El nuevo paradigma de la protesta social, la unidad y el cambio en Colombia

El pacifismo, el civilismo, el rechazo a la violencia venga de donde venga, y la capacidad de dialogar y llegar a acuerdos se están configurando como una nueva alternativa

Por: Mauricio Vargas González
julio 15, 2021
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El nuevo paradigma de la protesta social, la unidad y el cambio en Colombia
Foto: Las2orillas / Leonel Cordero

Cuba, Palestina y Venezuela sufren embargos y bloqueos criminales por parte de potencias extranjeras imperialistas. Estas generan hambre, destrucción del aparato productivo, escasez y miseria. No hay injusticia geopolítica salvo la invasión colonial y la conflagración bélica que pueda equipararse con este “genocidio suave”.

Soy un convencido que los regímenes auténticamente "populares o sociales" deben darle un tratamiento distinto a la protesta, venga de donde venga, no pueden reprimir brutalmente como acostumbran los establecimientos de la burguesía en toda su historia. O si no, ¿para qué fueron elegidos?, ¿para qué fueron apoyados y respaldados?

Es en el marco de la democracia, la libertad de expresión, la lucha de ideas y el concurso del constituyente primario, de la ciudadanía en su conjunto, como se deben dirimir las contradicciones y resolver las tensiones políticas e intereses contrapuestos.

En Colombia no solo la extrema derecha uribista reprime, como lo ha hecho el gobierno fascista de Uribe-Duque, negándose a cualquier entendimiento con el Comité Nacional de Paro (quienes convocaron al paro nacional del 2019 y del año en curso, quienes agrupan legítimamente y con representatividad a las principales organizaciones sindicales, campesinas, juveniles, étnicas e indígenas del país).

También lo hacen algunos "tibios del centro" de la Alianza Verde y Compromiso Ciudadano, como la mano dura de Claudia López en Bogotá contra la juventud en el paro nacional del 2021, lanzando temerarias y calumniosas acusaciones a los Gustavos, Petro y Bolívar, de supuestamente financiar el vandalismo y la destrucción de los bienes públicos y privados de la ciudad.

Lo hizo también Fajardo en su momento frente a la protesta de las comunidades campesinas alrededor de Hidroituango, con el sambenito de que estaban infiltradas por las Farc.

Y ni que hablar del error cometido por el alcalde Daniel Quintero cuando autorizó la incursión del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) dentro de la Universidad de Antioquia, como si por un puñado de encapuchados irresponsables y violentos que no representan a nadie, tuviera que pagar toda la comunidad universitaria en su conjunto, poniendo sus vidas en riesgo.

Aunque voces dentro del movimiento Independientes expresaron su desacuerdo con la medida, ninguno de sus secretarios ni de sus concejales se atrevieron a decir nada al respecto.

Una política auténticamente progresista, alternativa y humanista, lo que debe propugnar es por fortalecer el diálogo social (pero el verdadero diálogo social con las fuerzas beligerantes en disputa, no los eventos de protocolo donde se habla el mismo idioma y donde no cabe la diferencia) con el fin de posicionar en de la sociedad civil a las fuerzas democráticas al interior de los movimientos ciudadanos, estudiantiles y juveniles y a los partidos políticos realmente democráticos, para llegar a soluciones conjuntas, resolver desde los puntos en común, construir desde las políticas públicas y la gobernanza una Colombia distinta a la de los conflictos, las armas, la pólvora y la muerte.

Cuando el Estado y la institucionalidad le da tratamiento de guerra a la movilización, a la protesta o a las Universidades, lo que se produce es un efecto paradójicamente contrario, se empoderan las expresiones radicales extremistas violentas y se alimenta la dinámica de violencia en un círculo vicioso y destructivo para la sociedad y la cultura en su conjunto.

Considero que el nuevo paradigma de la lucha política en Colombia es el del pacifismo y la no-violencia, el civilismo, el rechazo a la violencia venga de donde venga y la capacidad de dialogar y llegar a acuerdos con los sectores y comunidades que en su 99% le apuestan a la paz, la convivencia y el entendimiento para la resolución de las problemáticas nacionales, territoriales y locales.

Aun así, hay ejemplos que vale la pena considerar. El alcalde Ospina de Cali ha consolidado el diálogo social con la Unión de Resistencias de Cali, logrando pacificar la ciudad y construir una agenda para encontrar respuestas a las necesidades del pueblo caleño. También el alcalde Quintero de Medellín rechazó la militarización comandada desde el gobierno nacional y el secretario de Juventudes de Medellín Alejandro Matta ha venido acompañando juiciosamente las distintas movilizaciones del paro nacional 2021 para garantizar que no haya violaciones por parte de la fuerza pública a los derechos fundamentales de los manifestantes.

La Gobernación de Caldas y la Alcaldía de Manizales también han importantes diálogos con los protestantes, estableciendo mesas de diálogos con los distintos sectores sociales y gremios.

Los diálogos de los protagonistas de los bloqueos y marchas en Putumayo, Huila, Caquetá, Nariño y Cauca con la institucionalidad han venido fructificando.

La audaz y ejemplar actitud y resolución del gobernador de Magdalena, Carlos Caicedo, de sumarse a las marchas y de ponerse a la cabeza del Paro Nacional en el departamento, en contra de las políticas neoliberales y excluyentes del gobierno de Uribe-Duque. Lo que le ha valido la persecución del Ministerio Público.

Es decir, todavía hay tiempo para que las fuerzas democráticas y alternativas que derrotaron al uribismo en las elecciones locales y territoriales del 2019 tomen ejemplo el valeroso de los mandatarios de vanguardia y se sumen al inmenso torrente de protesta nacional contra el fascismo y el neoliberalismo del Gobierno Nacional de Uribe-Duque. Para que nunca jamás se parezcan al principal enemigo de la democracia colombiana…

Igualmente, hay chance histórico para que las fuerzas democráticas y alternativas se unifiquen todas en un solo haz de luz contra el fascismo, el neoliberalismo, el Uribismo, el Centro Democrático y su gobierno Uribe-Duque y en pro del desarrollo de la democracia, el diálogo y la paz en Colombia.

Existe la oportunidad de que vayan todas juntas y elijan un gobierno, un presidente y un congreso progresista y de cambio histórico que enrute por fin al país a los albores del siglo XXI, a la vanguardia de las revoluciones industriales, cibernéticas, tecnológicas, científicas, sociales, políticas, culturales y económicas.

Los patriotas y progresistas de Colombia llamamos a todas las fuerzas de la democracia a que se junten… ¡Se puede!

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