"Maribel no estaba muerta, se había ido con las Farc"

Marinela buscó durante años a su prima querida y finalmente la encontró, como muchos, en los Llanos del Yari en la última conferencia de las Farc en armas

Por: Marinela Cedeño
enero 28, 2019
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Foto: Las2orillas

Salimos a las tres de la mañana. Parecía un día normal de labor, pero mientras empacábamos nuestros equipos de trabajo yo llevaba conmigo la ilusión y la esperanza intacta. Íbamos varios periodistas de diferentes medios de comunicación, todos hablaban de las expectativas respecto a esta conferencia y yo, mientras disfrutaba de un espectacular amanecer, pensaba en cómo sería ese reencuentro del que solo mi camarógrafo y yo sabíamos.

Después de tres horas llegamos a San Vicente del Caguán (Caquetá) y los nervios se apoderaban de mí. Ahora sí nos dirigíamos a la Décima Conferencia Nacional Guerrillera, que se llevaría a cabo del 17 al 23 de septiembre de 2017. Fueron muchas horas de camino hasta que finalmente arribamos a los campamentos. Allí habían más 290 medios de comunicación, tanto nacionales e internacionales.

Hicimos el registro respectivo y nos dirigimos hacia los campamentos donde teníamos que dormir. Un poco temerosa, empecé a hacer mis preguntas, hasta que fuimos entrando en confianza y me llené de historias, aunque yo quería escribir la mía... Así, cansada de caminar, me fui a descansar, aunque me sentía algo incómoda por estar ahí. Sin embargo, al final, el agotamiento me hizo dormir.

A la mañana siguiente, después de ver el bello amanecer en los Llanos del Yarí, Caquetá, decidí que era el día ideal para el reencuentro, así que me puse las botas y salí a buscar historias. Me puse a cocinar con los guerrilleros mientras me contaban el motivo por el que estaban allá. La jornada terminó y nada que ocurría lo que yo estaba esperando, ya era un día menos...

Al día siguiente tuvimos el ingreso al campamento donde estaban los grandes mandos de las Farc. Estando allá, mi camarógrafo me miró sonriendo y me dijo “hoy sí fue”. Teníamos una hora en ese lugar y en mi desesperación por buscar a mi prima se me olvidó hacer bien las entrevistas. Yo empecé a preguntar si alguien conocía a Maribel y nadie me daba razón, porque dentro de la guerrilla la llamaban por otro nombre.

Entonces, con nervios, mostré la foto que llevaba de ella y fue cuando alguien me llevó a donde se encontraba. El tiempo se paralizó y ahí fue cuando me di cuenta de que la mayoría de los medios estaban capturando ese momento. No hubo palabras entre nosotras, solo un abrazo muy fuerte. Me parecía mentira verla, pues a Maribel la hacíamos muerta. Fueron 18 años de no saber nada de ella.

Después de que las cámaras se retiraron un poco, ella me contó cómo estaba. Yo tenía muchas preguntas, pero el tiempo era corto. Al igual que yo, ella estaba feliz. En medio de todo, aprovechó para enviarle conmigo un mensaje a su mamá, Me pidió que le dijera que estaba bien y que las cosas iban a cambiar.

Era yo quien le tenía que dar una muy buena noticia a mi tía, a esa mamá que por muchos años le pidió a Dios por el bienestar su hija, una hija que ella ya hacía muerta. Fue maravilloso regresar a casa y poder decirle a la familia que todo estaba bien. Hubo lágrimas de alegría.

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