¿Iván Duque, el títere?

Una opinión sobre lo que podría o no llegar a ser el electo presidente durante su mandato

Por: Alfonso Atencio Esquiaqui
junio 27, 2018
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¿Iván Duque, el títere?
Foto: Las2orillas

Una vez terminado el debate electoral del pasado 17 de junio, lo que nos queda por analizar, entre muchas cosas de este nuevo y nefasto gobierno de ultraderecha, es si el hoy presidente electo Iván Duque Márquez seguirá las pretensiones enfermizas del “innombrable” Álvaro Uribe Vélez de ser el poder en la sombra.

Sin duda alguna Uribe Vélez, el innombrable (la RAE, lo define como lo que no se puede nombrar), posee en su haber cerca de 16 años, colocando presidentes (Santos, y ahora Duque), más sus ocho años de gobierno (2002-2010). El innombrable ha logrado lo que Michel Foucault llamó en su concepción de poder, como el que está presente en cada intersticio del entramado social; esto quiere decir que aglutinó a los grupos más poderosos que lo detentan en Colombia por más de 200 años. Estos están representados en instituciones, espacios productivos, organizaciones políticas, vínculos familiares, lazos íntimos.

Por ello, no es casual que toda la maquinaria política, representada en los partidos de derecha hayan realizado alianzas para la segunda vuelta alrededor de la candidatura de Iván Dique; como también vimos a los gremios económicos del país (comerciantes, industriales, grandes agricultores, ganaderos, y demás); de igual manera a expresidentes (Pastrana el hijo, Gaviria el César, el mismísimo innombrable). Todos estos sectores logró unirlos alrededor del entonces candidato Iván Duque Márquez.

Por ello, Duque gana, no porque posea la mejor hoja de vida como administrador público que no la tiene; ni porque sea una figura política nacional. Gana la presidencia porque, como es sabido por todos, fue apoyado por estos sectores, como también porque fue “elegido” por el innombrable como su sucesor; y es el “Mesías” quien lo elige como su verdadero sucesor.

La otrora carrera pública de Duque la vivió más que todo en el gobierno de Andrés Pastrana, del lado de Juan Manuel Santos (siendo este Ministro de Hacienda).

El actual presidente electo es hijo del político antioqueño Iván Duque Escobar, quien fue ministro de Minas de Belisario Betancur, gobernador de Antioquia designado por Julio César Turbay y registrador Nacional durante el gobierno de Andrés Pastrana. Empero, Duque, nunca fue alcalde, gobernador ni tuvo recorrido por la carrera presidencial.

Duque que fue “elegido”, por su juventud y poca experiencia, para poder ser “manejado” por el uribismo; y para evitar otra “traición”. Por mucha experiencia política que tenga Francisco Santos, José Obdulio Gaviria, Paloma Valencia, otros cercano del nido de colaboradores, no les tenía a estos ni la mínima confianza. Por mucho que haya afirmado Duque que su elección se dio a través de una consulta interpartidista todos sabemos del guiño uribista hacia él.

El innombrable lo hace congresista, y lo hace presidente de la república. Siendo así, a Duque lo que le quedaría es su agradecimiento hacia el señor de las sombras. Así las cosas, me temo que sería poco el distanciamiento que haría el presidente electo Iván Duque Márquez con su mentor.

Muchos analistas políticos ven el apoyo a la convocatoria a la consulta anticorrupción, como un ligero distanciamiento frente al uribismo. Lo que observamos es que primero, Duque desde la primera vuelta ha cambiado su discurso frentero, propio del innombrable, por un discurso más conciliador; en segundo lugar, y, como consecuencia de lo anterior, Duque, desde su investidura presidencial, no puede salir a rechazar, públicamente, la consulta anticorrupción puesto que no le conviene políticamente; ya que esto iría en contravía con su discurso de campaña de combate a la corrupción. Como vemos, Duque fue apoyado por el Congreso de la República, en más de un 90%; y que, en triste paradoja, es el órgano más cuestionado por el pueblo colombiano; sus actos de corrupción y clientelismo, con todos los gobiernos de turno ha sido el orden del día en sus sesiones.

En suma, lo anterior, es una estrategia política para evitar ser considerado un presidente más de los mismos, que utiliza la mermelada para poder gobernar de la mano del Congreso de la República.

Los demás temas gruesos de uribismo continúan iguales: unificar las cortes, hacer trizas el Acuerdo Final de Paz, fortalecer y apoyar al empresariado con exenciones de impuestos y bajos salarios; Estado austero, recetas propias de un gobierno de unos pocos para unos pocos, en detrimento de las grandes mayorías.

Está claro que el uribismo no descansará hasta tener en su poder las tres ramas del Poder Público (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), gran retroceso que Montesquieu no querría ver. Estaríamos ad portas del “Estado soy yo”, a decir del Rey Luis XIV. Cruel retroceso, que lesiona al remedo de democracia que tenemos. Verdadera dictadura la que no queremos vivir en nuestro país.

El unificar las cortes significa, precisamente, manejar todo el sistema judicial, para impedir el juzgamiento de los todos los delitos que tiene pendiente Álvaro Uribe Vélez, sobre todo los declarados crímenes de lesa humanidad. La moñona está cantada; ¿podrá el Congreso estar a la altura histórica para evitar semejante atropello, solo para saciar el interés personal para evadir el juzgamiento de los delitos cometidos por una sola persona?

Reglamentada la Justicia Especial para la Paz (Jep) podemos afirmar que el actual presidente electo y su mentor, influyeron en los congresistas para dar un golpe al corazón del Acuerdo de Paz; aunque Duque solicitó que la mencionada ley se reglamentara en la próxima legislatura, ésta fue reglamentada por el Congreso saliente. El punto neural quedó así: los magistrados no podrán solicitar pruebas, no podrá solicitar pruebas, solo se remitirán a preguntar si la comisión del delito fue antes o después de la firma del acuerdo de paz.

Por todo lo anterior, no vemos claro que Iván Duque de ese salto valeroso que tomó Juan Manuel Santos de distanciarse del uribismo, para entre otras cosas buscar la paz estable y duradera con las Farc-Ep. Lo que veremos más bien es a un títere que hará todo lo que le diga el señor de las sombras.

Lástima porque puede tener una carrera política brillante, no para beneficio de una persona y sus hijos, sino para el futuro del país. Consolidar la paz con las Farc- Ep y el Eln lo ponderaría más bien a pasar a la historia como el presidente que selló en su totalidad el conflicto social y armado en el país.

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