Un nuevo aniversario de la muerte de David Sánchez Juliao

David Sánchez Juliao (1945-2011), en un aniversario más de su partida

Este 9 de febrero se cumple un aniversario del escritor Sánchez Juliao, quien antes de su viaje final dijo: “Escribo para que la muerte no tenga la última palabra”

Por: Carmelo Antonio Rodríguez Payares
febrero 09, 2024
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David Sánchez Juliao (1945-2011), en un aniversario más de su partida
Fotografía: Archivo particular

De repente, como si se hubiera roto el embrujo de la tarde, fue cuando los susurros y los cuchicheos provenientes del pasillo que daba al patio del colegio, se convirtieron en una algarabía difícil de ocultar, lo que hizo llamar la atención a un grupo que a esa hora no tenía ni la menor idea de lo que les pasaba a los cinco o seis estudiantes que, acurrucados en un círculo disparejo, le rendían reverencia a una grabadora que estaba en el piso empedrado.- Uno de ellos nos hizo la seña y nos acercamos y fue cuando escuchamos la voz de un costeño desconocido que narraba en una perorata sin fin lo que le pasaba a un personaje llamado “El Flecha”.-

Entonces éramos unos simples estudiantes del Liceo de El Bagre y era 1980.- El solo hecho de escuchar a escondidas un casete como si se tratara de un delito, me pareció extraño y cuando se acabó el lado A de la cinta, les pregunté a mis amigos: ¿Ajá, y esa vaina qué es? Alguien a mis espaldas dijo: “Este man nunca va a entender nada”.- Y agregó: “Esta narración es la que está de moda en las universidades públicas y parece que el gobierno la prohibió y tenemos que apurarnos porque el dueño de la grabadora viene apenas se termine el descanso”.- Tampoco entendí nada hasta que años después me enteré que se trataba de un señor llamado David Sánchez Juliao que buscaba por el medio oral poner al alcance del oído las historias que muchos se negaban a leer, así supieran desentrañar los misterios de la lectura.-

En muchas de sus conversaciones y foros públicos, este loriquero era un abanderado de llevar la cultura y la lectura hasta los últimos rincones de un país necesitado de conocer su historia, pero sus intenciones se estrellaban como si fuera una pelota de tenis que se da contra la red.- “Aquí nadie lee, don David”, cuenta que era lo que le decían una vez hacía ver sus intenciones.- De allí salió su interés por hacer algo que hasta ese momento nadie había hecho y parece que puso en práctica aquel viejo adagio que todavía se escucha, así sea cada vez menos: “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma si va a la montaña” y decidió entonces llevar en forma oral lo que muchos no leerían, y eso hizo que medio país lo conociera y fue la razón para que mis amigos del Liceo de El Bagre  llevaran a escondidas aquella cinta que ya en Colombia, pero en especial en la Costa Caribe, era de dominio público.

“El Flecha”, para quienes llegaron tarde, es la historia de un boxeador que se vuelve famoso el día que pierde su primera pelea, y el argumento de su autor es que nadie escribe sobre los perdedores, en términos deportivos, y con ello quiso demostrar la suerte que corría este tipo de perdedores y que siendo un derrotado boxeador no encontró en la vida otra salida que una de las actividades más importantes de la Costa Atlántica y de buena parte del resto del país: el rebusque.-

Aquellas historias, contadas en la voz cantarina de su autor, lo trasladan a uno a un mundo extraño, pero cuando pone los pies en la tierra sabe que su protagonista es inspirado en un personaje real llamado Moisés Almanza, un exboxeador y entrenador de ese deporte – aunque muchos sostengan lo contrario – y Gustavo Díaz Naar, el propietario del famoso bar El Tuqui Tuqui, que es el lugar en donde transcurre la historia.- Sus biógrafos lograron saber que en ese sitio se daban cita para hablar de este mundo y del otro, además de El Flecha, Salim Jattin Marxan, El Salo Jattin, Jorge Jattin Vellojín, Burrito ´e totumo, Guillermo Eduardo Martínez, Chicle Bomba, René Puche, Erik Saleme Núñez, Erik Manzur; además de Antonio Dumett Sahér y Antonio Morales Austin.-

Ahí estaba la historia y Sánchez Juliao solo tuvo que ordenarlas y plasmar la vida cotidiana de los habitantes del barrio Kennedy de Lorica, cuya pronunciación en boca de El Flecha se daba con el cambio en su última letra: el “Kenider”.

