Retos del Pacto Histórico
Opinión

Retos del Pacto Histórico

El PH requiere sembrar en la mente de los ciudadanos que su modelo es mejor que el de sus opositores. Si lo logra, podría repetir triunfo en el 2026

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abril 28, 2024
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Para que la administración Petro aumente el apoyo social, requiere una sintonía diferente a la que tiene con la ciudadanía. Necesita demostrar que su gestión mejora de manera tangible la calidad de vida de la mayoría de la gente. Que es capaz de dirigir la transición hacia un modelo menos elitista, ajustando y no torpedeando el modelo productivo que sostiene el andamiaje actual de la sociedad. Requiere sembrar en la mente de los ciudadanos que ese modelo es mejor para el futuro del país frente al que ofrecen sus opositores. Si lo logra, el PH podría repetir su triunfo en el 2026-2030 y con el tiempo afianzar el modelo socialdemócrata que tantos beneficios trajo en Europa.

Mejorar la sintonía con el país implica establecer relaciones con los muchos tipos de ciudadanos, de familias y de individuos, con intereses y sueños contradictorios con los planteamientos del gobierno. En el mercado de ideas y posturas que transitan por los canales del debate público, se ven contradicciones en cada tema. La polarización es una reacción emocional que se deriva de la proyección que cada cual hace según considere sus intereses amenazados o protegidos.

Para los ancianos desamparados que nunca se pudieron afiliar a un sistema de pensiones -y sus familiares que los sostienen- la reforma es un alivio. Que alguien se acuerde de entregarles plata, es un milagro pues no les cuesta. Tampoco les preocupa el origen de los recursos. Les cae dinero del cielo como Pambelé llevó la luz a Palenque de San Basilio que sirvió para alumbrar la pobreza sin producir transformaciones. Hay un gobierno que quiere hacer justicia social y los beneficiaros aplauden, es su interés, y lo defenderán porque les cae del cielo un regalo. Pero no todos creen en que los regalos solucionen los problemas.


Con el tiempo el Pacto Histórico podría afianzar el modelo socialdemócrata que tantos beneficios trajo en Europa.


Para los trabajadores pensionados o cerca de pensionarse tras 20 años de cotizaciones, el cambio genera temores. Ven amenazados los ahorros que hicieron para el otoño de su vida por la poca credibilidad en la eficiencia del estado para administrar y en la seriedad de los políticos. ¿Se va a gastar el gobierno (los políticos) sus dineros en otras cosas? ¿Se quedará sin su mesada? ¿De qué va a vivir si ocurre el desastre? Las dudas sobre los ingresos para una vejez tranquila surgen como en forma de miedo. Sus intereses vitales están amenazados y resienten las acciones del gobierno.

Ocurre lo mismo con otros sectores. Los administradores de los fondos de pensiones privados y los múltiples sectores asociados al modelo que se derivó de manejo de los ahorros de los trabajadores, también ven amenazado su futuro. Al igual que los inversionistas y desarrolladores de proyectos productivos o de obras de infraestructura que se apalancan con el ahorro pensional. Un ejemplo es el Metro de Bogotá. El amplio sector creado alrededor del andamiaje financiero y desarrollista que el manejo privado de las pensiones permite, se ve amenazado. No se oponen a los subsidios pensionales, sino a que le quiten los recursos que administran con eficiencia, para gastarlos en subsidios que consideran insostenibles en el tiempo.

Los subsidios se pagarán en parte con transferencias del ahorro de quienes trabajaron y cotizaron. Pero las sumas no dan. Todo el mundo sabe que ni el dinero ahorrado, ni sus rentas, alcanzarán para pagar pensiones y subsidios porque suman más de lo que ingresa. Entonces se tomarán recursos del presupuesto o créditos externos porque nadie, salvo Milei, se atreve a quitar subsidios.  El efecto es que se desestabiliza la macroeconomía, porque las finanzas públicas tendrán un hueco creciente. Prestar dinero al estado con desequilibrio fiscal tiene más riesgos y genera mayores tasas de interés.

