El papero que supo enfrentar el TLC

El papero que supo enfrentar el TLC

Las papas multicolores de Ventaquemada son una delicatessen que sirven en los mejores restaurantes

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julio 24, 2014
El papero que supo enfrentar el TLC
Foto: Isabella Bernal - Las2Orillas.CO

Ventaquemada fue un punto estratégico en el bloqueo de las carreteras durante las manifestaciones campesinas porque comunica a Tunja con Bogotá. Las populares fotografías de hombres de ruana tapando las autopistas boyacenses fueron tomadas en este pequeño pueblo papero que se resistió a bajarle el precio a sus bultos. A raíz de estas protestas que tuvieron poco eco en la legislación estatal, Don Pedro, decidió hacerle frente al TLC con un producto que siempre había estado allí pero que nadie se había atrevido a comercializar: las papas multicolores.

A tres mil metros de altura enclavado en las tierras húmedas de los páramos boyacenses crece este tesoro alimenticio que solo se da en Colombia. 56 variedades de papas nativas: rojas, amarillas, negras y moradas, que fueron redescubiertas por este campesino que se cansó de enfrentarse al Esmad con palas y machetes, y decidió competir vendiendo.

Las vetas moradas que tienen las papas nativas son antioxidantes.

Las vetas moradas que tienen las papas nativas son antioxidantes.

Don Pedro salió para Bogotá a investigar el mercado de su producto. Confirmó que cada familia consume aproximadamente cinco kilos de papa al mes y que además la mayoría de los buenos restaurantes las vendían en la modalidad de papas fritas. De regreso a Ventaquemada reunió a sus amigos cultivadores, los mejores catadores de papa del país y a las expertas en los fogones. Recogieron las papas más raras que encontraron en la tierra y con ellas prepararon de distintas maneras su tradicional cuchuco, ajiaco y mazamorra. Eligieron tres que por su forma, color y sabor eran las mejores para cocinar, sobretodo para fritar: la criolla manzana, de cáscara roja e interior amarillo; la pacha negra, alargada y deforme; y la andina ventaquemada, una papa con vetas moradas.

El restaurante La Biferia sólo ofrece productos que apoyen la agricultura colombiana.

El restaurante La Biferia sólo ofrece productos que apoyen la agricultura colombiana.

Con un bulto de fique lleno de estas papas raras, Don Pedro viajó a Bogotá a buscar a los clientes. Las primeras puertas que tocó fueron la del Bogotá Beer Company, una cadena de cervecerías artesanales con 20 puntos en la ciudad que no esperó en arrebatárselas para cambiar las sabaneras con las que acompañaban sus hamburguesas por las nativas de Ventaquemada. La Bifería fue el siguiente en interesarse, un consolidado restaurante de carnes con cinco sucursales, que las convirtió en un acompañamiento para sus platos.

La confianza de estos dos clientes le sirvió a Don Pedro para convencer a los catorce mil habitantes de Ventaquemada de que el camino no era pelear por el precio sino que el negocio era venderle esas papas de formas extrañas, poco atractivas para ellos, a los propietarios de los restaurantes a quienes les parecían curiosísimas. Se organizaron, empezaron a cultivarlas y a despachar bultos de papas nativas para la capital.

Después vino la polémica por la ley 970 que prohibía la resiembra de semillas a los agricultores, pero los de Ventaquemada ya estaban organizados y lograron hacerle el quite a la ley. Las papas nativas fueron consideradas parte de la riqueza del país y los campesinos quedaron exentos de comprar semillas certificadas. Por el contrario el ICA los capacitó para que ellos mismos produjeran sus semillas, las comercializaran y hoy tienen la custodia de este bien inmaterial. Ellos no dependen de Monsanto -de quienes se declaran enemigos-, porque tienen el control de una producción pequeña que aunque no compite con la avalancha de las importaciones, entra al mercado como un producto de lujo.

Don Luis fabrica las mochilas en fique y el pan de arracacha a mil pesos en el pueblo Boyacá, Boyacá.

Don Luis fabrica las mochilas en fique y el pan de arracacha a mil pesos en el pueblo Boyacá, Boyacá.

Don Pedro y los campesinos de Ventaquemada no esperan que sus papas se vendan en los supermercados porque tampoco quieren exponerlas a químicos que les aceleren el crecimiento y pongan en riesgo el buen sabor y la calidad natural de sus papas. “No queremos envenenar”, dice Don Pedro. Por eso les piden a los empresarios que se las compren a un precio justo porque es la única manera de mantenerse en el mercado.

Todos los días Don Pedro, Don Luis y los demás se levantan a las cinco de la mañana a ordeñar las vacas. Luego protegidos por sus impermeables de caucho, suben a revisar sus cultivos de papas, nabos, calabacín, y cuando están de recoger bajan con los costales llenos, directo al lavadero. Limpian sus productos y las empacan en los camiones que las trasladan a Bogotá. A las tres de la tarde se sientan a ver fútbol y así pasan toda la tarde. Ellos están tranquilos porque saben que su competencia no son los restaurantes Mc Donald’s ni la cadena de El Corral, ni tampoco la papa barata que entra de contrabando porque su producto es una joya que solo crece en Ventaquemada, Boyacá y que quienes la aprecian, la pagan por lo que vale.

El bulto de papa nativa cuesta 120 mil pesos, más caro que el de sabanera o la pastusa que no sobrepasan los 90 mil pesos.

El bulto de papa nativa cuesta 120 mil pesos, más caro que el de sabanera o la pastusa que no sobrepasan los 90 mil pesos.

 

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