La decisión del Consejo Nacional Electoral de excluir a Iván Cepeda de la consulta del Frente por la Vida confirmó que este organismo es el brazo político de la reacción contra el Pacto Histórico y que su empeño es el de poner freno a un proyecto de frente amplio que busca coaligar a las fuerzas comprometidas con el gobierno del cambio con las de otros sectores no tan afines, pero sí contrarios a que el país retorne a la tenebrosa noche de la inequidad sin remedio, del cercenamiento de la democracia, de los falsos positivos, del exterminio de la oposición y de todas aquellas tenebrosas prácticas.
Los argumentos de exclusión tienen su justificación en la normatividad vigente, pero en una normatividad que bien pudo haberse interpretado en sentido contrario, todo con arreglo a una hermenéutica de signo favorable a la democracia y no a los intereses de los sectores plutocráticos, cuyos privilegios están presentes en todas las páginas de nuestra historia.
Porque una triste realidad de Colombia es que sus disposiciones legales están tan plagadas de vacíos y ambigüedades que bien pueden ponerse impunemente al servicio de quienes menos necesitan ser favorecidos con una determinada interpretación.
Ejemplo de ello fue este, el del CNE, al decir que quien haya participado en una consulta —como lo hizo Cepeda el 26 de octubre— debe cumplir su resultado, sin aspirar a participar en ninguna otra, así la primera hubiera sido para escoger un precandidato y la segunda, un candidato. Hilando fino, podríamos decir que los electores escogimos el 26 de octubre a un precandidato y que el CNE lo convirtió en candidato con su decisión del 5 de febrero.
Esa actitud no nos sorprende. La que sí causa sorpresa, además de indignación, es la de algunos petristas que se muestran reacios a aceptar que el derecho que tanto reclamaban para sí —el de lograr que Cepeda pudiera fijar su foto en el tarjetón del 8 de marzo— lo ejerzan otros que ya tenían la suya pegada en él.
Hasta antes de que Cepeda recibiera el NO, esta consulta era vista como “un acuerdo entre las fuerzas progresistas para llegar con un solo candidato a la primera vuelta”. No puede ser, entonces, que quienes ya estaban en la baraja esperando el reconocimiento de Cepeda sean vistos como hijos de la peor madre, a los que hay que echar al fuego por presuntamente querer dividir al progresismo.
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