El agarrón de los hermanos Aljure por el emporio de dulces Aldor

Como enemigos Andrea y Francisco están enfrentados a Leonardo y Rafael por el control de empresa familiar heredada de su padre Raif, con estrados judiciales de por medio

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diciembre 13, 2020
El agarrón de los hermanos Aljure por el emporio de dulces Aldor

Los primeros años que siguieron a la muerte de Raif Aljure, el fundador de Aldor en el 2015 y con el equilibrio de su esposa Elsa Dorronsoro, el barco parecía navegar sin turbulencia,  generando unas utilidades magníficas para toda la familia. Los menores Andrea y Francisco no han estado vinculados directamente al negocio y han vivido fuera de Colombia mientras Leonardo, junto con su hermano Rafael, llevaban años trabajando en la empresa. Leonardo, el primogénito tomó las riendas gerenciales de compañía, en su momento por decisión de toda la familia con presencia en la junta directiva.

Los problemas empezaron cuando los dos ausentes del país, Andrea y Francisco no quisieron seguir limitándose a disfrutar de las jugosas utilidades y decidieron meterse más a fondo con los números de la compañía. En 2017, encontraron manejos que no los dejaron satisfechos. Propusieron entonces nombrar en las directivas y en la presidencia a un profesional externo a la familia, decisión que no compartieron Leonardo y Rafael quienes estaban en el día a día de la empresa desde que de don Raif había fallecido.

Se trata de una sólida empresa con 1.500 empleados que produce 52 mil toneladas en productos con ventas que superan los $200 mil millones anuales y que está próxima a cumplir treinta años en exportando dulces y confitería a al menos 40 países de 4 continentes. La idea de don Raif Aljure, un comerciante de origen libanés pero arraigado en Cali fue sencilla: “Ponerle valor agregado al azúcar que se produce en el Valle del Cauca y se exporta tan barata”.

Aldor, la sigla resultados de las iniciales de dos apellidos de los padres Aljure y Doronosoro nació con un reto grande. Competirle a Colombina, del Grupo Caicedo, los mismos propietarios de Ripopaila, una empresa también vallecaucana, tradicional y posesionada con sesenta años de existencia en el mercado nacional.

Muchos tacharon de loco a “Don Aljure” por medírsele a competir con la ya gigante Colombina, pero para el empresario no había sueño pequeño y veía un potencial por la magnitud del mercado, que para él estaba lejos de la saturación. Sin dudarlo, con alma de comerciante y apostador libanés, le apostó todo su patrimonio a dos ideas que estaba seguro triunfarían en el mundo entero –desde ya pensaba en exportar-:  la Yogueta y el Pin Pop.

En su ecuación estaba presente un lugar: Buenaventura. Su cercanía a Cali abría la oportunidad de ser el puerto para sacar sus productos a los cuatro continentes, incluido los apartados rincones del Africa. Un año después de poner a marchar la fábrica, en 1993, Aldor ya había producido 150 toneladas de estos productos que empezaba a vender en países como Ecuador, Costa Rica, Panamá y Haití. Colombia era un mercado más porque los ojos de Don Aljure estaban en el mundo. Desde el segundo año de producción las ventas del exterior oscilaban entre el 60% y el 75% del total de las ventas de Aldor.

El cambio de milenio cogió a Don Aljure pisando duro en Sudáfrica, desde donde empezó a distribuir sus dulces a países tan desconocidos para los colombianos como Madagascar, Zambia, Zimbabue, Congo, Nigeria, Namibia, Angola, entre otros. Escogió a Johannesburgo para montar la primera fábrica fuera de Colombia y en el 2012, Aldor inauguró su primera planta de producción allí, con 400 empleados. La entrada al Asia, la hizo por China, a donde llegó a principios del 2001.

Todo esto marchaba sobre ruedas hasta que las diferencias empezaron a profundizarse y todo estalló en el 2017, cuando Andrea y Francisco, en alianza, no solo levantaron la voz, sino que contrataron abogados. Y nada menos que a un peso pesado: Jaime Granados. La pelea era en serio y con ribetes penales, por indicios de ilegalidad a la hora de constituir una sociedad Gesta SAS, paritaria entre los hermanos, que sustituiría la sociedad original Aldor y Plasticos Especiales, en la que tenían participación los padres Aljure Dorronsoro.

A finales de enero del 2019, Andrea y Francisco no solo instauraron una denuncia contra sus hermanos Leonardo y Rafael en donde los acusan de los delitos de fraude procesal y falsedad en documento público por presuntas inconsistencias en la firma de actas de accionistas, sino que la hicieron pública en el periódico El País de Cali. Según esta, en un acta firmada por la Asamblea de Socios el pasado mes de febrero del 2016 aparecía el nombre del padre de los cuatro, Raif Aljure, como uno de los asistentes, cuando él había muerto cinco meses atrás. Pero además según los denunciantes, habría otras actas firmadas con sus nombres en fechas que ellos mismos han comprobado que se encontraban fuera de Colombia.

La desconfianza frente a los dos hermanos Leonardo y Rafael que están al frente de la empresa ha ido creciendo y Andrea y Francisco les piden que renuncien a sus cargos, cuya remuneración y prebendas también es objeto de revisión con lupa para que el manejo lo tome un externo que le de cuentas a los socios.  Leonardo y Rafael no se quedaron quietos y también contraatacaron, a través de su equipo de abogados: denunciaron a Andrea y Francisco por supuestas prácticas ilegales relacionados con un presunto cartel de sucesiones del reparto judicial del proceso que se llevaba a cabo.

La pelea que está lejos de solucionarse, ha tomado tintes oscuros, al punto que uno de los hermanos, Rafael quien está al frente de la producción de Aldor como gerente industrial que le reporta a su hermano mayor Leonardo, el CEO, denunció en una entrevista divulgada en Noticias Uno en febrero del 2019, Rafael, temer por su vida después de que 4 encapuchados entraran a su casa, hecho que relacionó directamente con el pleito judicial que tiene con sus dos hermanos Andrea y Francisco.

El conflicto familiar también ha afectado a Elsa Dorronsoro de Aljure, la madre, quien en el pasado hacía de fiel de la balanza, pero no logró contener los pleitos entre los hijos. Con su esposo en vida pudo dedicarse a actividades incluso políticas, convirtiéndose en la gran anfitriona en Cali del candidato Álvaro Uribe en su campaña del 2002, cuando no marcaba en las encuestas y en el Valle del Cauca era un total desconocido, un rol que ocupó nuevamente en la reelección del Presidente Uribe en el 2006, por quien se la jugó a fondo. La triste realidad familiar ha marchitado su entusiasmo y poco a poco se ha marginado de la causa del Uribismo en Cali.

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