La hora final de la fuerza bruta y la mentira
Opinión

La hora final de la fuerza bruta y la mentira

El poder derivado de riquezas y armamentos no puede pisotear la dignidad humana. Nazis y fascistas deben quedar sepultados en la historia.

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agosto 18, 2023
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Por estos días circulan noticias que mueven a preguntarse por la propia condición moral. Cómo debe pensar un habitante decente de este planeta en torno a la serie de hechos que suceden a su alrededor. La reflexión cabe tanto para asuntos meramente locales, como para desarrollos de la vida colombiana o la realidad internacional. En medio de tanta propaganda que nubla el entendimiento, se requiere un serio esfuerzo para juzgar con independencia.

Sin lucubraciones mayores expondré algunos dilemas. Un perfil en Twitter que no precisaré, y que se dedica diariamente a vitorear este tipo de acciones, nos presenta un video en el que un grupo de hombres golpea brutalmente con puntapiés y varas a otro que tirado en el piso recibe indefenso la despiada paliza. El texto explica que se trata de un ladrón que propinó una puñalada a un anciano para robarlo, argumento de más para justificar la llamada paloterapia.

Cualquier espectador puede inferir que, si aquella golpiza no se detiene, la víctima perderá la vida, lo matarán. No aparece la policía y aunque transeúntes y motociclistas se detienen por momentos a ver el espectáculo, nadie interviene. La publicación pregunta retadora si se está de acuerdo con el procedimiento, que obviamente el tuitero aplaude. Personalmente, considero aquello un crimen, igual o peor que el que cometió el ladrón, y que, por tanto, no puede apoyarse.

Aunque haya quienes llamen a generalizarlo cotidianamente. Lo correcto sería retenerlo y entregarlo a la autoridad, aunque se alegue que la justicia no opera y que la impunidad es la ley. La invitación a convertirnos en justicieros por mano propia se funda en el poder de la fuerza bruta, una exaltación al empleo de la violencia ciega como mejor solución, concepción que ha generado las mayores injusticias, guerras y crueldades en la historia.

Veamos el caso de Venezuela, un país que en elecciones libres llevó al poder a Hugo Chávez Frías, un político que se tomó a pecho la atención a millones de pobres, aplicando sucesivos planes o misiones para elevar su nivel de vida, transformando de ese modo las prioridades que los poderes dominantes tradicionales habían manejado hasta entonces. Para ello debía recuperar el petróleo, su principal recurso, de las manos de enormes grupos económicos.

No tardaron estos en ejecutar un golpe de estado para sacarlo de la presidencia, que fracasó por la movilización del pueblo venezolano en favor de su gobernante legítimo. Muerto Chávez, que acaparaba el respaldo multitudinario, la meta fue sacar a su sucesor, Nicolás Maduro, usando una gigantesca campaña de prensa y centenares de sanciones económicas, a la par que, promoviendo revueltas, atentados y múltiples presiones diplomáticas y políticas.


La fórmula del más fuerte, no ha sacado a Maduro ni al PSUV del poder, pero sí ha sumido a la población en la más angustiosa situación económica y social


De este modo indujeron la ruina económica, que además se convirtió en bandera a utilizar por los enemigos del gobierno bolivariano. A Venezuela le robaron sus reservas de oro y empresas muy boyantes en el exterior. Semejante vandalismo, en ejecución de la fórmula del más fuerte, no ha sacado a Maduro ni al PSUV del poder, pero sí ha sumido a la población en la más angustiosa situación económica y social.

Gobiernos retardatarios del vecindario se sumaron a la infame piratería, con la aspiración de que sirviera de escarmiento a sus propios pueblos, promoviendo, como Duque, los más viles ataques, acompañados de grotescas campañas difamatorias. Igual o más doloroso el caso de Cuba, sometida durante más de 60 años a un inhumano bloqueo por parte de los Estados Unidos, porque alguna vez decidió ser libre e independiente, emprendiendo su propio camino.

Ni siquiera las condenas anuales de la Asamblea General de la Naciones Unidas han logrado que termine ese bloqueo criminal. Porque lo ejecuta la mayor potencia planetaria, frente a la cual nada se puede en apariencia hacer. La misma que apoya al estado de Israel en su propósito de expulsar o exterminar al pueblo de Palestina, mediante el racismo, la violencia y el más abierto despojo, condenados también inútilmente en la ONU.

No hay que ser comunista ni revolucionario para comprender la razón que inspira a los negros de Níger, Malí o Burkina Faso, levantados con irrefutables razones históricas contra los remanentes ignominiosos del colonialismo europeo, y amenazados de múltiples formas desde París y Washington. El poder derivado de riquezas, ejércitos y armamentos no puede pisotear la dignidad humana. Nazis y fascistas deben quedar sepultados para siempre en la historia.

Del mismo modo que la corrosiva resistencia de los viejos poderes corruptos en nuestro país, de terratenientes, políticos, financistas y mafias de la peor naturaleza, validos de sus fichas en el poder del Estado, no puede ser superior a los impulsos de justicia y cambio que el pueblo colombiano, sometido por siglos a la avaricia vulgar e hipócrita de grandes intereses, intenta emprender con el gobierno de Gustavo Petro, requerido hoy más que nunca de masivo e incondicional respaldo.

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