Mientras el estado no demuestre capacidad de pago de su deuda, la economía en su conjunto se afectará. La inversión y la generación de empleo caerán. El estado recauda menos, pero debe pagar más para hacer justicia social. El problema es que las reglas del capitalismo bajo el que funciona la economía colombiana no encajan con los objetivos sociales que necesita el país. Hay acuerdo en la necesidad de mejorar el estándar de vida de los desprotegidos, pero no en la forma de lograr esta meta.

La visión simplificada del PH es que el estado le debe quitar más plata a los sectores que más producen, para repartirla entre los desposeídos, y en ese camino cree que el sector privado no debe administrar servicios ni recursos públicos porque lo que gana en este proceso se lo quita a los pobres. No contempla que pierdan más los pobres si el estado administra mal esos servicios.

La otra visión, es la de quienes creen que se debe estimular el desarrollo productivo privado para que al estado recaude más y reparta mayores beneficios. Considera que los privados administran los servicios y los recursos públicos con rentabilidad sí, pero con eficiencia y exhibe las estadísticas del Dane para demostrarlo. Desconfían de los gobiernos y de la clase política. Creen que crearán burocracias insostenibles y que la corrupción atrapará rentas que afectan el desempeño. Y más grave, que en el estado no existen equipos profesionales con experiencia para manejar esos monstruos empresariales, y menos, que el estado cuente con el conocimiento y la investigación necesaria para mantener a flote esos servicios.


La visión del PH considera que gastar más en justicia social, hará con el tiempo más productiva la economía, pues con más gente educada, con mejor salud, vivienda y transporte trabajarán mejor. Pero ¿cree la mayoría de los colombianos que esta es la mejor opción? Este es uno de los problemas de sintonía del gobierno. Las dudas sobre la capacidad del estado para lograr un mejor reparto de bienestar son enormes. El respaldo a los proyectos del PH se desvanece y los intereses amenazados se atrincheran para defenderse.La visión del PH considera que gastar más en justicia social, hará con el tiempo más productiva la economía,


La visión del PH considera que gastar más en justicia social, hará con el tiempo más productiva la economía


Los colombianos, mayoritariamente conservadores frente a su modelo de desarrollo, confían poco en las instituciones. Inclusive en la democracia como sistema para resolver los problemas y dirimir los conflictos e intereses. En este sentido el gobierno podría ajustar su modelo de desarrollo local con sistemas de participación y discusión con los sectores afectados y los beneficiados. Los consejos comunitarios de Petro podrían convertirse en microconstituyentes de planeación concertada que mediante el intercambio de conocimientos y experiencias le permita a cada interés regional encontrar su fórmula para crecer. Imponer una reforma será visto como una forma de cobrar venganza por la indefensión y el abandono de los más pobres, y es un esfuerzo que puede revertirse bajo un gobierno que no sea del PH.

La sintonía ante esta contraposición de visiones, que es de intereses, consiste en buscar el camino para que el andamiaje productivo que ya funciona se mantenga y crezca, pero se ajuste con una visión social que el neoliberalismo le quitó.  El propósito de repartir mejor los frutos del desarrollo y ofrecer oportunidades a nuevos emprendedores, es político y cultural, no económico. En este sentido la tarea es sintonizar al país en un propósito común. La gente -rica o pobre- sacrifica intereses o parte de ellos, si considera que la causa es provechosa para su futuro, para su sociedad. No lo hace si considera que es un desperdicio.

Para que el PH llegue a las elecciones de 2026 con chance de repetir, tendrá que ampliar su coalición de 2022. A su derecha hay mucha oposición y descontento. Los sectores del centro que apoyaron el cambio desertaron y son difíciles de recuperar. El 60% de espectro electorado se califica a sí mismo de centro, el 15% de izquierda y la derecha más dura suma el otro 25%. El resto, 10% son indecisos que están allá o acá según lo que ocurra.

El PH cree que tiene suficiente para pasar a segunda vuelta en 2026. Pero es insuficiente para ganar en esta ronda, porque el resto de derrotados en la primera tienden a unirse en contra. Entonces la fórmula de radicalizar el gobierno y a la ciudadanía, siendo el PH minoría y el gobierno impopular, deberían replantearla. Por supuesto, tienen un año para mostrar resultados porque el tercer año de gobierno en realidad es el último.

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