El ELN, la herencia territorial tras las FARC y el fracaso del diálogo derivaron en mayor confrontación armada y una crisis humanitaria persistente

 - El ELN, una guerrilla sin rumbo que terminó destruyéndose a sí misma

La guerrilla del ELN se ha caracterizado, desde su surgimiento, por impulsar lo que denominan una “lucha popular prolongada”. Según su visión, buscan transformar el Estado colombiano mediante la combinación de todas las formas de lucha, en la que la vía armada ocupa un lugar central. A diferencia de las antiguas FARC, que se estructuraron en grandes columnas, compañías y bloques, el ELN rara vez mostró concentración militar en sus ofensivas contra las fuerzas legítimas del orden. Esa diferencia organizativa fue, en gran medida, lo que marcó el desenlace de las FARC.

De acuerdo con varios analistas, el ELN ha sido una guerrilla con la que resulta difícil avanzar en negociaciones. A pesar de los múltiples intentos de acercamiento realizados por distintos gobiernos en diferentes países, muchos sostienen que el fracaso obedece a su estructura federada. Es decir, lo que plantea el ELN en Norte de Santander puede diferir de lo que propone en Arauca. Un ejemplo claro fue lo ocurrido en Nariño, donde la estructura de los Comuneros del Sur desafió abiertamente al Comando Central (COCE) y decidió sumarse al proyecto de “paz total” impulsado por el gobierno de Gustavo Petro.

La dinámica del conflicto en Colombia ha cambiado. Tras el desarme de las FARC en 2016, el ELN heredó territorios y fuentes económicas de la antigua guerrilla. Esto generó confrontaciones inéditas, como en el Catatumbo, donde el choque con el reducto del EPL —los llamados “Pelusos”— se originó por la disputa de las áreas campamentarias y las rentas ilícitas dejadas por las FARC. El enfrentamiento de 2018 terminó con la derrota y casi exterminio de los Pelusos, consolidando la superioridad militar del ELN en la región.

Ese mismo año surgieron facciones disidentes de las FARC, rearmadas como el frente 33. Al principio buscaron acercamientos con el ELN, pero pronto crecieron gracias a las rentas ilícitas en la frontera. Su poder militar preocupó al ELN, que finalmente decidió atacarlos el 16 de enero de 2025. Ese hecho desató una crisis humanitaria sin precedentes en Colombia, un conflicto que aún persiste y parece lejos de resolverse.

Los intentos de diálogo entre el gobierno de Gustavo Petro y el ELN fracasaron, lo que llevó a la ruptura con la organización ilegal. Desde entonces, el grupo ha intensificado sus ataques contra la fuerza pública, afectando directamente a la población civil. Paros armados, confinamientos de comunidades enteras y atentados con explosivos contra instalaciones militares y policiales han cobrado vidas y generado graves impactos sociales. Todo indica que el ELN ha reemplazado la negociación por la confrontación militar, un camino que podría conducir a su aniquilación si el Estado decide atacarlos con toda su capacidad. Su existencia, entonces, estaría marcada por una cuenta regresiva inevitable.

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