Las protestas en Francia le dan a Petro argumentos para movilizar a Colombia. Tras cuatro años de promesas incumplidas, reclama soluciones que no logró ofrecer

- Francia se incendia y Petro aviva las llamas de sus promesas incumplidas
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Francia y Colombia enfrentan el mismo problema: gastan más de lo que recaudan y deben endeudarse para cubrir la diferencia. En 2025, Francia gastó unos 110 euros por cada 100 que recibió, mientras Colombia gastó aproximadamente 138 pesos por cada 100 que recaudó. A este desequilibrio en Colombia, se suma otro golpe: la inversión pública cayó un 25,5 % en 2024, según cifras de la Contraloría.

 La consecuencia es menos inversión en obras e infraestructura y más presión sobre la capacidad del Estado para responder a las necesidades de salud, educación y vivienda. La cuenta de las promesas y del endeudamiento termina pagándola la ciudadanía.

Dos incendiarios y una chequera vacía

Jean-Luc Mélenchon, dirigente de la izquierda radical francesa y fundador de La Francia Insumisa, y Gustavo Petro tienen algo en común: convierten las reivindicaciones sociales en combustible político. Ambos hablan de las necesidades de la gente y reclaman más beneficios, subsidios y servicios públicos, pero la pregunta incómoda sigue en pie: ¿de dónde saldrá el dinero para pagarlos? El Estado no tiene una chequera infinita y los bancos no prestan por solidaridad ideológica.

La diferencia es que Petro ya tuvo cuatro años para demostrar que sus promesas podían convertirse en resultados. Llegó a la Presidencia ofreciendo grandes transformaciones sociales y ahora, después de gobernar, vuelve a convocar a la calle y promueve un paro para reclamar lo que no logró resolver. Primero prometió el cambio; ahora promueve la protesta. La factura sigue pendiente y quiere pasársela al sucesor.

Francia descubre que el banco no es una caja menor

Cuando los gastos superan los ingresos, el Gobierno tiene tres opciones: recaudar más, recortar o endeudarse. Francia ha recurrido al crédito para sostener sus compromisos, pero los préstamos generan intereses y obligaciones futuras. La ironía es evidente: los políticos prometen como si administraran una fortuna inagotable y después descubren que el banco no acepta discursos como garantía. El bienestar necesita financiación; la buena intención no paga la factura.

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Petro vuelve a descubrir las necesidades sociales

El estallido de 2021 llevó al centro del debate el desempleo, la desigualdad y la falta de oportunidades. Petro convirtió ese malestar en promesas de transformación y llegó a la Presidencia en 2022. Ahora, tras gobernar, vuelve a convocar a la protesta y al paro nacional contra su sucesor. La pregunta es inevitable: ¿por qué las reivindicaciones sociales que antes exigían un cambio de Gobierno siguen siendo urgentes después de cuatro años de administración? Petro puede señalar problemas reales, pero también debe responder por lo que prometió y no consiguió resolver.

La chequera colombiana también tiene límites

Colombia cerró 2025 con un déficit del Gobierno nacional central del 6,4 % del PIB, equivalente a $117,8 billones, y una deuda bruta del 64,4 % del PIB, según cifras reportadas por el Banco de la República. No toda esa carga se originó durante el Gobierno Petro, pero sus decisiones también deben evaluarse. La insensatez consiste en exigir más gasto sin explicar de dónde saldrá el dinero. La corrupción debe combatirse y la eficiencia mejorarse, pero ninguna de las dos es una alcancía mágica que financie cualquier promesa.

El contagio: una protesta puede cruzar fronteras sin pedir visa

Las imágenes de Francia pueden alimentar las movilizaciones colombianas: las consignas circulan, las frustraciones se reconocen y los dirigentes encuentran nuevos argumentos. No hace falta imaginar una conspiración para que exista contagio político. Petro puede utilizar las protestas europeas para reforzar su convocatoria, pero hay una diferencia entre defender el derecho a manifestarse y promover un paro sin explicar sus objetivos, costos y consecuencias. El pequeño comerciante que deja de vender y el trabajador que pierde su ingreso también pagan la factura.

El absurdo de prometer otra vez lo que no se resolvió

Europa advierte que ni siquiera los Estados ricos pueden financiar indefinidamente sus compromisos con deuda. Colombia necesita protección social, pero también responsabilidad fiscal, resultados verificables y prioridades claras. 

La chequera pública no se llena con discursos. Cuando deja de girar, hay que ir al banco, pedir prestado y aceptar que alguien pagará. Lo irresponsable es volver a prometer como si la cuenta no existiera y dejarles la factura a los ciudadanos del futuro.

¿Con qué cara convoca Petro otro paro? 

Después de cuatro años de promesas, deja una Colombia endeudada, con la inversión debilitada y necesidades pendientes en salud, educación, vivienda e infraestructura. Dejó enfermas las finanzas y golpeada la confianza ética; ahora pretende encabezar la protesta contra los problemas que prometió resolver.

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Por José Guillermo Mejía J.

MBA,EOI. Especialista en Seguridad Social, Universidad Externado. Especialista en Ética y Pedagojía de los Valores, Universidad Javeriana. Especialista en control interno de instituciones financieras, Asobancaria. Programa de Desarrollo Directivo, Inalde. Contador público, EAFIT. Socio fundador del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga. Ex miembro del Consejo Directivo de EAFIT. Miembro de juntas directivas, profesor universitario, ejecutivo en empresas de diferentes sectores económicos.