Los dolorosos últimos seis días de La Cacica, la mujer que puso a sonar el vallenato en el mundo

Los dolorosos últimos seis días de La Cacica, la mujer que puso a sonar el vallenato en el mundo

A la exministra Consuelo Araujo la secuestraron las Farc, caminó descalza sin parar y cuando estuvo a punto de ser rescatada la asesinaron por la espalda

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diciembre 27, 2023
Los dolorosos últimos seis días de La Cacica, la mujer que puso a sonar el vallenato en el mundo

No importaba donde estuviera, Consuelo Araujo Noguera siempre le cumplía a la Virgen de las Mercedes su promesa. Así que, a pesar de los fragores políticos, del acoso de sus enemigos, el 24 de septiembre del 2001 dejó todo lo que tenía que hacer y se fue a la iglesia del Patillal a arrodillarse ante su patrona en su día. Llegó a la iglesia de ese pueblo del Cesar con un vestido color mandarina, saludando a todo el mundo. La gente que la vio ese día, además de acordarse de sus tres escoltas, se acordaron de que no llevaba tacones sino un calzado bajito que después sería crucial en esa historia.

La fe mueve montañas, pero también puede llegar a causar imprudencias. A La Cacica, como le decían por su temple, el frente 59 de las FARC se la tenía jurada. Se movían además por los lados del Patillal. En ese momento se habían roto las conversaciones del Caguán y la guerra estaba en su momento más candente. Los secuestrados se convertían en moneda de cambio. Consuelo fue nombrada en el año 2000 Ministra de cultura por el entonces presidente Andrés Pastrana. Estuvo poco más de un año en el cargo cuando dio un paso al costado debido a que su esposo, Edgardo Maya, fue elegido Procurador General de la Nación.

Su paso por el Ministerio no estuvo exento de polémica. La Cacica amaba el vallenato, incluso lo convirtió en la música más importante del país y le dio toda la relevancia cultural cuando desde La Casona, el lugar donde vivía junto a su primer esposo, Hernando Molina Céspedes, invitaba a tocar a todos esos indígenas que bajaban de la Sierra Nevada cantando historias o noticias que convertían en canciones. En esa casa, donde se hospedaban figuras que representaban el poder en Bogotá, el vallenato se fue consolidando.

A finales de los años 60 el entonces presidente Alfonso López Michelsen, quien aprendió de ella a el gusto por la música campesina  de la Sierra, escuchó su idea, la de cambiar las fiestas de la Virgen del Rosario por lo que Consuelo Araujo ayudó a nombrar: el festival de la Leyenda Vallenata. Valledupar caminaría para siempre. El primer rey vallenato no sería otro que el gran Alejo Durán. Pero no sólo fue desde la política sino desde un micrófono de radio.

Tenía un programa en Valledupar de 12 a 1 de la tarde en donde no le temblaba la voz para denunciar todo lo que estaba mal. Consuelo entonces se granjeó enemigos. Algunos eran tan duros, tan implacables, como las FARC.

La Cacica
Consuelo Araujo Noguera, un mito que no se acabará jamás.

Por eso, fiel a sus pasiones, la Cacica afirmó que la música oficial del país sería el vallenato y en las escuelas, más que sobre Bach o Beethoven, debería enseñarse el legado de Leandro Díaz y su corte. Se abrió campo con dificultad, pero triunfó y el ritmo empezó a sonar sin barreras. Consuelo Araujo aliada con la entonces directora de Colcultura Aura Lucia Mera en el gobierno de Belisario Betancur irrumpieron con cumbia y vallenato el ceremonioso Palacio donde Gabriel García Márquez, conocedor como nadie del vallenato, recibió el Premio Nobel el 10 de diciembre de 1982. Fue la ocasión para que los Hermanos Zuleta le compusieron una inolvidable canción titulada El vallenato nobel.

Pero veinte años después los problemas que atormentaban a Consuelo Araujo era otros.

Después de asistir a la misa quería regresar a su casa en Valledupar. La gente en Patillal sabía que en la carretera podría haber problemas. Las FARC eran fuertes y controlaban esa ruta. En el Sector de la Vega el conductor alcanzó a ver que había un retén con uniformados. Consuelo creía que era el ejército, le ordenó al chofer parar, no escuchó a sus escoltas. Quería saludarlos, darles la mano. Cuando le pusieron una pistola en la cabeza supo que no había marcha atrás. Era el Frente 59 de las FARC. Se la llevaron ahí mismo.

Consuelo tenía 61 años y se encontraba en buena forma física. Sin embargo, nadie está preparado para caminar subiendo una montaña durante 15 horas diarias. Los zapatos se le reventaron el primer día. Los pies empezaron a sufrir el rigor de la travesía. El gobierno de Andrés Pastrana que había establecido dialogo en búsqueda de llegar a un acuerdo con las Farc se movilizó buscando su liberación. Y su esposo Edgardo Maya Villazón hizo hasta lo imposible.

Cuando estaba todo listo para su liberación las balas le apagaron el 29 de septiembre del 2001.  El ejército iba estrechando el cerco de los guerrilleros comandados por Omar Antonio Castrillón Luque, alias César, Cecil Alfonso Rodríguez Sánchez, alias Amauri y Samuel Arias Galvis alias El Tigre.  Cuando llegaron a la Nevadita, un sector a cuatro mil metros por encima del nivel del mar, las Farc dieron la orden. El cuerpo lo entregaron a sus familiares dos días después. Valledupar entero la lloró al igual que los grandes cantantes del vallenato. Ahí, ese día, con la muerte de La Cacica, fue cuando empezó el mito.

Muchos años después su nieta, Diana Carolina Molina, le contó al programa El Expediente de Caracol, algunos detalles que hablaban del temple de la Cacica. De la manera como desafió a los guerrilleros. Cuando el ejército la encontró vio que en sus manos tenía resto de cabello que no era de ella, lo que evidencia que a pesar del cansancio y los estragos de la caminata, supo pelear hasta el último momento; incluso físicamente en un momento crucial de su vida.

Siempre peleó por sus convicciones, por su vida y pulso a volar el vallenato hasta convertirlo en la música popular más escuchada de Colombia logrando influenciar a grandes músicos como Carlos Vives, quien con su álbum Clásicos de la Provincia le dio otra dimensión a esta música de juglares.

Un ritmo y unas letras que lo dispararon como artista igual que muchos que vendrían después como Silvestre Dangond. Y La Cacica, con su labor invaluable a través del Festival de la Leyenda Vallenata detrás de todos ellos.

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