Entre festivos y despachos cerrados, el Gobierno Petro tomó una decisión que ya genera preguntas de fondo sobre forma, oportunidad y consecuencias

 - El regalo navideño de Petro no fue el salario mínimo, fue un decreto de emergencia para recoger  billones

Bordeando la Navidad, el presidente Gustavo Petro firmó un decreto de emergencia económica mientras el Congreso estaba en receso y la Corte Constitucional en vacancia judicial. Ocurrió rápido. Sin debate inmediato. Con impuestos activándose desde ya.

El Ejecutivo argumenta urgencias acumuladas. Salud, desastres naturales, seguridad electoral y falta de recursos. En el texto oficial se habla de “una amenaza grave e inminente al orden económico y social”. La cifra clave: $16,3 billones sin fuente definida.

Pero hay matices. Varios de esos problemas eran previsibles. Otros, estructurales. Para críticos, la emergencia evita el camino ordinario: discutir recortes o nuevas cargas en el Congreso. “La emergencia no es necesaria”, dijo el exmagistrado Alejandro Linares, al recordar que el presupuesto ya contempla escenarios de desfinanciación.

En paralelo, el Gobierno tomó $23 billones en deuda fuera del mercado, a tasas más altas que las recientes subastas. La operación, poco detallada públicamente, despertó alertas por transparencia. La Contraloría pidió explicaciones. El ministro defiende la urgencia de liquidez. Analistas advierten riesgos a futuro.

Mientras tanto, la Corte estudiará el decreto desde enero. Podría suspenderlo. Hasta entonces, los nuevos tributos corren. El debate no es solo legal. Es político y fiscal. ¿Emergencia real o atajo institucional? La respuesta aún está en construcción.

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