Con la idea de sacar el sistema de salud de la corrupción se le llevó a la ruina y en manos de un ministro con rasgos de dictador mentalmente extraviado.

 - La salud en cuidados intensivos

Así es, el sistema de atención de la salud en Colombia parece echado a su más precaria suerte en una UCI y de esta condición, ya casi terminal, será difícil revivirlo.

El ministro de Salud, la exministra, los técnicos, los números, las copiosas hojas de Excel, las explicaciones políticas o las confundidas epístolas del presidente de la República gritan a los cuatro vientos otra cosa, pero los contradicen la evidencia de las interminables filas, la empleada a la que le dan una cita urgente de acá a seis meses, la falta dramática de medicamentos, los puntos de atención con letrero de no hay especialistas, las medicinas que se cambian por deficientes paliativos, el deterioro general  de la atención, como parte de un sistema que volvió, si acaso, a tiempos de la guerra de los mil días.

Nadie puede negar que durante años, desde gobiernos anteriores, los responsables del sistema, sus operadores privados, hicieron de las suyas y se alzaron con fabulosos recursos de ese modelo entre privatizado y estatalmente controlado, todo ello con impunidad.

Pero con la idea de sacarlo de la corrupción, se cambió la corrupción misma por la ruina. No hubo ideología eficaz en la transformación del modelo, hubo sí politización, ramplonería política, violencia verbal y gubernamental perfectamente representada en un ministro desafiante, en realidad vulgar, a la cabeza.

El manual para destruir no hubiera podido ser más eficiente

El manual para destruir no hubiera podido ser más eficiente. El planteamiento básico revolucionario de la construcción desde abajo ha operado acá como el método de la destrucción desde abajo.

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La Colombia Humana en materia de salud fracasó, deshumanizó el modelo, llevó ya a un colapso humanitario. Por supuesto hizo a los pobres más pobres en este campo, sin médico, sin voz ni esperanza, porque la única voz que suena es la de un ministro con rasgos de dictador mentalmente extraviado, un tipo que se oye a sí mismo y se enamora sin remedio de su desvarío.

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