El lavadero de plata que se esconde tras un concierto de reguetón

Los narcos ahora pagan lo que sea por pasar desapercibidos. Crean sus propios cantantes. Escogen a un pelao con cara entre ñero y gomelo, y luego le tatúan

Por: Mateo Duarte del Castillo
noviembre 24, 2022
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El lavadero de plata que se esconde tras un concierto de reguetón

El narcotráfico es algo así como una multinacional que sin ninguna marca registrada, sin un solo comercial, sin nada de marketing, factura anualmente lo de Coca- Cola o Nike. Esas billonadas (sí, con b) que genera el narcotráfico vienen siendo la cuarta pata de la mesa que ayuda a sostener toda la economía del país; es la pata que muchos niegan ver, y aun así la sostiene.

Los narcos ahora pagan lo que sea por ser invisibles, por pasar desapercibidos, pero el real problema no es ganarse esos camionados de plata; eso es relativamente fácil: sembrar la mata de coca, pagar a grupos de delincuencia organizada para que cuiden los cultivos, armar los laboratorios, procesarla en pasta base y, de ahí en adelante, los mexicanos se ocupan del resto. Es una muy baja inversión comparada con la ganancia obtenida (gracias en gran parte a la prohibición), el problema de verdad es cómo lavar esa cantidad de dinero.

Empiezan entonces a “invertir” en lo que sea, desde el puesto de arepas de la esquina, pasando por la construcción de vivienda nueva de todos los estratos, importación de bienes y, cómo no, en artistas, generar ganancias a partir de lo invertido no es la cuestión. Obviamente no van a darle plata al grupito de metal de Bosa o Barrios Unidos; no, ellos crean sus propios cantantes con el género que está pegando: el reguetón.

El asunto no es muy difícil, se hace un casting y escogen a un pelao con cara entre ñero y gomelo, flaco como un zancudo, le tatúan la cara con números góticos y una lágrima justo debajo de cualquier ojo, le ponen ropa de rapero tres o cuatro tallas más grandes, una prótesis dental removible para que le queden dos dientes de adelante plateados o dorados, sendas cadenas que le hagan juego con los dientes, par aretes en cada oreja y queda listo el mucharejo (ojo, en ningún momento dije que tenía que saber cantar, eso es lo de menos, es más,  nunca en su corta estúpida e intrascendente carrera lo hará).

Acá entonces entra en escena el productor musical que tiene a su cargo 10 o más zancudos disfrazados a su cargo, les ponen nombres “artísticos” como Jawy, Foamy, Bad boy, good boy, Half boy etc, les componen las letras (le compré unos pantys, ese culito ya es mío yo ya tengo los papeles, encerraos en un PentHouse en el Poblao) que igual no se les va a entender nada de tanto auto-tune, y son tan descarados de decir que ellos tienen flow, cuando en realidad cantan como un extorero que se retiró porque recibió una cornada en la boca y quedó con severos problemas del habla.

Entonces el productor le(s) componen la música que es una percusión lenta, lentísima repetitiva hasta la náusea (compás de 4/4, donde cada dos tiempos pasa algo, un efecto, un hi-hat, alguna pendejada) no hay intros claros, no hay coros, nada, igual la canción ya queda lista.

Ah, pero toca ahora hacer el videoclip, por supuesto, entonces llaman al patrón, al tinieblo, al duro, al productor ejecutivo para pedirle un avión o jet, un Maserati, un yate y unos 20 bailarines mixtos y pseudo-andróginos para filmar el videoclip. No sé si los anteriores bienes el duro los compra para el video o ya le pertenecían, el caso es que ahí les llega, meten el carro a un estudio de grabación con los bailarines y el pelao, iluminan con muchas luces de colores chillones, le restriegan los bailarines al carro y a Jawy por todas partes, se repite este proceso igualito, pero con el yate en alguna playa y listo.

Ahora toca entonces distribuir y promocionar al reguetonero, le pagan una payola generosa a varias emisoras (payola es darle plata a emisoras para que roten una determinada canción mañana, tarde y noche y digan mentiras como: “El nuevo hit de Jawy”), y le hagan entrevistas “exclusivas” en medios para que digan estupideces como “Yo aquí luchando y guerriando por mis sueños” como si estuviéramos en Disney ¿en serio, mamarracho prefabricado? Su carrera durará lo que dura una pompa de jabón, su éxito durará máximo 6 meses porque la plata ya se lavó y el nuevo artista, Foamy es el siguiente producto.

En cuanto al tema de conciertos alquilan un escenario para 60.000 personas, le meten una fortuna al montaje, luces, visuales, bailarines y hasta meten el Maserati al Stage cuando suena la canción hit “ese culito ya es mío”,  e imprimen igual número de boletas pero solo venden 25.000, no importa,  igual reportan que las vendieron todas y quien les dice que no. Así es que se lava plata señores y señoras.

De lo anteriormente escrito sobre blanqueo de capitales claro está, no tengo pruebas, pero tampoco dudas.

P.D.

Solo merece unas pocas líneas esa aberración llamada Bachata, con su máximo exponente Romeo Santos y su canto de Oveja huérfana, ese género daña el oído, el gusto y el criterio musical, qué cosa más fea y dañina.

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