Entre montañas cubiertas de neblina y a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar, la Laguna de Guatavita se posa como un espejo esmeralda que parece sostener el susurro del pasado. No es solo un cuerpo de agua; es un lugar donde la historia ancestral de los muiscas se mezcla con la naturaleza, con ese aire frío que envuelve Sesquilé, el llamado “pueblo dorado” de Cundinamarca.
El paisaje, intacto y silencioso, rememora los orígenes de una de las historias más poderosas del país: la leyenda de El Dorado. Cuenta la tradición que allí, junto a la laguna, los caciques se cubrían de polvo de oro antes de sumergirse en sus aguas en rituales sagrados. Fue esa historia la que encendió la codicia de exploradores europeos hace siglos y aún alimenta la fascinación de quienes, hoy, caminan estos senderos.
La laguna de Guatavita, un destino en Cundinamarca que exige pasos lentos
El viaje hasta este lugar no es trivial: subir a Sesquilé desde Bogotá es como trasladarse a un tiempo donde el ritmo lo marca el viento y no los relojes. Al llegar, las fachadas coloniales y las calles empedradas cuentan un pueblo que ha conservado su esencia sin concesiones.
Para visitar la laguna hay que hacerlo con medida y respeto. La Reserva Forestal Protectora Laguna del Cacique Guatavita y Cuchilla de Peña Blanca ofrece recorridos guiados, de aproximadamente dos horas, con salidas periódicas, en los que siempre se debe permanecer con un grupo y acompañamiento de guía autorizado.
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La caminata, más que un paseo, es una lección de ecología y memoria: los senderos interpretativos permiten observar fauna y flora de páramo, comprender la cosmovisión muisca y detenerse ante miradores naturales desde donde la laguna aparece como un ojo profundo entre cordilleras.

Pero visitar Guatavita también exige disciplina. No se permite el ingreso de mascotas, alimentos ni bebidas para proteger el frágil ecosistema; tampoco está permitido acampar, hacer picnic ni usar drones que puedan perturbar la fauna.
Las transacciones dentro de la reserva, incluido el ingreso y otros servicios, se hacen únicamente en efectivo porque no hay señal para pagos electrónicos. Tampoco hay parqueadero, así que lo más sensato es dejar el vehículo en Sesquilé o Guatavita y avanzar a pie o en transporte público desde allí.
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