistas de Donald Trump en la región.
La firmeza política frente al bolsonarismo
El cuatro veces presidente brasileño demostró una notable capacidad de conexión popular, al tiempo que asumió con valentía política una contienda que muchos daban por perdida. Enfrente tenía a Flávio Bolsonaro, heredero político de Jair Bolsonaro, quien hoy enfrenta una condena de 27 años y 3 meses de prisión por promover el intento de golpe de Estado con el que pretendió revertir los resultados electorales de 2022.
Un dique frente a la ola conservadora en la región
La victoria de Lula representa un respiro para el continente, en un contexto donde las tendencias electorales parecían alinearse con la agenda de Washington tras el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. La derecha venía acumulando una racha de victorias en países como Honduras, Ecuador, Costa Rica, Chile, Bolivia, Perú y, recientemente, Colombia con la llegada al poder de Abelardo De la Espriella. A esto se suman los regímenes autoritarios y de corte neoliberal consolidados en El Salvador con Nayib Bukele y en Argentina con Javier Milei.
A diferencia de lo sucedido en Colombia con Iván Cepeda —candidato del progresismo y heredero del proyecto social de Gustavo Petro, a quien le faltó firmeza para contener el avance de De la Espriella—, Lula demostró que en la política no basta con la capacidad académica cuando se enfrenta a sectores que defienden privilegios minoritarios. El pueblo brasileño invirtió la dinámica regional, convirtiendo a su país en el faro de esperanza para quienes rechazan el sometimiento histórico de América Latina.
La respuesta popular frente al modelo de austeridad
El electorado brasileño parece haber anticipado las consecuencias del modelo de las nuevas derechas en la región. Sus reglas de austeridad fiscal suelen traducirse en recortes drásticos a la salud, la educación pública y los programas sociales destinados a reducir las brechas de desigualdad; medidas que el neoliberalismo promueve en nombre de las finanzas públicas, pero que amenazan con desatar nuevos estallidos sociales en la región.
Soberanía, recursos estratégicos y el Sur Global
El triunfo de Lula da Silva no es solo una derrota para Flávio Bolsonaro, sino un freno decisivo a las ambiciones intervencionistas de Trump en Latinoamérica. Estas pretensiones apuntan al control de las materias primas y los minerales estratégicos —incluidas las tierras raras—, insumos disputados por las potencias mundiales en un continente históricamente castigado por la pobreza, el expolio y la complacencia de gobiernos serviles al capital extranjero.
Con este resultado, Brasil reafirma su condición de coloso suramericano al vencer al candidato proimperialista y sostener su apuesta por la soberanía y la integración del Sur Global mediante el bloque BRICS. El 25 de octubre queda marcado como una fecha clave para la región y el mundo: en las urnas brasileñas no solo se definió el rumbo de una nación gigante, sino la dignidad y el futuro de las naciones libres.
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