Siglos sin poder respirar

Sobre la omnipresencia de la violencia policial en un sistema cuya estructura refleja un racismo histórico en Estados Unidos y en Colombia

Por: Lilia Solano
junio 08, 2020
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Siglos sin poder respirar

La oleada de movilizaciones en el mundo entero por el asesinato de George Floyd a manos de la brutalidad policial en su país, ponen sobre el tapete la omnipresencia de la violencia policial.

Este rasgo –la violencia oficial- llegó a niveles humillantes de mayoría de edad con la irrupción en el escenario político de figuras como la de Donald Trump y otros. Es muy probable que las manifestaciones masivas que sigue despertando el crimen contra Floyd a nivel mundial sean también expresiones de rechazo a lo que pasa en los diferentes lugares del globo.

Sin embargo, hay que decirlo brevemente: estamos nuevamente frente a un hecho innegable que ni el aislamiento de una pandemia puede ocultar: “la injusticia en una parte es un reflejo de la injusticia en cualquier lugar”.

El crimen perpetrado por la policía en una ciudad estadounidense es un indicador de que el racismo es un crimen que se comete allá y aquí. La pasividad con la que la ciudadanía colombiana responde a males de hondo calado como el racismo y la brutalidad policial, pareciera decir que esas dolencias no afligen a la mayoría. La ciudadanía estadounidense se levanta y Colombia pasa por alto que el Pacífico vivió el año pasado una de sus más grandes movilizaciones como parte de una larga lucha sostenida por afrodescendiente y que, por ejemplo, la semana pasada fue asesinado Anderson Arboleda por policías en Puerto Tejada, que se le acercaron a la puerta de su casa y lo mataron con golpes en la cabeza. Somos testigos de los asesinatos contra líderes sociales y no registramos el hecho de que los asesinan diariamente y que muchos de ellos mueren por la acción de policías y militares.

Es como si no nos hubiéramos tomado en serio el dato científicamente corroborado de que la raza no existe, que no es algo más que un ardid colonialista, una invención sin sustento en el engranaje biológico de individuos y sociedades y si de “razas” se tratara, hay una sola que es la “raza” humana.

Sin embargo, a partir de lo que podemos observar la injusticia en un lugar alimenta la bestialidad en todas las demás áreas. El racismo se expresa en desequilibrios como el uso de la fuerza policial que prefiere como víctimas a los afrodescendientes. Cuatro siglos sin poder respirar, al menos en lo que tiene que ver con el continente americano. Esa injusticia, de la herencia racista colonial, alimenta igualmente la injusticia contra compañeros de infortunios: pueblos originarios y sus descendientes, campesinos, mujeres, habitantes de los cinturones de miseria en las grandes ciudades etc. Las multitudes de los que no pueden respirar siguen acrecentándose.

Siglos sin poder respirar. El odio es grande; odio que cuando es de la estructura del poder es mortal, y que impide la respiración. Lo que se reclama no es mucho: poder respirar.

Resumen de las razones de la ira gringa en las calles:

1.       Este desgarrador grito es global que se escucha en solidaridad con Estados Unidos, tiene sus raíces en la profunda crisis de desigualdad en que vivimos y que durante la pandemia se ha expresado más claramente con la muerte indiscriminada de afroamericanos, latinos, inmigrantes en general; los que han muerto no solo victimas del virus sino víctimas de la crisis del modelo económico.

2.       Sin acceso a la atención en salud de calidad, una nutrición balanceada y una vivienda digna, los más pobres corren mayor riesgo en esta coyuntura y por tanto están más expuestos a enfermedades infecciosas y de mortalidad y aquí se suma que en este tiempo se produjo una pérdida de empleo sin precedentes. Muchos están en la primera fila como trabajadores esenciales, es decir que han estado expuestos al virus y con empleos inseguros y mal remunerados.

3.       Dado que la policía actúa con suficiente autonomía, esto facilita también el encarcelamiento de negros y latinos con la mínima justificación, a tal punto que la construcción de cárceles se convirtió en un jugoso negocio por la cantidad de población pobre que envían a las cárceles.

4.       Trump ha demostrado en sus tres años como gobernante la agenda de discriminación racial, utilizándola para sacar provecho electoral y en forma muy peligrosa ha fomentado toda clase de odios y divisiones que se articula con el nacionalismo blanco y podría llevar a una guerra civil que garantice su reelección.

Es posible que el crimen del que fue víctima George Floyd anuncie una “primavera negra”. Todavía es posible exigir que las leyes se apliquen contra la brutalidad policial y que, en las calles de nuestras ciudades, las laderas de nuestras montañas, los manglares y las llanuras se levante el grito del sujeto reprimido sin miedo a los disparos.

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