Opinión

John Stuart Mill hace 150 años sobre un sistema electoral como el nuestro

Por:
diciembre 19, 2014
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Mi hijo Jerónimo estudia ciencia política en California y me envió la siguiente cita de John Stuart Mill, uno de los grandes pensadores de la democracia, más famoso por su ensayo sobre la Libertad.  Esta cita, de sus Consideraciones sobre el Gobierno Representativo  (publicado en 1861) me parece una perfecta recapitulación de por qué debemos continuar la lucha que muchos hemos emprendido, hasta darle solución. En inglés dice:

Again, representative institutions are of little value, and may be a mere instrument of tyranny or intrigue, when the generality of electors are not sufficiently interested in their own government to give their vote, or, if they vote at all, do not bestow their suffrages on public grounds, but sell them for money, or vote at the beck of someone who has control over them, or whom for private reasons they desire to propitiate. Popular election thus practiced, instead of a security against misgovernment, is but an additional wheel in its machinery.

El artículo fue publicado en 1878 por la Administración de la Biblioteca Científico-Literaria de Sevilla y la Librería de Victoriano Suárez de Madrid. En mi versión dice:

De nuevo, las instituciones representativas tiene poco valor y pueden ser tan solo instrumentos de tiranía e intriga, cuando la generalidad de los electores no se sienten suficientemente interesados en su propio gobierno como para dar su voto, y, si votan del todo, no lo hacen  por el bien público, sino lo venden por dinero, o lo otorgan al guiño de alguien que los controla, o votan por alguien que  por razones particulares quieren propiciar.  Por  ello,   las elecciones populares practicadas de esta forma, en lugar de ser un seguro en contra del mal gobierno, son tan solo un engranaje más  en su maquinaria. 

Mill insinúa que este es un problema personal de los electores, opinando él desde un sistema de distritos uninominales. Sabemos hoy que no es así y que el comportamiento individual responde a los incentivos que el sistema electoral mantiene. El ciudadano responsable de lo público, lo que en la medición del Capital social llamamos el Republicanismo Cívico, puede ser tan solo un mito que estos se dan a sí mismos para poder autorrespetarse. Mientras el sistema electoral no estructure los ámbitos de participación que les permita a los ciudadanos  ejercer colectiva y públicamente el control social sobre el Estado y sus gobernantes, estos esfuerzos individuales estarán siempre en desventaja frente a los vicios que tan bien describe Mill.

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