Para algunos, David Ramón Sánchez Juliao, el nombre que recibió en la pila bautismal, fue uno de los precursores de la que se consideró en su momento la literatura casete, pues en el año 1975 grabó una serie de cuentos que aparecieron bajo el título de “¿Por qué me llevas al hospital en canoa, papá?”. Más tarde, entre los años 1975 y 1981, grabó y publicó El Flecha, El Pachanga, Abraham Al Humor, Fosforito, Pedrito el soñador y otra serie de historias que tienen como telón de fondo la ciudad de Montería, su natal Lorica y otras poblaciones del Caribe colombiano, muchas de las cuales eran desconocidas hasta que Sánchez Juliao las hizo célebres.-

Atento a las historias, me identifiqué con la de El Flecha, porque era de un barrio que llevaba el nombre con el que se conoció el colegio en donde estudié todo el bachillerato y la historia del barrio se confundía con las de sus fundadores, Diógenes Corena Guerrero y Armando Montalvo López, por allá por los años 60 del siglo pasado, pero que fue famoso una vez el escritor, como si lo hubiera inventado o sacado de un sombrero, lo hizo el escenario de las narraciones.- Sus habitantes lo definen como un barrio popular donde se escuchaba la charanga, el son cubano, el bolero, la música puertorriqueña y la salsa brava.-

Ese misterio se desvela porque El Flecha deja ver la desigualdad socioeconómica en la que, no solo acompaña a este sector de Lorica, sino que es el mejor reflejo de cualquiera del país e incluso de las grandes urbes latinoamericanas.-

No es sino escuchar cómo lo describe en sus propias palabras quien nació y se crió en él.- “Nojoda, viejo Davy, imagínese si uno no va a resultar boxeador en un barrio con cipote agresividad. No joooda, yo creo que yo en otro mundo en el que hubiera nacido blanco, por ejemplo, y en un barrio donde la gente se hablara con la gente, la madre si no hubiera estudiado pa’ gerente, pues. La madre si no. Pero nacer uno en un barrio en donde la vieja de uno no se habla con la gente de las cuatro cuadras a la redonda, eso es una vaina tesa, cuadro, tesa. Nojoda, a la pobre gente de esos barrios como el Kenider yo no sé qué le dan, cuadro, ni qué le hacen, para que, no joda, anden siempre emputados contra los de su misma clase”.- Por eso, mientras tú los ves a ellos brillando hebilla, amazorcaítos todos los año nuevos en su Club Social, allá en el Centro, el hijueputa barrio Kenider de nosotros es una corraleja humana, mano”.-     

Pero el maestro Sánchez Juliao, nacido en Santa Cruz de Lorica, en el departamento de Córdoba el 24 de noviembre de 1945, no se quedó en aquellas aventuras de casete, de cuya importancia para el medio literario alcanzó su máximo techo, sino que además incursionó en otros medios como la música y la televisión.- Muchas de sus obras literarias como ‘Pero sigo siendo el rey’, ‘Mi sangre aunque plebeya’ –sobre la llamada música vieja de los Andes – y ‘Danza de redención’ sobre la música tropical colombiana, tuvieron eco en amplios sectores y la primera de ellas fue llevada a la televisión por un elenco que hizo ganar televidentes en la franja nocturna en que se emitía.-

Defensor de las causas sociales, el padre de El Flecha le dio vida a la letra de una canción que se comenzó a escuchar por allá por el año de 1975 en la voz del gran Alejandro Durán, en cuya portada aparece la leyenda: Un Rey y un Escritor.- Se trataba, nada más y nada menos, que de El Indio Sinuano, un tema que también fue grabado en las voces del interprete Máximo Jiménez y del tres veces rey de la Leyenda Vallenata, Alfredo Gutiérrez.

La composición es un relato sobre la llegada de los españoles, el despojo de las tierras de las comunidades indígenas y su desplazamiento. Este un fragmento de la letra:

Yo soy indio de los puros del Sinú
yo soy indio chato, cholo y chiquitín
esta tierra, es mi tierra
este cielo, es mi cielo.

A mi casa llegó un día el español
y del oro de mi padre se apropió
y la tumba, de mi abuelo
como guaca, exploró

Y mi tierra me quitaron de las manos
despojado quedé yo con mis hermanos
al abrigo, de los vientos
relegado, a los pantanos

Y miren cómo es el destino de caprichoso e insondable. Resulta que en el año de 1986, el escritor David Sánchez Juliao tuvo un encuentro fortuito con el acordeonero Durán Díaz en los estudios de Sonolux en la ciudad de Medellín y lo convenció de hablar durante varias horas sin ningún propósito explícito y aquella conversación se alargó por más de tres días en diferentes lugares de la capital antioqueña, entre cafeterías, calles, parques e incluso el hotel, antes de llegar a los estudios de grabación.-

El propio Sánchez Juliao abría de contar que cuando llegó la hora de llevar al acetato aquellas grabaciones, Alejo Durán se presentó con su niño de brazos, su pedazo de acordeón, creando entonces un ambiente de humor lleno de anécdotas e historias que fueron acompañadas por las notas musicales del juglar Alejo Durán. La grabación se convirtió en un disco que fue éxito en ventas comerciales y es entonces cuando deja para la eternidad esta frase: “No es malo que el vallenato evolucione, lo malo sería que lo hiciera yo. Yo quiero seguir siendo el vallenato, el pionero del folclor, de mis costumbres y dejaré de ser costumbrista el día que muera, si es que muero”.-

Este viernes, 9 de febrero, se cumplen dos aniversarios: el Natalicio del gran Gilberto Alejandro Durán Díaz, y del Fallecimiento, el mismo 9, del escritor David Sánchez Juliao, quien antes de su viaje final dijo: “Escribo para que la muerte no tenga la última palabra”.      

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