La primera autoridad con peso en Washington que aterrizó en Venezuela para reunirse con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, fue el ministro de Energía, Chris Wright. Un empresario que llegó al cargo con una larga trayectoria en la industria del fracking y los servicios petroleros en su equipaje. Es fundador y director ejecutivo de Liberty Energy, compañía renqueada en el tercer puesto entre las de servicios para la explotación de petróleo y gas no convencional en Estados Unidos.
Con Delcy, Wrigh pasó revista a la operación de la estadounidense Chevron en Petroindependencia, bloque en que está asociada con Petróleos de Venezuela, Pdvsa en la Faja del Orinoco. Para elevar la producción de petróleo en Venezuela es fundamental recomponer la muy deteriorada infraestructura. Esa es la gran experiencia de Wrigh.
Porque antes de su entrada en el gobierno, la empresa que fundó en 2011 en Denver, Liberty Energy es uno de los principales proveedores de servicios a las empresas de fracking en Estados Unidos y creció con fuerza durante el auge del shale- Entonces, se convirtió en un actor influyente en la conversación sobre política energética. Hoy Liberty está a la cabeza en sistemas que reducen emisiones y mejoran la eficiencia productiva. El año pasado facturó USD 4.000 millones y tuvo utilidades de USD 148 millones.
La llegada a Trump
Wrigh se dio a conocer a nivel nacional como firme defensor desarrollo del fracking, particularmente en cuencas como la Pérmica, la DJ Basin en Colorado y otras regiones productoras clave, y eso lo acercó a Trump. El argumento de que el gas natural y el petróleo de shale han sido fundamentales para reducir los precios de la energía, fortalecer la seguridad energética del país y disminuir las emisiones de carbono frente al uso del carbón, fue definitivo.
Se alineó con el discurso de la “dominancia energética” de los republicanos y con su familia donaron USD 228.390 a la campaña 2024. Al frente del Ministerio de Energía, Wright ha mantenido ese discurso. Ha defendido la necesidad de convivan hidrocarburos, energía nuclear, renovables y nuevas tecnologías de captura y almacenamiento de carbono. Su visión contrasta con sectores que priorizan una transición acelerada hacia energías limpias, pues Wright insiste en que la transición debe ser pragmática y basada en la realidad de la demanda global. Y ha enfrenado a los críticos que ven inadecuada su condición de petrolero y formulador de políticas.
En el fondo, lo que se trata es mantener el liderazgo de EE. UU. como productor de petróleo y gas. Allí tiene papel clave el crudo de Venezuela. Wright ya ha puesto a Delcy en línea y para redondear, la Oficina de Control de Activos Extranjeros levantó el viernes a cinco grandes petroleras las sanciones que pesaban sobre el petróleo de Venezuela, en la medida energética con mayor impacto desde la captura de Nicolás Maduro.
La licencia autoriza a BP, Chevron, Eni, Repsol y Shell a operar en Venezuela. Les permite realizar transacciones prohibidas por el reglamento de sanciones, pero le impide realizarlas con personas o empresas de China, Rusia, Irán, Cuba o Corea del Norte, para que los activos petroleros venezolanos no terminen en manos de esos países.
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