Cuando Dietrich Bonhoeffer escribió, desde la prisión nazi, su teoría sobre la estupidez, no podía imaginar que ochenta años después su diagnóstico se materializaría con precisión en las democracias latinoamericanas del siglo XXI.
El teólogo alemán definió la estupidez no como una deficiencia intelectual, sino como un fenómeno moral e histórico, caracterizado por la renuncia voluntaria al pensamiento autónomo a cambio de la seguridad que otorga el rebaño (Bonhoeffer, Cartas desde la prisión, 1944). Paralelamente, el Efecto Flynn Inverso —el declive gradual y sostenido de capacidades cognitivas documentado en las últimas décadas— ha dejado de ser una hipótesis académica para convertirse en un fenómeno observable en la sociedad contemporánea.
La evidencia empírica de estos fenómenos ya no habita exclusivamente en revistas especializadas; se observa en plataformas como TikTok, X y medios tradicionales, en plazas públicas y, sobre todo, en las encuestas electorales. Colombia, a días de las elecciones presidenciales de 2026, ofrece un laboratorio para observar cómo el facilismo extremo y la obediencia ciega encuentran en ciertas figuras políticas su expresión más evidente. Lo inquietante no es la existencia de candidatos ultraderechistas, sino la naturalidad con la que sectores que hasta ayer se identificaban como centristas, liberales o progresistas, hoy claman por mano dura y soluciones inmediatas, respaldando candidatos vinculados a controversias legales o históricas.
El análisis de Elizabeth Dickinson para el International Crisis Group subraya que el atractivo de líderes como Bukele, Trump, Milei y Uribe reside en su capacidad de ofrecer soluciones simples a problemas complejos, lo que potencia el facilismo cognitivo contemporáneo: la demanda social por respuestas inmediatas que no requieren mediaciones institucionales, procesales ni deliberativas. El pensamiento crítico ha sido desplazado por la inmediatez emocional de los reels, los shorts y la gratificación rápida de los “Me gusta”, reproducciones o vistas.
Sin embargo, no es un fenómeno de “estupidez natural”. Bonhoeffer advertía que la estupidez es un instrumento de poder: quienes gobiernan la alimentan porque los individuos que aceptan dogmas sin cuestionamiento son dóciles y manipulables. Sectores que surgieron como resistencias legítimas —como ciertas corrientes de ecologismo, feminismo interseccional o activismos identitarios— han sido instrumentalizados hasta convertirse en versiones reducidas de sí mismos, generando discursos rígidos y lenguaje homogéneo que limitan la reflexión crítica.
Este escenario ha sido ocupado por una nueva derecha, descrita por Yanis Varoufakis como Derecha Alternativa. Abelardo de la Espriella fue abogado de las Autodefensas Unidas de Colombia en procesos de paz y su libro Muerte al tirano ha sido citado como una declaración explícita de su visión política. Sus ideas, según críticos, encarnan un libertarismo que en la práctica refleja un fascismo contemporáneo centrado en intereses de élites.
El desafío no es únicamente histórico, sino estructural: sectores del uribismo y de la derecha buscan reinstalar un orden institucional favorable a conglomerados económicos, replicando patrones de inequidad. Mientras tanto, algunos líderes de centro, como Roy Barreras y Sergio Fajardo, son percibidos como dependientes de estas estructuras económicas.
James Flynn documentó que la inteligencia no es una entidad biológica fija, sino una función del entorno cultural. La degradación del pensamiento crítico en sociedades contemporáneas responde a estímulos culturales: redes sociales diseñadas para adicción, sistemas educativos empobrecidos, medios que confunden información con entretenimiento y liderazgos que premian lo escandaloso sobre lo razonado.
Colombia está a punto de elegir, y la advertencia de Bonhoeffer resuena como un electrocardiograma plano: los datos no bastan contra la estupidez social. Se requiere reconstruir las condiciones materiales y culturales que permitan ciudadanos capaces de sostener contradicciones sin sucumbir al fanatismo. Soñar todavía es gratis, y esa capacidad crítica sigue siendo el primer paso para recuperar la deliberación democrática.
También le puede interesar:
Anuncios.

