Cien años de soledad
Cuando el vendaval desentejó el pueblo, Aureliano supo que no repetiría la historia vivida, pues Macondo no había sido más que el espejismo de la miseria y el olvido
Cuando el vendaval desentejó el pueblo, Aureliano supo que no repetiría la historia vivida, pues Macondo no había sido más que el espejismo de la miseria y el olvido
Desde aquel remoto abril que alumbró “Cien años de soledad”, Macondo empezó a caminar erguido; a escribir y a leer en otra y múltiples lenguas
"Es una burda y exagerada contradicción más del realismo mágico que parece estamos condenados a vivir en Macondo"
Era “una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas”