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Este 27 de septiembre se cumplieron los primeros 50 días del gobierno de Abelardo De La Espriella y aunque aún es prematuro para hacer un balance de esa gestión, estas semanas sí son suficientes para conocer el talante de esta administración.
Por eso, procedo a destacar lo que, en mi opinión, han sido los aciertos, los errores y las metidas de pata en este despegue del gobierno De La Espriella.
Lo bueno:
- La capacidad de trabajo y la presencia permanente del Presidente. Durante el Gobierno pasado, los colombianos nos acostumbramos a las permanentes desapariciones del presidente Petro y a que los fines de semana se sumía en su “agenda privada”. Incluso, se volvió célebre la anécdota de que no llegó a una cita que tenía a las 4 de la tarde porque no lo despertaron.
En estos 50 días, por el contrario, Abelardo ha mostrado una capacidad de trabajo inagotable. Un día está en Santa Marta liderando los operativos en contra de los paramilitares de la Sierra Nevada y a las 3 a.m. del día siguiente aparece en Cali dirigiendo el combate contra las “ollas” que se han enquistado en el centro de Cali.
Durante la atención al terremoto del 10 de agosto fue varias veces al Chocó, estuvo en Cali en muchas ocasiones lo mismo que en Pereira, Manizales y los demás municipios afectados por el sismo. Sus jornadas de trabajo se prolongan durante más de 20 horas y los fines de semana no se toma un respiro.
- Resultados en la lucha contra los violentos: En tan solo siete semanas, De La Espriella ha propinado más golpes a los bandidos que Petro durante cuatro años. Han sido abatidos jefes paramilitares como “Bendito Menor” y “El Cholo” y han sido dados de baja decenas de miembros de las organizaciones ilegales. De igual forma fueron neutralizados alias “Felipe”, jefe de la columna Jamime Martínez y alias “Momo”, otro cabecilla de esa disidencia. Se siente la presencia de la Fuerza Pública en muchas zonas que habían sido abandonadas. Así mismo, se han autorizado 41 extradiciones, la última de ellas la de alias Araña, jefe del Comando Frontera, organización dedicada al narcotráfico que opera en el Putumayo y que había sido nombrado gestor de paz por Petro.
- Recuperación de la legitimidad del Estado: En estos 50 días de La Espriella ha dejado claro que no permitirá bloqueos a vías ni tolerará que las universidades públicas sigan siendo “repúblicas independientes” y usadas como guaridas a encapuchados que luego de atacar a la fuerza pública y de quemar vehículos se refugian en sus campus.
- Fin a privilegios en las cárceles: De La Espriella ha ordenado el traslado de decenas de cabecillas de bandas criminales, que seguían delinquiendo desde los reclusorios en los que se encontraban, a cárceles de alta seguridad, donde les quedará mucho más complicado continuar con sus actividades criminales. También ordenó el traslado del exgobernador del Valle, Juan Carlos Abadía, de la escuela de Caballería en donde se encontraba pagando condena en una “jaula de oro” y actuando como jefe político, a pesar de que está inhabilitado para ejercer esa actividad, a la cárcel de Villahermosa.
- Nombramientos adecuados: El Presidente ha acertado en varios de los nombramientos que ha hecho en su grupo de colaboradores. Entre ellos cabe destacar los del ministro del Interior, Rodrigo Lara; la ministra de salud, Ana María Vezga, el ministro de Defensa, Jorge Rangel; el ministro de Hacienda Miguel Gómez; la ministra de Transporte, Elsa Noguera y la embajadora en Washington María Consuelo Araújo.
- Juego al vicepresidente: Otro acierto de De La Espriella fue entregarle la responsabilidad de los temas económicos a su vicepresidente José Manuel Restrepo. También ha sido afortunado darle juego en otras instancias, como la presencia en la Asamblea de la ONU, a un funcionario que se ha mostrado asertivo, prudente y sensato.
Lo malo: Decisiones apresuradas.
El presidente de La Espriella ha tomado algunas decisiones apresuradas que traslucen cierto grado de improvisación. En especial destaco el caso de dos funcionarios, el director del Dane, Ricardo Valencia y el director de Colpensiones, Carlos René Montoya.
O se precipitó al designarlos, porque no tenían las competencias para ejercer los cargos que iban a desempeñar, o se equivocó al destituirlos.
A Valencia lo sacaron por manifestar en una rueda de prensa que no había encontrado manipulación de cifras en los datos de desempleo en el mes de julio pasado y a Montoya por dejarse “corchar” en una audiencia en el Congreso.
Esas decisiones suenan demasiado drásticas y el gobierno pudo haberse privado de dos buenos funcionarios que cometieron errores menores. En el caso del Director del Dane hubiera bastado una reconvención.
En lo que se refiere al exdirector de Colpensiones la determinación pudo haber sido más injusta porque al momento de atender la citación del Congreso solo llevaba dos días en el cargo y apenas estaba conociendo la entidad para la que fue designado. Tal vez su pecado fue no haber aplazado esa citación, pero de todas formas echarlo parece una destitución demasiado drástica.
Lo feo: Papayasos a la oposición: en estos dos meses, el presidente ha dado varios papayasos que han sido aprovechados por la oposición para cuestionar a su gobierno.
El último de ellos, aparecer armado en el operativo que lideró contra los “Pachencas”.
No es un delito y ni si quiera una falta, pero no está bien que un presidente elegido democráticamente, ande exhibiéndose en público con un arma al cinto.
La dignidad presidencial es un patrimonio de la democracia y por eso hay que protegerla a como dé lugar. Gustavo Petro se especializó en trapear con esa dignidad: lo pillaron en un prostíbulo en Lisboa, se dejó ver paseando tomado de la mano con una mujer en Panamá, cuando aún estaba casado, se apareció en una ceremonia militar vestido como si fuera para un parrandón vallenato, etc.
Una de las misiones de De La Espriella es rescatar es dignidad y en general lo está haciendo, pero no lo ayuda en esa tarea aparecer con una pistola al cinto, como si fuera el sheriff del pueblo.
Así como hay que aplaudir la valentía del Mandatario, al liderar esos operativos, no es prudente que se deje ver armado. Toda Colombia tiene clara la determinación de De La Espriella en materia de seguridad, con lo cual aparecer “enpistolado” en un operativo sobra.
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