Una revocatoria con sabor a plebiscito: ¡que la gente firme berraca!

El proceso revocatorio de Quintero seguro será un ejercicio que continuará atizando la polarización que se vive en Medellín

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
junio 21, 2021
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Una revocatoria con sabor a plebiscito: ¡que la gente firme berraca!
Foto: Twitter @QuinteroCalle

Dos recientes movimientos reactivaron las plataformas de revocatoria a Daniel Quintero. El primero vino por el lado del gobierno Nacional con el nombramiento del viceministro del Interior, Juan Pablo Granados, como alcalde ad hoc para Medellín, con la única función de vigilar los protocolos de bioseguridad en el proceso de recolección de firmas. El segundo se decantó por el lado de la Registraduría al entregar las planillas oficiales de recolección de firmas.

De esa forma, las plataformas de la revocatoria “resucitaron” (algunos ya las daban por muertas) y asumen el compromiso de recoger 250.000 firmas como prenda de garantía para convocar una elección atípica en la que se decidirá la continuidad de Quintero en La Alpujarra.

La indignación de los revocadores

Quienes vienen promoviendo la revocatoria no se han concentrado en confrontar los datos o las cifras asociados a la ejecución del Plan de Desarrollo, es decir, la zona de confort de Quintero y su equipo (un grupo de yuppies y tecnócratas emergentes). A ellos los mueve la indignación y el resentimiento con un alcalde que llegó con el ímpetu de casar pelea con los sectores que han cogobernado la ciudad por cerca de dos décadas. Ningún argumento técnico o “contentillo burocrático” los va a hacer cambiar de opinión porque se mueven bajo motivaciones esencialmente personales.

El tono burlesco, insultante y arrogante de Quintero, quien los ha tildado de “hienas resentidas” y “viudos de poder” (usando como altavoz al perro rabioso de Alex Flórez), solo ha caldeado los ánimos y radicalizado a quienes se han trazado la meta de sacarlo del piso 12 de La Alpujarra por la puerta de atrás. Convertirlo en el primer alcalde revocado en la historia de Medellín y de paso liquidar su carrera política. Si es cierto que hay mucha “mala leche” en esa revocatoria.

Para logarlo, la intención de los revocadores se reduce a convertir la revocatoria en un plebiscito sobre Quintero. Medir en la calle que tan popular e impopular es un alcalde con índices de aprobación bastante regulares (de un 84% de aprobación inicial ha pasado al 55%) y ver como direccionan algunas de sus decisiones más polémicas; las metidas de pata (como aquella de inventarse reuniones para verse un partido de fútbol mientras a las afueras del estadio los manifestantes eran gaseados) y sus clásicas incoherencias (¿recuerdan aquello de “sin jefes o partidos políticos”?), así esperan alcanzar 250.000 firmas y convocar una elección atípica que logre convocar a cerca de 150.000 ciudadanos que den el sí para sacar a Quintero de la alcaldía.

Sin duda, es una labor titánica que requiere de muchísima logística, recursos e indignación. Y es precisamente la indignación lo que los mueve. Están buscando que la gente firme y luego salga a votar “berraca”.

Entre los indignados con Quintero se encuentran diferentes sectores sociales y políticos. No es un blanco y negro como lo quiere hacer ver el alcalde y su grupo de áulicos, no, en realidad, en Medellín hay muchas personas que se sienten engañadas, defraudadas y frustradas por sus decisiones y desempeño. Por su parcelación de la administración municipal entre sectores de la politiquería tradicional; su defensa de funcionarios cuestionados como el secretario Óscar Hurtado (un intocable según Quintero); su discurso divisorio y violento; sin embargo, en el apoyo frontal a la revocatoria solo se encuentran sectores cercanos al uribismo y la extrema derecha.

Obvio que hay políticos, empresarios y activistas apoyando, pero muy “bajo cuerda”, porque no quieren ser la cara visible de un proceso que podría terminar convertido en un estruendoso fracaso y que si es derrotado antes podría reforzar el capital político y social de Quintero, un alcalde ya de por sí impopular y desgastado.

Muchos ven la revocatoria como una previa para su verdadera acción estratégica: la retoma del poder en 2023.

La verdadera revocatoria  

Un proceso de revocatoria en una ciudad como Medellín resulta siendo algo novedoso. Por lo general, el alcalde de Medellín, sin importar su origen político o partidista, tiende a contar con altos índices de aprobación. Los paisas tienen cierto orgullo cívico con sus gobernantes y los califican bien en las encuestas; sin embargo, con Quintero esa tradición se ha visto lacerada, ya que se ha convertido en el alcalde con los índices de aprobación más bajos en los últimos ocho años. No son datos alentadores para un alcalde obsesionado con los datos.

Creería que en esos resultados se cruzan dos variables; por un lado, la incertidumbre derivada de la pandemia, con los altos niveles de desempleo y las restricciones que en su momento fueron tan impopulares; por el otro, la precaria estrategia de comunicación de Quintero, con logros para mostrar, pero en exceso dependiente de la comunicación emocional (algo que uso mucho en campaña); enfocada en sus peleas en Twitter y en la agresividad de su “ejército virtual” de contratistas y funcionarios, algunos reunidos en la plataforma de desinformación: Medellín Imparable.

Pero en la dialéctica confrontacional de la revocatoria, Quintero tiene todas las de ganar. Primero, ese mecanismo de participación ciudadana nunca ha sido efectivo (solo en un pequeño municipio de Boyacá) y solo es visto como una estrategia de revanchismo o un termostato para elecciones ordinarias; segundo, a punto de cumplir dos años en el cargo y ad portas de iniciarse elecciones nacionales, las dinámicas electorales no son favorables para una elección atípica que de ganar el sí obligué a convocar nuevas elecciones para elegir un mandato de solo dos años. Un mandatario que llegaría a gobernar con plena vigencia de la ley de garantías y entrando al cuarto año donde se pierde margen de maniobra; tercero, la verdadera estrategia de retoma del poder será en el 2023.

En esas elecciones la derecha político-empresarial que se dividió entre cuatro candidatos en 2019 espera unirse en un bloque que derrote frontalmente al quinterismo. Y claro que a bien lo podrían lograr.

Al momento, Quintero no tiene un claro sucesor. Su movimiento político llamado Independientes tan solo es un personalismo burocrático que ya está dividido (tras la ruptura con el concejal Luis Bernardo Vélez). Entre las posibilidades de “sucesión” solo aparecen dos nombres: Esteban Restrepo y Juan Pablo Ramírez. El primero es un burócrata gris que maneja toda la contratación y el segundo un politiquero sin carisma.

No me cabe la menor duda de que la verdadera revocatoria será en 2023. Así en 2022 llegue a la presidencia un gobierno alternativo, la derecha se podría reconcentrar en lo local y volver a tomar el poder de Medellín. Si no se vuelven a dividir y perfilan un candidato viable (porque Ramos fue un desastre) lo podrían lograr. De ahí que vea la revocatoria como un ejercicio innecesario, algo que antes podría fortalecer a Quintero y un desgaste de recursos y energías. Pero eso no lo entienden quienes sueñan con tumbar a Quintero, pues los mueve la animadversión y el odio.

Ellos harán todo lo posible porque la gente firme y luego salga a votar berraca. En eso ya tienen cierta experiencia y es algo que no se puede subestimar. Pero por el bien de la ciudad y para no entrar en una espiral de incertidumbre administrativa, lo mejor es que fracasen en su intentona. Y que su “berraquera” la guarden para el 2023. Ahí sí tendrán una verdadera oportunidad.

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