De ayer a hoy no queda Semana de Santa

De ayer a hoy no queda Semana de Santa

La Semana Mayor, o Semana Santa, como se le denomina, ha sufrido cambios notorios que desdibujan la de ayer y muestran en lo que se ha convertido hoy

Por: Manuel Tiberio Bermúdez Vásquez
abril 06, 2023
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De ayer a hoy no queda Semana de Santa

La Semana Mayor, o Semana Santa, como se le denomina, ha sufrido cambios notorios que desdibujan la de ayer y muestran en lo que se ha convertido hoy.

Yo que soy orgullosamente montañero, del Norte del valle, recuerdo que en mi pueblo, Caicedonia, hace algunos años, la Semana Santa llegaba con una serie de prácticas que se han diluido en esta modernidad que corre acelerada a no se sabe dónde.

Desde el miércoles las amas de casa dejaban todo preparado porque no cocinaban ni jueves ni viernes santo ya que según la creencia era pecado realizar oficios caseros.

Pero también con la Semana de Pasión llegaban otras creencias que estaban bien arraigadas en el sentir de la gente. Una de ellas era que no se podía tener sexo durante los días santos  porque quienes lo hacían se quedaban pegados «como los perros», decían los mayores.

Tampoco había que bañarse pues se corría el riesgo de convertirse en pez, así que en esos días se ponía de moda el «lavado del gato».

Otro mito bastante extendido era que no se podía cortar leña pues era como darle machete al mismo Jesucristo.

Tampoco se permitía escuchar música “profana” y en la radio, y por los altavoces ubicados en la torre de la iglesia,  el pueblo se llenaba de música sacra, una música que adormilaba aun  más a una ciudad de por si semidormida  y que no era aun el hervidero de vida que hoy es.

Tampoco se podía comer carne roja, solamente se consumía pescado y para mí gusto,  eran especiales unas tortas que hacía la abuela con pescado seco, el cual llegaba en abundancia, por esa época, a todas las tiendas del pueblo.

Otro momento de impacto era el sermón de las 7 palabras, que no sé porque rara fijación en mi memoria, recuerdo el del Obispo de Jericó que vociferaba por la radio el desglose de cada una de ellas: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» me sonaban como premoniciones.

Otro hecho que era costumbre y que a mí me parecía bueno, era que a uno le daban “estrén”, para quienes no conocen el término: ropa nueva;  para ir a las procesiones del Viernes Santo. Es cierto que a cambio y como pago había que sudar durante la procesión del Viacrucis que casi siempre ha sido hacia el medio día, pero uno transpiraba a la par que se pavoneaba luciendo el atuendo “de pies a cabeza” comprado para la ocasión.

Las “chicas malas”, llegaban desde  la zona de tolerancia, “todas de negro hasta los pies vestidas” en un acto de penitencia y recogimiento. Casi siempre se les reconocía porque, a pesar de su atuendo elegante, por lo regular caminaban la procesión del Viacrucis descalzas para mejor  reparar sus pecados. “Que no deben de ser ni poquitos” cuchicheaban las beatas con ansias de pecado.

Esa Semana Santa, celebrada de esa forma ya es historia. Hoy los chicos aprovechan para volver esta Semana que  se supone de de reflexión lo que ellos han denominado “una parranda santa” y de las practicas de sus mayores, ni tienen referencia. Hoy el licor, el sexo, la fiesta, han diluido en el recuerdo esa Semana que otrora fuera verdaderamente solemne.

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