Carta a Arcadia escrita con el corazón

Historia de una relación entre Rosario Caicedo y la revista cuyo interés por la obra de Andrés Caicedo permitió que su libro CORRESPONDENCIA viera la luz, y sin censura.

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abril 26, 2020
Carta a Arcadia escrita con el corazón

Rosario Caicedo, quien vive en Estados Unidos quiso expresar con esta carta su agradecimiento con la Revista Arcadia por haber contribuido a que el libro CORRESPONDENCIA de Andrés Caicedo pudiera ser finalmente publicado, como lo ha hecho la Editorial Planeta.

QUERIDA ARCADIA:

Primero debo decirte que he querido escribirte estas palabras desde el minuto que supe este pasado 17 de Marzo que ya no existías, que los señores SEMANA te habían eliminado. Te desaparecieron rápidamente pero se negaron a aceptarlo. Algo así como, “ la matamos pero no está muerta. Esperen a que la difunta se aparezca más bonita y mejor vestida. Más viva que nunca”. Ay, esos mensajes incoherentes de los poderosos. Los que se creen dueños de la vida y de la muerte. Esos.

Cuando recibí la noticia de tu desaparición rápida y forzada yo me quise sentar a organizar mi indignación y a empezar a marchar con mis palabras. Las únicas “armas” que yo tengo. Lo único que tenemos los que amamos la libertad: el hermoso rompecabezas de nuestros abecedarios. Palabras y palabras.  Así lo dijo Beckett. Tú fuiste un ejemplo de esta buena utilización del abecedario durante toda tu existencia. Hasta que ya no fuiste.

Pero con respecto a mi tardanza, yo estoy segura que tú entenderás la razón de mi demora al no mandarte esta carta inmediatamente después que te hicieron desaparecer. ARCADIA querida, esta lectora tuya que te ha admirado por 15 años está viviendo cerca a Nueva York, casi en el centro del epicentro de la plaga. Literalmente. Y cada día algo aterrador sucede: las muertes por la peste, los diluvios repentinos que invaden las casas, los días y las noches que traen enfermedades extrañas con nombres aún más extraños. Cada viento puede depositar esta peste cerca de cada ser humano. Así que te puedes imaginar que ha sido muy difícil encontrar un momento de calma para escribirte, querida Arcadia. Créeme que es con la premura y con la urgencia de una persona que se encuentra inesperadamente en un campo de batalla que te escribo.

Pero ya que te pedí excusas y te expliqué las razones profundamente inusuales de mi demora paso a expresarte mi profundo agradecimiento por todo lo que me diste en tus años de vida.

Arcadia querida, mi relación contigo, como toda relación importante ha tenido varias etapas:

Primero, fue nuestra introducción. Sucedió hace tres lustros en una de mis visitas a ver a mi padre. Allí en su pequeño  apartamento  te encontré. Y desde el principio me capturaste con tus  artículos, con las entrevistas a autores que yo no conocía y tú me presentaste.  Largos artículos sobre libros desconocidos. Amigos en común empezamos a tener tú y yo, aunque tú todavía no me conocías. Yo era simplemente tu lectora fiel saboreando las carátulas y el contenido y el aroma tuyo. Aroma de papel. Contigo viajé, dormí, tomé notas, pensé, divagué… 15 años leyéndote.

Y un día durante esos quince años, en el año del 2011 recibí una llamada a través de una tercera persona quien me informó que tú, Arcadia, estabas interesada en publicar todo un glosario sobre “ La sexualidad de los angelitos”. Me explico: tú deseabas ahondar en la literatura del escritor Andrés Caicedo y en la influencia que su sexualidad podría haber tenido en su obra. Ahondar en él como persona y como escritor y valientemente, como siempre lo fuiste y lo eres, querías encarar el tema de su sexualidad. Y como parte del glosario, para la revista # 69, tú deseabas entrevistarme. La tercera persona pasó esta información no solamente a mi sino a mis hermanas Pilar y María Victoria Caicedo, las otras dos herederas

de unos textos, las palabras de Andrés que nunca escribimos.  A mí personalmente me pareció muy interesante el tema y te dejé saber que con el mayor gusto me reuniría con el escritor Giuseppe Caputo para ser entrevistada. Y así se hizo.

A Giuseppe, por teléfono y en persona,  mencioné muchísimas veces como me sentía frente al proyecto.“ Es un esfuerzo por querer descubrir al verdadero Andrés, es como estar sacándolo de su Calicalabozo. Es buscar la verdad”. Transcribo estas palabras, querida Arcadia,  directamente de mis notas de preparación de la entrevista. Hablar con Giuseppe fue un gran placer y compartir con el académico Felipe Gómez, encargado de escribir el ensayo principal sobre “La sexualidad de los angelitos” fue maravilloso. Todo un conocedor profundo de la obra del escritor Andrés Caicedo.

Y el número 69 salió, Arcadia. En Junio del 2011.Giusepe Caputto tituló la entrevista conmigo así: “ Abrir la celda del hermano” y la composición muy “ camp y gay ” de una  fotografía de Andrés Caicedo tomada por Eduardo Carvajal  apareció en tu cubierta.  Y tan pronto salió a la venta la revista, la ya fracturada relación  con mi familia se desgarró aún más. Mis hermanas María Victoria y Pilar, ofendidísimas, me expresaron en varias conversaciones telefónicas que la publicación había sido una completa falta de respeto a la “familia” y que yo había contribuido a un tema que “ no tenía nada que ver con Andrés”. Y que por lo tanto ellas escribirían sus propias cartas de protesta a ti ya que consideraban toda la edición # 69 algo digno de un periódico amarillista. “ Tienen todo el derecho”, les contesté.  “ Estoy segura que Arcadia las publicará”.

