Cine colombiano: roscas, convocatorias y ruedas de negocios

Cine colombiano: roscas, convocatorias y ruedas de negocios

El cine nacional se toma muy en serio a sí mismo, todo es drama, solemnidad. ¿Es muy pronto para hacer una película del estallido social en clave de humor negro?

Por: Mateo Duarte del Castillo
septiembre 17, 2023
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Cine colombiano: roscas, convocatorias y ruedas de negocios

Hablemos de cine colombiano: de roscas, convocatorias y ruedas de negocios.

En este país el que quiera hacer cine subvencionado por el Estado debe saber que hay temáticas y narrativas amarradas o preimpuestas tácitamente para que de pronto le boten algunas migajas para hacer la preproducción y rodar una parte del largometraje. Si quiere acabar de rodar la película y conseguir para la posproducción tendrá que ir por ejemplo al BAM (Bogotá Audiovisual Market) porque, repito, son migajas por parte del Estado.

Dicho lo anterior, ¿cuáles entonces son las temáticas que al jurado de Proimágenes y su directora, Claudia Triana de Vargas —quien lleva más de 20 años en el puesto, es decir, 5 gobiernos diferentes— les parece que son las correctas y aflojan entonces algunos millones?

Fácil: las películas que “visibilicen” cualquier clase de marginalidad y/o víctimas de lo que sea: del conflicto armado, víctimas de la reinserción de exguerrilleros, marginalidad de los “inmigrantes internos” y su sinfín de problemas al tratar de volver a sus territorios, inmigrantes venezolanos, y nuevas marginalidades como los trans y toda su estética queer del barrio Santa Fe (prostíbulos con luz neón, paredes sucias, droga); ah, y no olvidar la nueva sensación entre la rosca documentalista bogotana: lxs indígenas trans. Desde aquí se oyen los abrazos que se dan entre ellos mismos.

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Ahora bien, en el BAM la cosa es más o menos así: de entrada, en la ficha de inscripción le preguntan qué estrato es (¿?), y hace unos años descubrieron que el 80% de los y las inscritas se consideraban “blancos” ¡En Colombia! Esa idea debe ser de la Cámara de Comercio, ¿con qué fin?, habrá que preguntarles.

El BAM atrae a una multitud de personas emocionadas por encontrarse con representantes de grandes cadenas y ejecutivos. Bueno, también van practicantes o ejecutivos que asisten al evento sin muchas ganas, solo para disfrutar de los cócteles y las fiestas.

Si se hacen negocios en esta rueda de negocios, los cineastas se quejan de la falta de apoyo del público colombiano y se han implementado becas para formar audiencias y enseñarles a apreciar la calidad del cine nacional.

Es importante entender que el público europeo también tiene su propio nicho y hay que asumir que no todos van a apreciar el cine colombiano. Aunque producir películas en Colombia requiere un esfuerzo titánico. Los cineastas deben cuestionarse si prefieren tener un espectador de élite intelectual o 200.000 personas "comunes" a las que constantemente menosprecian y critican por no entender su trabajo.

 - Cine colombiano: roscas, convocatorias y ruedas de negocios

El año pasado, solo el 3.97%* de los espectadores en Colombia asistió a películas nacionales. Por supuesto, siempre se puede ver el lado positivo. La otra opción es refugiarse en un optimismo que tiene tintes clasistas y elitistas: es un gran porcentaje si consideramos que no contamos con publicidad, que no hay financiamiento... pero la respuesta más usual es que simplemente el público no sabe apreciar la calidad del cine nacional que, en cambio, es elogiado por personas de festivales internacionales en todo el mundo; pero por favor, creadores, dejen de depender de becas y grupos de formación de audiencias.

A propósito de élites, sucedió algo muy diciente hace poco: Claudia Triana se refirió al director de la Cinemateca (de Bogotá) como el "dueño" de la misma. ¡Qué comentario tan ingenioso! Claro, porque el director es el único propietario de toda la institución, como si fuera su reino personal. Por supuesto, esto generó algunas respuestas mordaces por parte de los directivos de Idartes. Uno de ellos, en un tono sarcástico e irónico, mencionó nuevamente al "dueño de la Cinemateca Bogotá" cuando tuvo la oportunidad de hablar esa misma noche.

El director de ese espacio dejó claro en Twitter que él no es el dueño de nada (#YoNoSoyElDueño). Ni lo soy, ni me comporto, ni lo quiero. ¿Es bien curioso ver cómo las élites se toman tan en serio estas situaciones públicas? Pero, ey, todos cometemos errores, ¿verdad? Aunque, bueno, cuando llevas más de 20 años en una institución pública, es comprensible que te sientas la dueña y trates a los demás como tus súbditos. Quizás fue solo un reflejo de su inconsciente.

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Volviendo a lo de las narrativas, el cine colombiano se toma demasiado en serio a sí mismo, todo es de un drama, de una solemnidad, de un tratar de ser profundos (alguna vez se logra, otras no). Entonces pregunto: ¿está muy pronto para hacer una película sobre el estallido social en clave de humor negro? (Ya se hicieron un par de documentales, pero nada aún ficcionado).

Tuvimos un presidente que fue un meme día tras día y fue el único que manejó con absoluto sarcasmo las revueltas (reunirse en Palacio con Maluma, mientras las calles ardían) y las redes fueron los ojos de todo, hay que contar eso.

Pero digo, que en forma de humor negro, porque el humor básico lo tiene acaparado Dago García con sus chistes de 90 minutos en clave de humor popular cada 25 de diciembre, buscando todo el tiempo esa cosa llamada “colombianidad”, o la idea que García tiene sobre eso —aunque hay que ser justos, una parte del recaudo de la taquilla de esas películas, Dago la invierte en largometrajes como El abrazo de la serpiente, entre muchas otras— pero vuelvo al tema.

¿Tenemos las heridas de la guerra aún tan en carne viva que no es momento de poder burlarnos de ella? Los gringos hasta 1983 hicieron MASH, una comedia antibelicista sobre la Guerra de Corea que es una joya, o también la comedia Tropic Thunder de 2008, de Ben Stiller, en la que un grupo de actores filman un largometraje sobre Vietnam y todo se sale de control.

De pronto una comedia inteligente sobre el conflicto colombiano ayuda a cicatrizar de otras maneras nuestras heridas. No se pierde nada con intentar… bueno, siempre y cuando a Claudia Triana le parezca.

*Fuente:https://www.larepublica.co/ocio/cines-de-colombia-registraron-37-7-millones-de-espectadores-para-2022-35-7-mas-3518487.

**Esta columna contó con el valioso aporte de Calostro, realizador audiovisual colombiano.

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