El artista maldito
Opinión

El artista maldito

El Museo de L'Orangerie muestra la relación entre el marchante Paul Guillaume y Modigliani, el gran artista cuya vida fue casi un infierno para él y sus cercanos

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enero 13, 2024
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Amadeo Modigliani, el artista que vio la figura humana de forma diferente

El Museo de L'Orangerie realiza una exposición que muestra la relación entre el marchante de arte Paul Guillaume, clave en el coleccionismo de entreguerras, y Amedeo Modigliani, quien en 1915 dejó la escultura para dedicarse el poco resto de su vida a la pintura.

 L'Orangerie tiene la tercera mayor colección de Modigliani. Su mundo disipado y su pobreza constante lo llevaron a regalar muchas de sus obras y a vender muy barato. Ahora, la exposición se apoya en un aspecto poco conocido pero crucial en la obra y el mercado. Una difícil exposición porque a pesar de sus precios que han llegado a 170 millones de euros, Modigliani ha sido uno de los artistas más falsificados del siglo XX.

Elvira sentada, apoyada en una mesa, 1919

"El rol que Guillaume desempeñó durante los años de la guerra es ciertamente fundamental. Provoca un giro en la carrera de Modigliani (...) Y después de la guerra y de su muerte, su papel es realmente instrumental en el mercado".

Su vida fue casi un infierno para él como a sus acompañantes en el camino. La autodestrucción fue su derrotero en la bohemia de Montparnasse. Fue un solitario temperamental que recitaba de memoria al Dante. Y como Baudelaire otro poeta maldito.

 Amadeo Clemente Modigliani nació en Livorno en 1884, su madre fue una francesa judía con cuatro hijos y tuvo que sostener una familia abandonada por un comerciante de carbón. Pero, su apoyo fue fundamental como artista.

El joven aprendiz,1017-1919

Muy cercano a la versión estilizada del Greco, Modigliani fue único. Lo influyó su cercanía con Brancusi, el escultor rumano que vivía también en París que cuando llegó en 1906 lo hizo ver a la figura humana de forma diferente. La de Mogdigli: alargada, de hombros caídos, cuello interminable, cara ovalada, mirada sin ojos, siluetas largas y una paleta diferente. Brancussi opinaba que era “un maestro de la pintura que pensaba en piedra”.

A pesar de tener muy de cerca a Picasso- que era un perverso ser humano-, cuando llegó a París mostraba las Damas de Avignion, logró labrarse su propio camino. En la oscuridad y sin mercado pero seguro de su talento pero, con la evidencia de su fracaso. Difícil combinación.

El poeta francés Max Jacob fue quien lo presentó al marchante, que pesar de tener tan solo 23 años y unos orígenes modestos se desenvolvía ya con visión en los círculos del arte. Modigliani era un extranjero cuyo nombre todavía no era demasiado conocido entonces a sus 30 años. Pero el marchante le consiguió un taller que era una bodega a donde llegaban productos africanos y a donde también llegaron máscaras que los dos- artista y marchante- analizaron con gran interés.

Paul Guillaume, 1915

Liberados de luchar en la Primera Guerra Mundial, los dos tenían amistades en común y también intereses que no eran tan frecuentes entre la pequeña comunidad de la vanguardia parisina.

Esta relación desembocó en que Guillaume se convirtiera en el marchante de Modigliani hacia finales de 1915, durante un periodo de apenas un año, pero continuó adquiriendo sus obras hasta el final de sus días en enero de 1934 cuando muere Mogdiliani a los 35 años. Y continuó comprando y coleccionando cuadros como lo hizo también del español Picasso, del ruso Soutine o el francés Matisse.

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