Qué pitos toca el histórico acuerdo entre Petro y Fedegán

Qué pitos toca el histórico acuerdo entre Petro y Fedegán

No significa solo la compra tierras para personas que se les ha negado el derecho de tenerlas; también busca desactivar un conflicto de décadas

Por: Hugo Paternina Spinoza
octubre 11, 2022
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Qué pitos toca el histórico acuerdo entre Petro y Fedegán

La política es cambiante y dinámica se dice con mucha enjundia. No tengo la menor duda de que esto sea así, sobre todo porque ella supone desencuentros en unos momentos y establecer acuerdos en otros entre individuos y grupos que tienen visiones diferentes acerca de la vida, la muerte, el reparto de la riqueza, la gestión de la cosa pública y el tratamiento de la pobreza entre otros aspectos. Hablaremos a continuación del histórico acuerdo entre Petro y Fedegán.

Tan cambiante es la política que José Félix Lafaurie, presidente de la Federación de Ganaderos de Colombia (Fedegán), el mismo que no tuvo ningún recato para de manera rabiosa denunciar al hoy presidente Gustavo Petro por injuria y calumnia ante la Corte Suprema de Justicia, y al mismo tiempo acusarlo cada vez que pudo de comunista, marxista, chavista y anunciar que profundizaría la pobreza en Colombia de ser presidente, ha pasado  a suscribir un acuerdo como cabeza de Fedegán con el gobierno nacional liderado por el propio presidente Petro, Cecilia López en calidad de Ministra de Agricultura y  Danilo Rueda como Alto Comisionado para la Paz.

Este acuerdo versa acerca del decisivo papel que jugará Fedegán a la hora de facilitar que los ganaderos de Colombia le vendan al nuevo gobierno al menos 3 millones de hectáreas de tierras aptas para la producción agrícola, volumen de tierra que servirá para darle cumplimiento al punto 1 del acuerdo suscrito entre el Estado y las Farc en septiembre de 2016. El punto referido, recuerdo, tiene que ver con la Reforma Rural Integral, requisito para construir un nuevo campo en el país.

Es evidente que el presidente Petro inscribe este acuerdo en varios propósitos estratégicos: cumplir con la materialización del acuerdo de paz, el mismo al que Iván Duque se negó a darle cumplimiento; democratizar el acceso a la tierra, garantizar la justicia agraria y crear las bases para La Paz Total. En síntesis, de lo que se trata es de promover el cumplimiento de la siempre aplazada Reforma Agraria, la cual en este caso se procura por la vía del mecanismo de la compra masiva de tierras a particulares.

Por lo aquí dicho hasta ahora, el acuerdo tiene estatus de histórico. Y lo tiene no tanto porque lo suscriba Lafaurie sino porque lo ha impulsado Fedegán, un gremio en toda regla inmovilista, conservador, heredero de la cultura señorial de la colonia, siempre decidido a darle al campesino trato de peón y no de ciudadano, que se ha opuesto de modo atávico a cualquier reforma agraria y que ha hecho de la concentración de la tierra un oprobioso emblema institucional.

Desde luego que decir que Fedegán es conservadora e inmovilista es una concesión de naturaleza académica, política e histórica porque en realidad connotados miembros de este gremio han impulsado una guerra de deposesión de las tierras de otrora campesinos/as, hoy convertidos en desplazados/as internos y en víctimas.

En este contexto, resulta imposible negar el papel que jugó la Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio -- Acdegam-- en la constitución del moderno paramilitarismo en Colombia. Digámoslo sin tapujo: Acdegam fue el brazo político y el sostén económico del paramilitarismo que se formó en Puerto Boyacá y después se trasladó a Antioquia y Córdoba.

A propósito de este departamento, pertinente resulta recordar la manera en que el finado Rodrigo García Caicedo aupaba en calidad de presidente de la Federación de Ganadero de Córdoba (Ganacor), filial de Fedegan, el proyecto paramilitar que encarnaba en ese momento el siniestro binomio de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso.

De la misma manera, preciso resulta subrayar el decidido papel jugado por importantes ganaderos en la conformación de las Convivir en diversos puntos del país. Y la guinda del pastel: difícil negar la misión del Fondo Ganadero de Córdoba en el despojo de tierras a campesinos en este departamento y en Antioquia.

