Opinión

“Viagras” de abajo y arriba

Un ejemplo de cierta percepción machista: los problemas sexuales de los hombres están en el falo, los de las mujeres en el cerebro

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septiembre 25, 2015
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Pongo “Viagra” entre comillas porque aún no ha caducado su patente comercial pero todo el mundo sabe para qué sirve y la palabra viagra es de uso corriente.  Además se puede decir viagras en plural porque ahora hay masculino, femenino y hasta podría hablar uno de viagras de antes y viagras de ahora. Pero aunque se entiende para qué sirve muchos no confiesan para qué la usan (¿dónde, cuándo, con quién, etc.?).

Entre amigos varones casi no se habla de esto si no es entre chistes y con risa nerviosa pues la línea entre pudor y vergüenza es finísima, casi imperceptible, en el género masculino. Claro que en mi grupo (no sé si tenemos un voto de silencio, compañeros) jugando cartas y bebiendo se ha tocado el tema del viagra. Un amigo en particular, de delicada y herida autoestima, me solicita siempre que se la lleve desde Colombia donde se compra sin prescripción médica y es barata. Juzgando por su caso los hombres no usan el mencionado fármaco por impotencia (si el lector es varón, cruce los dedos repitiendo con fe ¡Vade retro Satanás!) sino por vanidad.  Vanidad quizás justificada por la traicionera memoria femenina pues un "estudio legítimo" mostró que “casi todas las mujeres del estudio recordaron el tamaño del pene inferior al que en realidad tiene”.

El citrato de Sildenafilo (Viagra) no es sino un vasodilatador que por liberación de oxido nítrico (NO) en el endotelio de los vasos del pene produce erección.  Se busca entonces una acción farmacológica local aunque pueden producirse efectos sistémicos adversos como hipotensión, arritmias y problemas cardíacos con dosis exageradas. Subrayo que el efecto buscado es local pero esa respuesta fálica estimula el cerebro superior de los hombres (si eso existe me dirán algunas feministas extremas) para completar el coito con bombos y platillos.

Ahora bien en algunos individuos cualquier cosquillita por allá abajo puede ser equivocadamente interpretada por su cerebro como el comienzo de algo mayor. Esto creo es el mecanismo de un viagra de antes, un viagra antiquísimo: la cantárida o mosca española. Desde el tiempo de los romanos se usó como afrodisíaco, los Medici la usaron como veneno, Fernando el Católico quizás murió por uso exagerado de ella). Hasta ha sido involucrada en la muerte de Bolívar, quien no necesitaba afrodisíacos creo, por el uso terapéutico no “amoroso” que hizo de ella el doctor Alejandro Próspero Révèrénd.

Ese viagra de antes y de abajo tenía un débil efecto vasodilatador (además irritante, abrasivo y vesicante en dosis altas) que podía ser interpretado como excitación sexual. Su uso ha llegado hasta nuestro días. Bill Cosby, hoy acusado de estupro por varias mujeres, la conocía desde los 13 años si hacemos caso de uno de sus monólogos grabado en 1969). Un ejemplo más de esa triste y criminal tradición masculina de conseguir relaciones sexuales con drogas, filtros de amor, mosca española y otras oscuras pepas.

De todas formas hay un gran mercado, legal e ilegal, para viagras de abajo, de arriba, masculinos y femeninos.  Sigo usando el término viagra en su más amplia y popular acepción pues hace unas pocas semanas se anunció en la prensa mundial la llegada al mercado de un “viagra femenino”. La BBC explica claramente que no debe llamarse así aunque usa ese nombre para la Flibanserina cuyo mecanismo de acción es totalmente distinto. Es una droga antidepresiva que actuando sobre el cerebro puede prescribirse a mujeres con la denominada Enfermedad por deseo sexual hipoactivo.  Parece que más o menos el 1% de la población femenina sufre esta condición en EE. UU. Los efectos del fármaco no son dramáticos ni inmediatos,  quienes lo toman reportan un evento satisfactorio más al mes comparadas con el grupo de pacientes recibiendo el placebo. El costo puede ser 400 dólares mensuales, pero algo es algo dirán algunos o algunas. Como es una droga siquiátrica, no de diversión y rumba, la mayoría de los seguros médicos podrían cubrirla. Lo que no pasa con el Sildenafilo pues la mayoría de los varones lo usan sin prescripción médica.

Me llama la atención un aspecto de esta búsqueda milenaria de afrodisíacos químicos: los masculinos tienen efectos pélvicos, los femeninos tienen efectos en el sistema nervioso central. Otro ejemplo más de cierta predominante y violenta percepción machista: los problemas sexuales de los hombres están en el falo, los de las mujeres en el cerebro.

O sea, a las mujeres hay que tratarlas medicamente, a los hombres solo ayudarlos un poquito. La psiquiatra Julie Holland, autora de un libro atrevidamente titulado Perras Temperamentales (“Moody Bitches”) dice en entrevista publicada en El Tiempo: “Creo absolutamente que la Flibanserina va a agravar el problema de la sobremedicación”. Y el problema de la crepuscular dictadura sexual masculina añado yo.

 

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