La América hispana comparte lengua y cultura, pero sigue fragmentada, se hace necesaria la integración regional como eje del debate político de largo plazo

 - ¿En qué momento dejamos de creer que una América unida era posible?

Escribo estas líneas sin la arrogancia de quien cree tener una solución definitiva a nada, sino con la sincera preocupación de un ciudadano que siente que el tiempo se nos escapa. Me sumo hoy a una "corriente de pensamiento" que, por lo menos en mi caja de resonancia de redes, está volviendo a cobrar fuerza. Quiero empezar reconociendo y dando crédito a esos intelectuales, autores y divulgadores hispanistas que, en los últimos años, se han atrevido a publicar, a hablar y a recibir los golpes de la crítica por recordarnos quiénes somos. Gracias a su valentía, muchos hemos abierto los ojos a una realidad que estaba frente a nosotros, pero que no sabíamos nombrar.

La paradoja de nuestra desunión

Hace unos días, viendo el despliegue de unidad del Super Bowl, me quedé pensando en lo que podríamos lograr si camináramos bajo un mismo propósito. No pude evitar sentir una sana envidia.

A veces trato de imaginar cómo nos ve un observador en Pekín o en Moscú. Para un chino, que habita un territorio inmenso con una sola unidad política a pesar de sus miles de dialectos, debe ser casi cómico vernos a nosotros. Compartimos una lengua que nos permite entendernos desde el Río Grande hasta la Tierra del Fuego; compartimos una fe, una ética y una misma forma de ver la vida, y sin embargo, vivimos en veinte "republiquetas" separadas.

Para el mundo, somos un absurdo geográfico y cultural. Si federaciones tan diversas como los Estados Unidos o la Unión Europea ponen la unidad por delante para ser protagonistas de la historia, ¿por qué nosotros seguimos refugiados en nuestros nacionalismos de campanario?

Con toda humildad, creo que debemos aprender de los errores que los actuales pensadores hispanistas han señalado con tanta lucidez. No podemos permitir que la Hispanidad se convierta en otra herramienta para dividirnos:

  • No es la "Madre Patria": Debemos dejar atrás la nostalgia por una España que hoy busca su propio camino en Europa. El liderazgo de la Hispanidad hoy está aquí, en el vigor de América, en el Caribe, en México, en los Andes, en el Cono Sur. Nuestra unión no es una vuelta al pasado colonial, sino un paso hacia un futuro continental.

    No es la "Patria Grande de Bolivar" ideologizada: La integración no puede ser un eslogan de izquierda para imponer sistemas económicos específicos. Eso solo genera más rechazo y fragmentación.

La Hispanidad es el cimiento, no el techo. Es el suelo común sobre el que, una vez unidos, podremos sentarnos a discutir de política, de economía y de ideologías. Pero sin esa unión previa, cualquier discusión es estéril porque no tenemos poder real para ejecutar nada, ni influenciar nada en el mundo.

Un Compromiso para el 2026

Por eso, mi voto en estas elecciones no es para un color político. Mi voto es para aquel candidato que, se atreva a decir: "Nuestra prioridad es la unificación federada de nuestra región". Entiendo que es utópico y a largo plazo, pero con que lo diga le voto. 

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Busco a alguien que entienda que la política coyuntural es pasajera, pero que nuestra civilización hispana es permanente. El candidato que haga de la integración continental su bandera, sin importar de qué orilla venga, tendrá mi confianza.

Un llamado a la réplica

Si estás en cualquier país de nuestra América Hispana, te pido que tomes este texto, y lo compartas con tus políticos locales. No es necesario que me des crédito a mí; el crédito es de la historia que compartimos pero sobre todo del futuro que compartimos. Cambia el nombre de tu país y funciona. ¿no es absurdo?

¿Hasta cuándo seguiremos siendo extraños viviendo en la misma casa?

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