Sobre el particular, las declaraciones de Benito Osorio, expresidente del Fondo Ganadero de Córdoba y exgobernador de este departamento, resultan estremecedoras.

A modo de cierre y más cerca en el tiempo, oportuno resulta recordar que José Félix Lafaurie llamaba hace días atrás a los ganaderos a constituir los Grupos de Reacción Solidaria ante lo que el gremio llamaba la ola de las invasiones dizque alentadas por el actual gobierno. Frente a este anuncio, el presidente Petro e Iván Velásquez, ministro de Defensa, al unísono, salieron a decir que el gobierno no dará pábulo para que se constituyan expresiones remozadas de los grupos paramilitares.

Hecho este ejercicio de memoria, lo que sigue es saludar el trascendental acuerdo y hacer que las partes cumplan lo establecido para que el superior fin de la reforma agraria pueda cumplirse y beneficiar a los campesinos/as del país, las victimas por partida múltiple del sangrante conflicto interno.

La médula del acuerdo establece que la compra de tierras será escalonada, serán  aptas para la agricultura y sobre ellas no deben estar en curso procesos o litigios y ni pueden ser tierras fruto de un sangriento despojo.

Las partes han convenido de manera acertada que no puede ser una mera entrega de tierras a campesinos/as, indígenas, poblaciones afrodescendientes, victimas, desplazados/as. De lo que se trata es que haya entrega de tierras y concomitante con ello se le brinde a la población beneficiaria asistencia técnica, préstamos baratos, vías, renta básica rural, seguridad social agraria y educación y salud rural oportuna y de calidad.

Todo este equipamiento son los presupuestos sociológicos que el agro requiere para crear una nueva ruralidad y enrutar a Colombia por la senda de la soberanía y la seguridad alimentaria. Entregar tierras con equipamiento a la población campesina es el mejor tributo que el Estado y la sociedad pueden hacer a un grupo social históricamente olvidado.

Resta decir que, además del mecanismo de compra de tierras a Fedegán, el gobierno del presidente Gustavo Petro debe poner en circulación la recuperación de los baldíos en manos de particulares, acelerar y dar cumplimiento a los procesos de restitución de tierras a las víctimas, y entregar a campesinos/as, indígenas y afrodescendientes los bienes decomisados a narcotraficantes que hoy los tiene la Sociedad de Activos Especiales.

Mientras se compran tres millones de hectáreas de tierras a Fedegán, proceso que no será instantáneo, como el Nescafé, bien puede empezar el gobierno el reparto con los bienes de la SAE como se sugiere desde distintos espacios académicos y políticos.

La Reforma Agraria en ciernes cumplirá con el cometido de honrar lo acordado en punto uno del proceso de paz suscrito entre el Estado y las Farc. Esto dará paso a crear las condiciones para impulsar la Paz Total que reclaman múltiples sectores de nuestra sociedad.

Así, promover la Reforma Agraria es resolver un problema de orden colonial como es la concentración de la tierra. Visto así, es obsceno que el 1% de la población concentre con total indiferencia entre el 60 y 65% de la tierra.  Después de décadas y siglo de espera, el campesinado grita: Justicia y Democracia Agraria Ya.

A manera de epilogo, es necesario que los campesinos y campesinas participen del proceso de la Reforma Agraria. Es importante que dicha reforma sea desde y con ellos y ellas y no para ellos y ellas.

El campesinado colombiano es un sujeto histórico, resistente, resiliente e intercultural que mucho tiene que decir en este proceso del que debe ser parte constitutiva y constituyente.

Soslayar la participación del campesinado en esta tarea es un grave error.  Este proceso en marcha debe tener en cuenta el enfoque de género y el de la diferencia étnica y cultural. La reforma Agraria es con las mujeres o no es.

Esta reforma agraria anuncia una era en la que por fin el campesino/a se convertirá en sujeto de derecho. Lafaurie y Fedegán han suscrito un acuerdo histórico de venta de tierras para una reforma agraria con el único gobierno de izquierda que ha tenido Colombia. Efectivamente, este es un hecho singular.

Con Emmanuel Lévinas digamos: El hombre [mujer] es un sujeto que habla. Los/as contrarios/as han hablado y producto de esto nace contra todo pronóstico este significativo acuerdo que esperamos traiga la anhelada paz a Colombia.

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