Gordas y gordos del mundo: ¡uníos para defender la diversidad corporal!

En esta cultura gordofóbica, se les ha enseñado a las personas a sentir superioridad moral por cada gramo de peso perdido o repulsión por cada gramo ganado

Por: Laura Sánchez Barón
febrero 18, 2022
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Gordas y gordos del mundo: ¡uníos para defender la diversidad corporal!
Foto: Pixabay

Vivimos en tiempos en que la cosificación y mercantilización de los cuerpos crece y en los que, a través de medios de comunicación y redes sociales, el bombardeo de “normalidades” y “naturalidades” parece dictar la norma en la que se establecen nuevos estereotipos.

Parece ser que la sociedad, ufanándose de construir una realidad pluralista e incluyente, deja de lado, realmente, la verdadera discusión alrededor de los cuerpos.

La mercantilización de la imagen del cuerpo, sea masculino o femenino (aunque el femenino ha sufrido mayores perjuicios) es un tema que debería convocar e involucrar a todos y a todas, desde una mirada crítica y reflexiva frente a cómo se ha construido históricamente el cuerpo, sobre cómo se ha definido una concepción estereotipada de este, así como de los lugares que habita, y de qué manera acentúa la división sociosexual arraigada en la sociedad moderna.

Es allí, en algún punto intermedio entre tantas problemáticas, en donde se ubica lo que los medios han denominado gordofobia, pero que en la literatura también puede hallarse como obesofobia o pocrescofobia, y que, como toda fobia, se refiere a un miedo irracional.

En este caso, hablamos de fobia ante las personas de gran tamaño o a subir de peso; es decir, este miedo puede darse desde dos posibilidades, desde la concepción personal de su propia identidad corporal o desde el prejuicio y juzgamiento del cuerpo de la otra persona.

En este sentido es necesario empezar por asegurar que la diversidad corporal existe, pues no todos los seres humanos poseen la misma complexión física y el peso se ve determinado por múltiples factores que no necesariamente deben remitirse a lo médico (la obesidad como enfermedad y/o problema de salud pública) o a lo estético (la cosificación del cuerpo como construcción social que se constituye en la homogeneidad, desprovisto de identidad, autonomía y subjetividad).

En este último, tanto la publicidad como los medios sociales se han encargado de reproducir una realidad que repercute no solo en la forma de habitar el propio cuerpo (autopercepción), sino la forma de mostrarlo a las demás personas para encajar en el ideal (estereotipación).

Así, los cuerpos son convertidos en productos que deben ceñirse a indicadores de calidad, al escrutinio de los resultados y a la aprobación, siendo manipulados, homogenizados e invisibilizados.

Falsamente se ha creado el ideal de que “evitar la gordura es un acto de amor propio” y se ha naturalizado tanto en el discurso que incluso se ha generado toda una estructura mercantil a su alrededor, vendiendo ideas frente a lo que sería “comer saludablemente” normalizando las dietas. Frente a las aptitudes de acuerdo con el peso, asimilando que la gordura es sinónimo de pereza, descuido o falta de disciplina.

Y, finalmente, frente a la enfermedad, promoviendo que bajar de peso es la solución a todas las enfermedades o que la forma del cuerpo determina su sanidad. Urge revisar sesgos y prejuicios que generan estigma y discriminación, modelan los patrones de comportamiento y también los ideales de belleza que repercuten en las formas de vestir, expresarse y en la autopercepción.

Ahora bien, vale la pena preguntarse por las posibilidades de existir en una sociedad que premiara y admirara a la gordura, que diera mayores oportunidades laborales y sexoafectivas a las personas gordas, que presentara esta discriminación hacia las personas delgadas, que no fabricara ropa en tallas pequeñas, que alabara y felicitara a las personas que aumentan de peso y que mostrara a personas de gran tamaño como figuras exitosas. ¿Seguiría siendo ideal tener un cuerpo más delgado?

El problema va más allá del cuerpo: se encuentra en la percepción, en la gordofobia, pues se establece el adelgazar como un deseo, que de realizarse tendría como consecuencia la ganancia de privilegios.

En esta cultura gordofóbica, se les ha enseñado a las personas a sentir superioridad moral por cada gramo de peso perdido o repulsión por cada gramo ganado, alegría por cada bocado de comida que se rechaza o superación por cada talla de pantalón que se reduce.

En conclusión la pérdida de peso y la forma del cuerpo representan muchas formas de inclusión, por lo cual es normal querer ser delgado y anormal aceptar y abrazar la gordura, pues “a una persona gorda se le perdona su gordura siempre y cuando demuestre que está intentado deshacerse de ella”.

La cuestión más importante es que nos han vendido tanto la idea de adelgazar, que ahora es muy difícil cambiar el chip, pues el cuerpo es territorio, es identidad y es representación, por lo cual la pregunta relevante sería ¿quieres ser aceptado/a, amado/a en una sociedad donde la gordura es algo “malo”?

El miedo a engordar es miedo a perder privilegios, pues no se nace deseando la delgadez, se enseña a desearla. No existe una forma correcta o incorrecta de cuerpo, aceptar cada tipo de cuerpo es cuidar desde el amor la autopercepción, y aceptar no es sinónimo abandono ni de maltrato.

¡Abracemos la diversidad corporal!


Fuentes:

Victoria Lozada, nutricionista española especialidad en nutrición sin obsesión.
Raquel Lobatón, nutricionista española experta en nutrición incluyente y alimentación intuitiva.

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