Y claro está, así lo hiciste. Las dos cartas de las señoras Caicedo, firmadas por Pilar y María Victoria respectivamente, aparecidas en tu revista # 70 , acusándote de tener  “una faceta amarillista” porque “ la sexualidad es un tema privado que a nadie le compete averiguar”, etcétera, etcétera, no pudieron ser más desafortunadas. Deberían ser usadas como ejemplos de la virulenta agresividad homofóbica que una pequeña burguesía se siente con el derecho a expresar para imponer sus propias reglas de “normalidad”.

Hago enfásis, querida Arcadia,  en este episodio del 2011, pues nuestra relación, la tuya y la mía cambió. Tú, a través del artículo aquí mencionado me ayudaste a ver sin tapujos la clarísima verdad que se venía gestando en la familia de Andrés Caicedo por décadas: tú me permitiste predecir  con exactitud de adivina lo que vendrían a ser los próximos años. Tú, Arcadia, permitiéndome ver lo que me tocó ver, me diste mayores fuerzas para luchar por la libertad de las palabras de Andrés Caicedo, escritor. Tú y yo entramos en una relación personal. Tú y yo luchando por una meta en común: LA LIBERTAD de todo tipo de arte. Porque sin libertad nunca habrá ni artistas ni arte. Tal como lo expresó siempre Andrés Caicedo. Tal como todos los artistas de la humanidad siempre han gritado. Para la libertad.

Y así continuamos, tú y yo a través de los años. Hubo varias entrevistas que me hiciste y yo publiqué algunos pequeños artículos.  En mi lucha por liberar las palabras de Andrés Caicedo de una censura cada vez mayor, nos encontramos tú y yo en un camino complejo y fascinante.  Y debido a lo que sucedió en ese camino, va aquí todo mi  agradecimiento.

Porque si no hubiera sido por ti, Arcadia, si no hubiera sido por el deseo de saber la verdad detrás de la censura del libro CORRESPONDENCIA, ya casi listo a salir a la luz en el 2017, pero censurado tajantemente por María Victoria y Pilar Caicedo, ¡sin haber leído las casi 200 cartas! Pero simplemente porque sí, ¡porque las cartas de un escritor no eran parte de su producción literaria!.  Estas ignorantes palabras después de haber dado autorización al Fondo de Cultura Económica de trabajar en un libro llamado CORRESPONDENCIA.  Cielos, recorchólis, exclamaría el escribidor de las cartas…o como lo expresó, indignado, Luis Ospina:

“ Rosario, ¿ será que la palabra correspondencia tiene otro significado en el diccionario de tu familia?

Y sigo: si tú en Junio del 2017 no hubieras publicado tu revista con el título LA MALA HORA DE CAICEDO en la cual el periodista Christopher Tibble escribió un detallado análisis de la censura familiar al LIBRO QUE  IBA A SER PERO NO FUE, esa correspondencia que finalmente saldrá publicada por Planeta,  se hubiera quedado en la oscuridad por completo. Te lo aseguro, Arcadia. Te doy fe de lo que hubiera sido el futuro de esas cartas: ninguno. Perdidas en medio de tantas cosas perdidas que se siguen perdiendo. Créeme, yo sé de lo que estoy hablando. Yo he estado, como se dice, muy cerca del cañón. Por años y años.

Así que tú contribuiste en una parte muy esencial  a que esas cartas pudieran salir a la luz. Porque gracias a ese artículo fueron muchas las reacciones a todos los niveles en contra de una censura absurda como es la censura. Y el tropel que se armó fue por ti: tú reportaste la verdad de una censura abierta y sin vergüenza. La censura habló y se expresó en tu artículo, y después que la MALA HORA DE CAICEDO salió a la venta, la censura hizo lo mismo del pasado: una carta de protesta firmada por María Victoria y Pilar Caicedo, las dos hermanas. Negando, claro está, que hubiera censura de alguna clase. Jamás. Una carta llena de errores cronológicos y literarios sobre la obra del escritor. La cual fue respondida en forma inmediata por Sandro Romero Rey y Luis Ospina con un título que lo dijo todo: “ Despedazando a Andrés Caicedo”. Y tú publicaste toda la controversia porque eso es lo que tú siempre hiciste.

El libro CORRESPONDENCIA, publicado por Planeta, teniendo como editor literario a Juan David Correa, estaba para ser lanzado en  esta Feria del libro de Bogotá. La feria que no fue. O que fue sin gente y sin libros que podamos tocar, acariciar, oler.

Esta FILBO 2020, querida Arcadia. Sin libros. Sin ti, pero contigo siempre, y con el sueño de los libros y del arte y de revistas como tú. Un homenaje a la utopía.

Desde aquí, lejos del país que me vio nacer,  estoy agradeciendo a cada uno de los que te crearon y trabajaron contigo. Tus editores, tus colaboradores. Y sueño también con tu nueva vida, Arcadia, una vida independiente de los poderosos.

Finalizo esta carta rodeada de una plaga que parece habernos mandado a otro planeta, a otra dimensión donde hasta los colores son distintos. Pero desde este planeta extraño te agradezco lo que hiciste por un escritor que experimentó la censura en carne viva desde que nació y continúa experimentándola después de muerto.  Esa “ mala hora” de la que Christopher Tibble escribió, te tocó a ti ahora. Pero aquí estamos todos los que te admiramos: defendiéndote, denunciando y escribiendo para que esa mala hora se termine, para que puedas vivir.

Gracias inmensas.

ROSARIO CAICEDO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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