Cuando salir de la casa se ha convertido en un deporte extremo

Cuando salir de la casa se ha convertido en un deporte extremo

La clave para quienes vivimos en Bogotá es más bien estar desarmado. Es decir, no tener nada a la mano que nos puedan robar...

Por: Diana Abril
febrero 29, 2024
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Cuando salir de la casa se ha convertido en un deporte extremo
Fotografía: Canva

Salir de la casa se ha convertido en un deporte extremo, casi como intentar subir una de esas montañas tan altas del mundo, como el Everest, que por más de que se quiera, se hace difícil la tarea, así sea desde el inicio, porque hasta para ir a la tienda más cercana, a cualquier panadería o negocio local, se necesita no solo de valentía, sino de armarse como se pueda, pero el arma, para quienes vivimos en Bogotá, en Colombia, y en cualquiera de sus municipios, es más bien estar desarmado. Es decir, no tener nada a la mano que nos puedan robar, y llevar el dinero exacto para pagar lo que se requiera. 

Somos conscientes de que esta inseguridad no es de ahora; viene de tiempo atrás, sino que, como todo en Colombia, la viralidad de las noticias hace que se sienta esa percepción con más intensidad, que, incluso, miden las encuestadoras cada cierto tiempo.

Pero, si nos remitimos a las estadísticas como tal, la realidad es que hay más inseguridad, pero, específicamente en la capital. Según el Concejo de Bogotá, el 40,5 % de los robos a nivel nacional ocurren en Bogotá y representan 147 666 hurtos para 2023, en relación con ciudades como Chile, país en el que se cometieron 42 280. Esto significa que en Colombia ocurrieron el equivalente a 249 % más hurtos que en Santiago de Chile.  

Por lo tanto, no solo la viralidad de las noticias, las percepciones y las estadísticas indican que hay mayor actividad delincuencial, y ya no se trata de evitar pasar por el callejón oscuro al que siempre le temíamos y le sacábamos el cuerpo, pues, el callejón oscuro es Bogotá. Tampoco es cuestión de dar papaya, porque pareciera que ofrecer cualquier fruta es darla.

Porque entrar a un restaurante o supermercado puede ser considerado un hecho de riesgo extremo que genera tanta adrenalina como estar en el borde del último piso del edificio más alto del mundo, solo, que, en este caso, el riesgo de morir a manos de un delincuente por pretender proteger los objetos personales: los documentos, un celular (sin distinción de la marca), que muchas veces se compró financiado y que para el momento del robo ni se habrá terminado de pagar.

Es tan indignante, respecto a las horas que se pasaron trabajando para conseguir lo que en menos de un minuto se llevaron quienes, no trabajan como nosotros, pero optaron por lo más fácil: quitarnos lo que tanto nos costó obtener. 

El derecho de las cosas, entonces, no es no salir de nuestro hogar para evitar la inseguridad que abunda y que nos puede matar en cualquier momento. Aunque hay maneras un poco más seguras de mantenerse inmune a un atraco; esto es, trabajar en remoto y pedir todo a domicilio, allí, también, se podría estar en riesgo, porque para eso estarán dispuestos los apartamenteros que salen todos los días a hacer, al que ellos le llaman su trabajo, por lo tanto, como habitantes de la capital, estamos a la deriva por no saber cómo actuar para prevenir un posible atraco, un posible asesinato. 

Finalmente, no estamos seguros ni lo estaremos, si no se toman las medidas implementadas en otros países, como la geoprevención, que tiene en cuenta las estrategias positivista, situacional o ambiental y comunitaria, para ofrecer soluciones con el propósito de enfrentar la criminalidad en medio de este panorama delincuencial del que podemos resultar heridos o muertos en cualquier momento.

Según el Instituto Nacional de Medicina Legal, con base en los reportes del sistema, de la violencia interpersonal en Bogotá, entre enero y diciembre de 2023, fueron víctimas 22 229 personas. En cuanto a las muertes violentas, entre enero y diciembre de 2023, se cometieron 1120 homicidios.

Estas estadísticas, de cualquier manera, son solamente una información que dista de los hechos, porque desconocemos la cantidad de personas que evitan el suplicio de hacer los reportes o las denuncias del caso, por la inoperancia de la justicia que la mayoría ya conocemos y a la que preferimos no acudir. 

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