Trump tiene claro que en su ambición, más personal que de los estadounidenses, para ser el que impone las reglas en el mundo, el arma es el petróleo

 - Trump y el petróleo venezolano: lo que ya está claro

Ya está claro que las acciones de Trump contra el gobierno de Maduro no tienen que ver con la ”defensa de la democracia”, ni con el propósito de acabar con el autoritarismo que la mayoría de la población rechazaba, ni nada que tenga que ver con valores o con los intereses de los venezolanos.

La estrategia de crear condiciones para justificar sus decisiones fue montada con los pasos necesarios para que -válidos o no- fueran argumentos que se enmarcaran dentro del contexto político -jurídico norteamericano.

La declaratoria de que Maduro  pertenecía al Cartel de los Soles; las oferta de millones de dólares por su captura; la declaratoria de peligro para la seguridad nacional por el tema de las drogas; la descripción de la complicidad del gobierno venezolano en la protección de los carteles; el bombardeo de las lanchas supuestamente portadoras de droga; y la ‘extracción’ de Maduro y su esposa como resultado de todo lo anterior fue un plan largamente programado para ello.

En el exterior el argumento ya estaba validado por la calificación y difusión de que un fraude electoral le había permitido su permanencia como dictador ilegítimo. Eso logró amortiguar lo que sería el rechazo internacional, volviéndolo un debate entre Derecho Internacional y temas humanitarios.

Pero una vez adelantado el golpe de mano y asumido el poder usando como intermediario la misma estructura existente, lo que se hizo Trump fue aclarar que el verdadero propósito era apoderarse del control sobre el petróleo de ese país. Ni siquiera incluía la promesa o el prpgrama de una transición para cambiar el gobierno.

Después viene la aclaración del secretario de Estado Rubio explicando que el petróleo no es para necesidades energéticas norteamericanas porque los Estados Unidos hoy ya tiene cubiertas sus necesidades, exporta, y es incluso primer productor mundial.

Esto se reafirma con el complemento del cambio en el indíctement en el Estado de Florida, renunciando a los cargos por narcotráfico y limitándolo a lavado de dinero.

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Se ha dado como otra explicación que la razón central es el impedir la presencia de China o Irán como ‘cabezas de playa’ en Latinoamérica puesto que la supervivencia Venezuela dependía de la comercialización de su hidrocarburo. Que por eso ahora con los mismos recursos promete destinarlos a la ‘estabilización económica’ del país.

O que es que la importancia de las reservas venezolanas (las más grandes del mundo) con la no explotación de estas, lo que le permite mantener el rol existente hasta hoy del valor del petróleo amarrado al dólar (los petrodólares) ahora que se vencen los convenios que nacieron con Arabia Saudita para incidir en el Cartel de los países petroleros OPEP.

Estas razones geopolíticas nada tienen que ver con las condiciones de los venezolanos ni con la naturaleza del régimen y fueron más que claras para la intervención en Venezuela.

El narcisismo de Trump le ha dado el poder y le ha fijado objetivos más allá de la ‘Doctrina Donroe’ y del ‘destino manifiesto’

Pero el narcisismo de Trump le ha dado el poder y le ha fijado objetivos que van mas allá de la ‘Doctrina Donroe’ y del ‘destino manifiesto’. Más que la búsqueda del Nobel de Paz es algo más lo que motiva sus intervenciones en donde hay guerras o lo lleva a crearlas donde sea necesario.

Con los mismos pretextos los objetivos que busca son unos mayores o más ambiciosos y otros de menor peso pero inmediatos. Está usando el control sobre la circulación del petróleo del mundo con las sanciones económicas y aranceles a quienes se aparten de las limitaciones a la comercialización que él impone, o sea las ventas a China o las compras a Rusia o a Iran. Tiene claro que, en su ambición (probablemente más personal que de la nación norteamericana) para ser el que impone las reglas en el mundo, el arma es el petróleo.

Y no es un accidente ‘colateral’ la situación en la que queda Cuba al impedirle el acceso al petróleo. Confirma que no es como nos lo venden a los ‘occidentales’, que un modelo alterno al ‘democratico’ lleva al fracaso, sino que es la estrategia de destruir desde afuera esos países lo que lleva a que sus poblaciones se subleven o se resignen a someterse al régimen que se les impone.

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