La polémica que ha despertado el gravity bike en La Unión, Antioquia

La polémica que ha despertado el gravity bike en La Unión, Antioquia

Paradójico es que se inviertan diez mil millones de pesos para promover la cultura y el deporte, pero al mismo tiempo se prohíba su práctica

Por: Filanderson Castro
mayo 07, 2019
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La polémica que ha despertado el gravity bike en La Unión, Antioquia

En el municipio de La Unión, balcón verde del oriente antioqueño, se viene presentando un fenómeno que desde Norteamérica ha venido a instalarse en nuestro país teniendo gran acogida entre los jóvenes, el gravity bike. Este deporte consiste en utilizar una bicicleta modificada para descender a altas velocidades por carreteras de grados de inclinación variables utilizando el peso y la aerodinámica como elementos claves para mantener el control del vehículo.

Hasta este punto, la práctica no parece tener más problema que el riesgo que conllevaría cualquier deporte de velocidad, pero no es tan simple el asunto. Con un historial creciente de accidentes de tránsito y una cifra de muertes que aumenta cada día por la práctica, el gravity bike se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para las administraciones de gobierno, que en su afán de tratar de contrarrestar el fenómeno recurren a la prohibición y el uso de la fuerza pública para decomisar, amedrentar y en ocasiones golpear a los jóvenes que practican el deporte, mostrando así su falta de comprensión y capacidad para afrontar una problemática así de compleja, ignorando el abanico de variables que han convertido este deporte en una práctica suicida para nuestros jóvenes.

Para nadie debe ser un secreto que este deporte en nuestra región se ha instalado mayoritariamente en los barrios con más problemáticas económicas y sociales, siendo estos deportistas en muchas ocasiones víctimas de violencia intrafamiliar, familias disfuncionales y drogadicción, utilizando la práctica como una manera de desviar la atención de una realidad social deplorable, instalándose en un conjunto de deportistas con vivencias difíciles en común que se convierten en una hermandad que pide a gritos la atención del estado.

Dialogando con algunos de los practicantes que “descuelgan” por la vía La Unión-La Ceja es evidente que se requieren acciones inmediatas, pero que nada tienen que ver con la prohibición, la destrucción de sus bicicletas o la estigmatización sino con el acompañamiento social y psicológico, la estandarización, la profesionalización del deporte y la inversión en instrucción, entrenamiento e implementos… Con ver más allá de unas bicicletas raras y unos “marihuaneros”, como muchos tildan y han tildado a todos aquellos que en su tiempo han sido perseguidos por prácticas como el skateboard o el stunt.

Con bicicletas en pésimo estado, adobes de contrapeso sueltos y algunos bajo claros efectos de sustancias psicoactivas, se lanzan a más de 80 km/h desde “El Alto” hasta el municipio de La Ceja, sorteando una vía que de por sí ya representa un circuito bastante peligroso.

“Las personas nos rayan feo, a veces hasta nos quieren matar cuando nos ven, nos tiran los carros o las motos para que nos caigamos y si no, es que la policía nos espera abajo y nos apuñalan las llantas o nos pegan, pero eso no evita que sigamos, porque esto es como el fútbol o cualquier deporte, uno le coge cariño”, afirma uno de sus practicantes, que ante la pregunta sobre la muerte de algunos practicantes y el riesgo de que le pase algo similar respondió: “A nadie le gustaría matarse, aunque si pasa, que al menos sea haciendo lo que a uno le gusta y no por allá uno todo aburrido o enfermo ¿Si me entiende? Pero de todas maneras después de un accidente, uno ya se tira más suave, no es tanto el azote, pero es que no tenemos igual con que, ni bicicletas melas y muchos se tiran sin saber, y esos son los que se matan, y ni los mata el deporte en sí, los matan los carros o así… Uno tiene que estar pilas… Porque igual nadie nos presta atención, si vamos a una alcaldía de una nos quitan las ciclas”.

Es claro que la muerte o la prohibición no son factores que afecten la práctica de dicho deporte y es urgente que las administraciones tomen cartas en el asunto para evitar que estos jóvenes que, a pesar de sus difíciles condiciones, sueñan con ser grandes deportistas.

“Nosotros hemos visto en internet como por allá en Europa esos gringos hacen meros azotes y los premian con medallas y plata, y les hacen campeonatos y ea… Ojalá ome… A mi si me gustaría representar al pueblo o al país, aunque nos traten tan mal…”.

Es aquí donde la paradoja de nuestro municipio se hace evidente, con una inversión social y de infraestructura vergonzosa, se piensan invertir diez mil millones de pesos en la construcción de un parque que se presenta como un hito de progreso, de promoción de la salud, de inversión en el deporte y la cultura, pero ¿Es así realmente? ¿Necesitamos más canchas de fútbol o no tenemos? ¿O acaso son estos deportes los únicos que existen y que requieren inversión? ¿Es más necesario este parque que otras cosas en nuestro pueblo? Basta con ver el estado del skatepark, el coliseo o el CIC para saber que más que crear algo nuevo, necesitamos invertir en lo que ya tenemos… Sin desviar tanto el tema concluyo:

Si estos jóvenes con problemas sociales, con problemas de violencia y drogadicción no son los que necesitan que se les apoye, que se les motive al deporte y la cultura, ¿entonces quiénes son los que lo necesitan?

Lamentablemente tenemos administraciones facilistas, que no conocen de investigación, que intervienen en los efectos y no en las causas, y que, además, en su desespero de ocultar su mediocridad se inventan la necesidad y nos venden la solución, para que nosotros, como focas amaestradas, aplaudamos por la jugosa cereza de un pastel podrido…

¡Para el pueblo, canchas y circo!

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