Smart Fit, el D1 de los gimnasios

Con precios baratos, la cadena brasileña ha logrado que más de 100.000 colombianos puedan ponerse en forma, algo que parecía un lujo de pocos

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marzo 25, 2018
Smart Fit, el D1 de los gimnasios

Smart Fit, llegó a Colombia en 2016, de la mano de +Fit en Medellín, empresa paisa de gimnasios que operaba por medio de franquicias. El acuerdo, permitió la entrada al país de la mayor red de gimnasios de América Latina y la quinta que más crece en unidades en el mundo. Los gimnasios de bajo costo, ideados por el brasilero Edgar Corona, se han convertido en solo dos años, en la segunda cadena más grande en el país después de Bodytech.

Edgar Corona, inició su cadena de gimnasios Bio Ritmo en un barrio de Sao Paulo en Brasil en 1996, pero fue la versión de bajo costo, Smart Fit, inaugurada trece años después la que acabó siendo su mayor éxito. Corona, ingeniero químico, trabajó por más de dos décadas en la empresa de azúcar y alcohol creada por su abuelo paterno, Usina Bonfim. Su objetivo era llegar presidente, pero todo se frustró cuando el consejo de la compañía resolvió profesionalizar la gestión, alejando a la tercera generación familiar de la dirección. En medio de disputas de poder, renunció.

Desempleado a los 40 años, decidió retomar un antiguo proyecto de una escuela de natación. Idea que sufrió varias modificaciones en medio de un paseo de amigos en las playas del Litoral Norte de Brasil, y que dio origen a la primera Academia Bio Ritmo, en el barrio de Santo Amaro de Sao Paulo, construida alrededor de las actividades de una piscina. Al principio, pagó el precio de la inexperiencia. "Tenía todos los defectos arquitectónicos posibles, faltaban hasta divisores en las duchas del baño masculino", recuerda Corona. Fueron varias las innovaciones que realizó, empezando por contratar un famoso arquitecto brasilero que creó un espacio limpio y sofisticado, diferente a todo lo que había en las academias brasileras hasta ese momento.

Con el paso del tiempo, Corona se percató que gran parte de la población brasilera estaba desatendida en cuanto a gimnasios, los precios no les permitían acceder. Fue el primero en Brasil que le apostó a la idea de democratizar los gimnasios. “El emprendedor tiene que tener un papel social”, dice. “El mío es ayudar a combatir el sedentarismo”.

Viajó a ferias en Estados Unidos y copió modelos como Planet Fitness, donde para lograr precios bajos, se eliminaba a los profesionales deportivos que recorren los salones de máquinas, siendo sustituidos por monitores de TV. Hoy estos monitores, han sido a su vez, sustituidos por un App que el cliente descarga en su dispositivo móvil y le permite conocer su evolución y progresos, más de 1.000 videos con imágenes y descripciones, valorar el consumo calórico, conocer los entrenamientos programados y valorar sesiones realizadas, entre otras funciones.

La competencia no aceptó fácilmente la quebrada de precios, los líderes del mercado en la época les prohibieron a sus profesores dar clases en sus espacios. Más dura fue la lucha contra los sindicatos y asociaciones de profesores de educación física, inconformes contra la pérdida de relevancia. Cuando creó Smart Fit, en más de una vez Corona escucho que iba a quebrar a Bio, pero para él, una no da la pelea con la otra, son simplemente públicos diferentes. Y como comentó alguna vez “Si alguien me va a dar una patada, mejor que sea yo mismo”.

En dos ocasiones, casi fue a la quiebra. En 1997, sin dinero y sin clientes, arriesgó todo, vendió inmuebles y tomó nuevos préstamos para financiar la expansión de la marca. Por esta época, la periodista Soraya Corona, que comenzó a salir con el empresario, se convirtió en la asesora de prensa de Bio Ritmo, luego en su esposa en 2000, y hoy es la directora del grupo. En 2007, el negocio enfrentó otra gran crisis, cuando un problema en un software de gestión generó tamaño descontrol en las cuentas que casi hunde a la compañía. La salvación apareció en 2010.

Patria, uno de los mayores fondos de inversión de Brasil, compró el 50% del Grupo Bio Ritmo, con un aporte inicial de 70 millones de reales (61.600 millones de pesos). Después, la empresa de Corona recibió otros 450 millones de reales (396.000 miles de pesos), que incluye recursos de Patria, del Fondo Soberano de Singapur y de otros socios minoritarios.

Su estrategia de entrada a los países es a través de alianzas, además de la realizada con +Fit en Colombia, a Ecuador entró a finales del año pasado de la mano del empresario Enrique La Motta, dueño de los centros Phisique Wellness Club. A México entró hace seis años en alianza con el Grupo Martí. En Chile acaba de comprar O2, aliado que manejaba su franquicia.

Actualmente, Smart Fit tiene 510 unidades entre los diferentes países: Brasil, México, República Dominicana, Chile, Ecuador, Perú y Colombia. Próximamente abrirá sedes en Argentina y Paraguay. En total, suma más de un millón y medio de alumnos en la región. Smart Fit representa el 80% de los ingresos del Grupo Bio Ritmo. Impulsada por la marca de bajo costo, la compañía viene creciendo, en promedio, un 30% al año desde 2009, a pesar o debido a la crisis económica de la región. Su plan de expansión estima en cinco años lograr cuatro millones de alumnos.

En Colombia, Smart Fit completó los más de 100.000 usuarios, en las 36 sedes que posee entre Bogotá, Medellín, municipios del Valle de Aburra y Cundinamarca, Montería, Cali, Cartagena, Palmira, Popayán y Barranquilla. Con siete sedes en construcción, próximamente abrirá Santa Marta y Valledupar, su plan de inversiones durante los próximos cinco años será de $ 130 millones de dólares. La estrategia es continuar con el ritmo de mínimo 1.000 afiliaciones por semana.

 

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