Se despide el 2022 con promesas incumplibles para el 2023

¿Por qué para esta época a casi todos nos invade el afán de trazarnos las mismas metas que cada año eventualmente dejamos atrás?

Por: German Peña Cordoba
diciembre 29, 2022
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Se despide el 2022 con promesas incumplibles para el 2023
Foto: Engin Akyurt - Pexels

El 2022 fue un año de hechos trascendendentales. Lo más destacable a nivel regional fue el cambio de gobierno en Colombia. Después de que la hirsuta derecha gobernara por más de 200 años, los colombianos se cansaron de la corruptela, despertaron y cayeron en cuenta de que la dictadura de derecha lo había hecho mal. Así pues, se eligió por fin un gobierno de corte progresista. ¡Bien por Colombia! La manipulación de la sociedad hizo que tal decisión fuera muy demorada, pero por fin llegó. "Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe", decía mi abuela Petrona Oliveros. 

Si miramos un poco más atrás, con escasas excepciones, se intentó un cambio. Fue en el primer período de gobierno de Alfonso López Pumarejo (1934-1938) donde se planteó la Revolución en Marcha, la cual implicó una verdadera transformación en el sector rural. Por lo demás, los resultados finales nunca han sido favorables al pueblo y esto salta a la vista: una vergonzosa desigualdad social, que parte el alma y arruga el corazón. Hemos tenido que soportar muchas guerras cuyo desplazamiento forzado ha originado los cinturones de miseria que hoy se ubican en las laderas de las principales urbes colombianas.

El mal duró más de cien años y hubo cuerpo que lo resistió con estoicismo. Ahora bien, para llegar a esta trascendental decisión de cambio, se tuvieron que acumular demasiadas desilusiones, frustraciones y promesas incumplidas, como las descritas previamente. También se tuvo que neutralizar el acostumbrado fraude electoral, que no deja de ser recurrente en los comicios en nuestro país.

Por otro lado, en el 2022 que agoniza fue el fin de la pandemia, aunque esta todavía dé sus coletazos. En el plano deportivo, Argentina ganó el Mundial de Fútbol, todo porque tuvo la buena fortuna de no vérselas con Colombia en el campo de juego. Desafortunadamente, nuestro país no clasificó, si lo hubiera hecho otro gallo cantaría. En fin...

En todo caso, para el 2023, año que comienza, casi todos nos convertimos en presos de las promesas que probablemente no cumpliremos. A casi todos nos invade el síndrome de prometernos lugares comunes difíciles de cumplir. Los propósitos más comunes son bajar de peso, asistir rigurosamente al gimnasio, velar por nuestra salud y hacer del deporte una religión.

Así mismo, prometer dejar la bebida es muy común. Juramos y decimos exultantes “no vuelvo a beber y esto lo digo borracho y lo sostengo en el guayabo". A los 20 días, el personaje se encuentra en las mismas, bebiendo de nuevo. Igual sucede con la promesa de dejar el cigarrillo, sin importar la espada de Damocles que pende sobre el fumador: el enfisema pulmonar. En mi caso, dejé la bebida hace 18 años y ¡¡no he vuelto a beber!! Aunque hay que reconocer que una bebida socialmente controlada no afecta, llegué a la lúcida conclusión de que la bebida no me traía nada bueno y no me conducía absolutamente a nada, aparte de dejar ruina económica y enfermedades. 

A la par, todos nos prometemos aprender a escuchar, no casar peleas estériles con nadie, ser el mejor marido del mundo (para muy pronto darse cuenta de que para que todo funcione bien dentro de la relación matrimonial lo mejor es decirle sí a todo), cambiar los malos hábitos alimenticios, etc. De hecho, las dietas draconianas por ejecutar son producto del arrepentimiento de los deslices gastronómicos cometidos en el mes de diciembre. Promesas… solo promesas. 

¿Qué pasa con las buenas intenciones que tenemos para el año nuevo?, ¿qué pasa con las metas que se escuchan habitualmente y que uno mismo hace y cree? Generalmente nada, puesto que son incumplibles y exigen mucha disciplina y rigurosidad en el actuar. ¡Feliz año nuevo! 

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