Con la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE), se confirma —según sus críticos— la peligrosa deriva en la que se ha convertido esta entidad, supuestamente creada para garantizar la transparencia en las elecciones y el accionar de los partidos.
Su actitud parcializada, afirman sectores del progresismo, se evidenció desde el año anterior al bloquear la unión de los partidos y movimientos que eligieron al presidente Petro, y en este año al impedir la participación de Iván Cepeda en la consulta entre precandidatos del progresismo.
Con su actuación frente al proceso de fusión de sectores de izquierda en un solo partido y frente a las consultas previas a la primera vuelta, el CNE —según esta visión— no obró como un tribunal electoral imparcial y se convirtió en un riesgo para la transparencia de la democracia y de las elecciones.
El comportamiento cuestionado del CNE ha llevado a plantear que, en una próxima reforma política y electoral, debería desaparecer o ser transformado de raíz para convertirse en un verdadero tribunal electoral, no escogido por los partidos políticos. También se le critica por haber asumido funciones que antes desempeñaba la Registraduría, especialmente en capacitación de jurados y pedagogía electoral.
“No es tan democrático que a una entidad de origen netamente político como el Consejo Nacional Electoral se le pidan decisiones jurídicas. En un órgano político se tienen mayorías o no se tienen y se visten de tecnicismos jurídicos fallos que en el fondo son políticos y que, si se toman en tiempos de campaña, sin duda buscan impactar el escenario electoral con decisiones que afectan la competencia democrática.
Las consultas no tienen claras las reglas de juego, no se sabe aún si un candidato puede participar en una o en dos ni bajo qué condiciones. No es tan preciso cómo ni cuándo alguien puede desistir y no se entiende por qué se pueden hacer consultas en varias fechas. La interpretación de las normas se estira según la necesidad que se tenga para trancar a un candidato y dar vía a otro, las personerías de los partidos van y vienen, se dan y se quitan como si se tratara del maquillaje para una fiesta, los candidatos brincan de partido en partido según su conveniencia y no hay normas de doble militancia que puedan contener la creatividad de los políticos para hacer lo que les conviene a ellos y a sus empresas electorales. Hecha cualquier ley, hechas todas las trampas.”, escribió Yolanda Ruiz en El País, de España.
También se ha denunciado que uno de los magistrados que votaría a favor de Cepeda viajó al exterior antes de la votación definitiva, mientras que otros conjueces habrían tenido cercanías políticas con sectores opositores. Estas circunstancias, según sus críticos, terminaron afectando la participación de Iván Cepeda en la consulta.
Después de que Camilo Romero y Luis Fernando Cristo se retiraran de la consulta, Iván Cepeda decidió no apelar la decisión e inscribirse para la primera vuelta, en la que se enfrentaría a otros candidatos de distintas corrientes políticas.
El presidente Petro protestó por la actuación del CNE y anunció que no participaría en la consulta. Junto con Iván Cepeda, recomendó a sus seguidores rechazar el tercer tarjetón.
Roy Barreras insistió en presentarse a la consulta del 8 de marzo como candidato de la coalición de gobierno y logró que otros aspirantes se inscribieran. Entre ellos estuvo el exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, cuya participación también generó controversia por haber estado en una consulta anterior.
La composición del CNE, integrada por representantes elegidos por el Congreso, ha sido objeto de cuestionamientos por parte de distintos sectores políticos. Estas críticas han reabierto el debate sobre la necesidad de una reforma política y electoral que delimite claramente funciones entre la Registraduría y el CNE, o que cree un organismo único más técnico-jurídico que político.
El debate de fondo no es solo sobre una decisión puntual, sino sobre la confianza en las reglas del juego democrático.
La discusión también incluye la proliferación de partidos sin estructuras sólidas, la transparencia en la reposición de votos y la necesidad de fortalecer la democracia interna de las colectividades, así como definir con mayor claridad el papel de los partidos en el gobierno y en la oposición.
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