Repensar las bahías vehiculares en Bogotá no es quitarle espacio al peatón, sino evitar que la detención de un vehículo colapse la movilidad

 - La mala jugada de eliminar las bahías vehiculares en Bogotá creyendo que así se protegía al peatón
Texto escrito por: Rodrigo Arenas Mayaudon
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Hay decisiones que se toman con buenas intenciones, pero que, con el paso de los años, merecen ser revisadas a la luz de sus resultados. Una de ellas es el tratamiento que Bogotá les ha dado a las bahías vehiculares, esos pequeños espacios junto a la calzada que permiten que un vehículo se detenga sin interrumpir el flujo de quienes vienen detrás.

Aclaremos algo desde el comienzo. No estoy hablando de convertir los andenes en parqueaderos ni de privilegiar el automóvil particular sobre los peatones. Estoy hablando de reconocer que una bahía bien diseñada puede ser un instrumento de movilidad y no simplemente un espacio para estacionar vehículos.

Pensemos en una situación cotidiana. Un taxi se detiene para recoger a un pasajero. El vehículo que viene detrás debe frenar y esperar o cambiar de carril. Lo mismo ocurre con un conductor de plataforma que llega por alguien o con un bus del SITP que realiza una parada. Son maniobras necesarias para el funcionamiento de la ciudad, pero pueden terminar generando congestión cuando no existen espacios adecuados para realizarlas.

Ahora pensemos en una ambulancia que necesita detenerse frente a un hospital. Tiene todo el derecho de hacerlo, pero si no encuentra un espacio apropiado puede terminar ocupando un carril de circulación. Y ni hablar de los vehículos transportadores de valores, los servicios técnicos, las entregas de mercancías o cualquier urgencia que requiera detenerse durante algunos minutos.

La pregunta es sencilla. ¿Qué instrumentos tenemos para que esas actividades puedan desarrollarse sin afectar innecesariamente a los demás?

Durante años, las bahías también estuvieron asociadas con vehículos que permanecían estacionados durante horas, conductores que invadían los andenes y establecimientos que terminaban apropiándose del espacio público. Recuperar esos espacios para caminar responde a una necesidad completamente válida.

El problema estuvo en que, bajo esa idea legítima de recuperar espacio para el peatón, terminamos estigmatizando la bahía misma, como si su única función fuera servir de parqueadero. Una cosa es permitir el estacionamiento permanente sobre el espacio público y otra muy diferente disponer de lugares para que determinados vehículos puedan detenerse durante unos minutos sin bloquear un carril de circulación.

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No se trata de recuperar todas las bahías que alguna vez existieron ni de llenar nuevamente la ciudad de ellas. Mucho menos de quitar espacio indiscriminadamente a los peatones. Se trata de entender que, en determinados corredores y bajo determinadas condiciones, pueden cumplir una función importante.

Además, Bogotá tiene otra contradicción que vale la pena revisar. En algunos lugares eliminamos espacios destinados a los vehículos argumentando, con razón, que debíamos recuperar el andén para el peatón. Pero después terminamos incorporando ciclorrutas sobre ese mismo andén y dejando corredores peatonales cada vez más estrechos.

Entonces vale la pena preguntarnos si realmente estamos diseñando el espacio público pensando en cómo conviven todos los actores o si simplemente estamos trasladando el problema de un lugar a otro.

Hay corredores donde una bahía probablemente no tiene ningún sentido y otros donde unos pocos metros destinados al ascenso y descenso de pasajeros, a una ambulancia o a operaciones de carga pueden evitar que un vehículo detenido bloquee completamente un carril. Ese análisis debería hacerse calle por calle y de acuerdo con lo que realmente ocurre en cada zona.

Porque en Bogotá hablamos muchísimo de reducir velocidades, restringir la circulación, controlar el estacionamiento y sancionar comportamientos indeidos. Son discusiones necesarias, particularmente cuando se trata de proteger la vida de quienes se movilizan por la ciudad. Pero hablamos muy poco de cómo hacer que la ciudad funcione con mayor eficiencia.

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Por Nota Ciudadana

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